El misterio es bello. Morir y desaparecer no me parece horrible sino perfecto. La posibilidad de ser eterno, en cambio, me horroriza. Mira: si mi mejor amigo, muerto hace mucho, se me apareciese, tocase mi oreja con sus dedos y la inflamase instantáneamente, yo no creería que venía del infierno, yo no creería por eso ni en Dios, ni en la Inmaculada Concepción, ni en que la virgen me puede ayudar en los exámenes. Pensaría sólo: Luis, aquí tienes otro misterio que tampoco comprendes.