La sequía, de Elena G. Moncayo abre una metáfora de un mundo gris y turbio en el que la autora se sitúa para desenvolver tramas y encrucijadas cuya búsqueda conduce hacia un consuelo aparentemente inalcanzable. El recorrido de cada uno de los relatos que conforman el libro es un viaje donde los personajes experimentan cambios internos, debido al peso energético de las situaciones. El uso de símbolos y el tratamiento arquitectónico del libro funde la poesía y el relato, gracias al ritmo contenido dentro de la prosa: “Tantas suelas pisando entre las ruinas, caminando el desgaste de sus dueños, lijando el dolor de callos surgidos por alejarse del tedio”. Una pieza que, como un proceso catártico, provoca un quiebre entre la nostalgia de lo que fue y el anhelo de lo que puede llegar a ser.
Un excelente debut literario en ese género que cada vez menos editoriales se arriesgan a publicar. La autora tamiza el lenguaje de sus creaciones entregando una prosa sugerente antes que contenida, pensada para un público leal a la lectura de relatos y para sí misma. Nadie que aprecie la belleza de las palabras y el arte de leer en silencio una buena historia quedará indiferente ante la voz personalísima que parece insertarnos 'La sequía' en un recoveco de la psique. De este libro recomiendo ante todo 'Edificio veintinueve', 'El espejo' y el relato al que debe su título este tomo. En cada página de 'La sequía' habitan tierras baldías y erosiones propias de todos nosotros, tornadas acaso menos dolorosas en las palabras de Elena G. Moncayo: casi una caricia.
Un debut interesante de #ElenaGMoncayo. Violencia, soledad y terror como temáticas destacadas y una tonalidad unificadora como vaso comunicante. Vano, La sombra del río, Fuga y La sequía los que más disfruté.