*Armazón de cables
La lesbiana, el oso y el ponqué tiene una estructura narrativa algo incómoda sí me lo preguntan (o que por lo menos para mí no resultó demasiado grata de experimentar), a pesar de que no se diferencia de muchas otras novelas.
El libro está dividido en 3 partes y posee 2 prólogos (sí, por desgracia). El desglose de eventos no está perimetrado por capítulo, sino por macrobloques de textos temáticos que saltan de situación en situación. Teniendo en cuenta el componente de ciencia ficción de la historia, esto dificulta por momentos entender hacía donde se dirige la autora o el personaje.
A veces saltamos de los divagues de Lucas, luego a sus tumultuosos recuerdos, luego a una situación en tiempo presente con Clara, luego a las excentricidades repipi de los habitantes de La calle (¡que ve tú a saber si en verdad no son más que pensamientos revoltosos y saboteadores de la mente de la protagonista!)… en serio que te puedes perder por momentos entre los párrafos, por no mencionar que, no importa dónde te detengas, sientes que dejas la lectura a medio camino de algo.
El doble prólogo se me hace excesivo. Vale, el primero opera como preámbulo, como un manual de instrucciones escueto sobre el mundo de simulaciones (Simulador De Vida Orgánica - SDVO) que trae la imperfección a un mundo perfecto. Pero el segundo lo veo como un adelanto innecesario y confuso de los sucesos. Toda la información dada en esta sección busca generar interés y enganche hacia la protagonista (anticipando el conflicto en el proceso); pero esa ola de información inunda innecesariamente al leyente antes de tiempo, datos que bien podían ser compartidos después por Lucas.
*Perfil de personaje
Alba Lucía (también Lucas), es un personaje que hallo increíblemente interesante y entrañable gracias a su imperfección humana: a sus propensiones veleidosas y contestatarias… ¡arrebatadas en general! A través de su sexualidad (su descubrimiento, sus circunnavegaciones y el uso de ella) contempla, experimenta y forja/folla el mundo. Este aspecto nos remite a la idea de que el ser humano es un ser sexual (libidinoso) por defecto; sus cuestionamientos constantes sobre sus inclinaciones carnales no son solo divertidas (porque son vistas desde el cinismo y el humor), sino bastante interesantes. El conflicto central del texto se desata justamente porque Lucas “se vuelve marica, después de haberse identificado como lesbiana gran parte de su vida”. ¿Qué pasa entonces –nos plantea el relato- cuando un individuo no cumple con la “taxonomía social del sexo”?, ¿cuándo no es ni hetero, ni homo, ni bi?, ¿cómo reconocerse?, ¿cómo nombrarse o taxonomisarse?
Lucas se desnuda desde el inicio ante el lector, y se siente humana por esa falibilidad que siempre le ha acompañado. A continuación un comentario cliché: ¡cómo quisiera entablar una amistad con este ser! ¡Es tan… real!
El libro termina por llevarnos hacia múltiples reflexiones sobre las relaciones humanas: nuestro comportamiento ante el amor, el deseo y la tentación de hacer algo moralmente cuestionable (¿en verdad podemos cambiar nuestras conductas, evitar recaer en el error?), las situaciones de infidelidad; e incluso, las actitudes a la hora de enfrentar nuestros propios demonios.
¿El libro entrega respuestas al final de toda esta situación? No realmente, pero sí deja avizorar un panorama muy alentador.
*Una ciencia ficción antropológica
Y llega la parte de la ciencia ficción. Creo que hay múltiples maneras de interpretar este aspecto.
1. Todos los habitantes de La Calle, siempre pulcros, siempre petulantes, snobs, engolados y listos para posar como si de un anuncio publicitario se tratase, podrían funcionar como una metáfora de la propia Lucas para ejemplificar su lado más plástico y superficial; además de su aspecto más ansioso, sobre analítico, delirante y autodestructivo. A partir de ellos revive viejos traumas y experiencias, a partir de ellos se mortifica por las decisiones y goza metiendo los dedos en heridas viejas aparentemente ya sanas. Que no se me olvide la figura del Control Master, bastante siniestra debido a que se condiciona como una deidad, algo que está hasta por encima de los habitantes perfectos de La Calle y que nos susurra constantemente al oído sobre lo que debemos hacer, seguir adelante… ¿pero a costa de qué o de quién?
2. Algo netamente real que nos habla de la vida como simulación. Ya sea porque somos nosotros quienes suplimos los caprichos ociosos de una sociedad virtual que se nos salió de las manos, o porque somos el invento de una serie de entes superiores que condicionan nuestra vida y en cierto sentido, nos redireccionan al sufrimiento, insatisfacción, frustración y la infelicidad de nuestra existencia. Claro, esto también nos lleva a plantearnos cómo sería nuestra vida dividida en temporadas, en fases o ciclos, y qué tanta audiencia atendería (o cómo reaccionaría) ante nuestros periplos cotidianos (sí, muy a lo Truman show solo que mucho más retorcido, encuadrado hacia una serie de eventos a cada cual más desafortunado).
*Reflexiones a distancia
Cuando me vendieron la novela como “Ciencia ficción colombiana”, he de decir que me esperaba algo completamente diferente. Los comentarios de colegas que pudieron leerlo antes que yo, me hicieron pensar en ambientes cyberpunk bogotanos y netamente futuristas.
¡Pero NO! Craso error. Claro, Andrea Salgado aprovecha la coyuntura del momento, en la que el furor por maratonear series está al rojo vivo, ofreciéndonos una visión sobre el consumo de vidas ajenas para escapar de la nuestra (ya sea por ser demasiado virtuosa o defectuosa); sin embargo, lo principal termina por ser una crisis de identidad, algo humano explorado desde el núcleo y lo más íntimo como lo son nuestras relaciones emocionales y corporales con otras personas. Lo anterior, temas ligados al presente y que no tienen fecha de caducidad.
Una novela introspectiva y alocada, delirante e insolente ante los golpes que la vida bien nos puede propinar.