Oklahoma, Estados Unidos, años 80 o 90. Durante las últimas horas antes de su ejecución, Marjorie Standiford, convicta de invasión de domicilio, robo, tortura y asesinato de una docena de personas, dicta sus memorias a una grabadora de casetes. Ella, por supuesto, jura que solo fue cómplice de su marido (Lamont) y de la amante que ambos tenían en común (Natalie), pero que ella, matar, lo que se dice matar, no mató a nadie.
Se trata de una historia a lo Bonnie y Clyde, en que el matrimonio y la amante, huyendo de una operación de droga fallida, van dejando un reguero de asesinatos brutales a lo largo de Oklahoma. Lamont muere de múltiples heridas y balazos antes de la detención, Natalie - a la que Marjorie también intenta liquidar - sale de la cárcel en condicional tras cumplir seis años, y Marjorie, a la que han juzgado autora efectiva de los asesinatos, espera la muerte por inyección letal.
A lo largo de su tiempo en la cárcel, Natalie ha escrito y publicado la historia de su relación con Marjorie y Lamont y sus crímenes, y Marjorie dice que no es más que una pila de mentiras, por lo que decide contar su propia versión de la historia... a Stephen King, para que escriba un libro y haga si puede ser una película, y le dé parte de sus beneficios a su hijo, un niño que vive con la madre de Marjorie desde la detención de esta. En efecto, el destinatario de la historia de Marjorie, que narra ella en primera persona y va grabando en cintas de casete, es Stephen King, y Marjorie, que es una gran fan suya, no pierde ocasión de comparar su vida con personajes de la obra de King, o de decirle que cambie las cosas que le parezcan aburridas por otras más emocionantes.
Por lo demás, es la confesión de una criminal con no muchas cosas que contar; tuvo una infancia bastante normal (con algunos acontecimientos aislados que pudieron, o no, ser relevantes en el futuro) y una adolescencia anodina como camarera en bares de carretera, donde se hizo adicta primero a la cafeína de la Pepsi, después a los coches veloces, y por último a las metanfetaminas. Tuvo varios ligues hasta conocer a Lamont, que primero fue su camello y luego su marido, y ya le pareció que consumir y vender droga, incluso después de tener un bebé, incluso después de una temporada en la cárcel (donde conoció a Natalie) era un estilo de vida tan aceptable como otro cualquiera.
Como he comentado antes, el salto de la venta de droga al asesinato se da después de que Lamont se empeñe con la mafia para comprar una gran cantidad de heroína que alguien le roba antes de que empiece a venderla; sin mercancía, sin dinero, y con un dedo del pie cortado sin anestesia, Lamont y las dos mujeres entran en pánico, se ponen hasta arriba con las dosis que llevaban encima, y se lanzan a la carretera.
La novela es entretenida y tiene algo de humor negro, sobre todo en el cinismo de Marjorie, una pécora mentirosa y manipulativa que durante su encarcelamiento ha encontrado a Jesús y se declara en contra de la pena de muerte (hombre, no) y que acusa a su cómplice y amante, Natalie, de no haber dicho una palabra de verdad en todo su libro, aunque los lectores no llegamos a saber nada de su versión. A lo largo de su relato va intercalando lo que ha leído sobre diferentes métodos de ejecución en Estados Unidos y en la historia, y comentando cuál le gusta más o menos. El que va a recibir ella no le gusta especialmente, pero tampoco le parece de los peores.
Tiene un momento curioso en que Marjorie explica cómo al principio de su encarcelamiento, cuando sus crímenes estaban en primera plana en todas partes, recibió docenas de mensajes de asociaciones feministas pidiéndole que contara cómo su marido era un maltratador que la inició en la droga y la obligó a cometer todas esas atrocidades, y que ella les contestó que nada de eso, que en la droga se inició ella sola, que su marido solo le pegó un par de veces en todos sus años de matrimonio, y que los crímenes los cometió sin que nadie la obligara, cosa que aparentemente decepcionó a las feministas, que no volvieron a interesarse por su caso.
Es una lectura bastante ágil y entretenida, para un par de tardes, aunque no soy fan de los thrillers y este tampoco me ha parecido un novelón. Como curiosidad, he leído que el autor es amigo personal de Stephen King, y quiso titular el libro "Querido Stephen King" o "A mi querido Stephen King", pero a este no le gustó que su nombre apareciera en el título, y él o sus agentes le hicieron cambiarlo.