«Y tú, ¿volverías a tener dieciséis años?» Ali, Dylan, Naima y Rober son cuatro jóvenes que se conocieron en el peor momento de su vida: justo después de querer quitársela. Todos ellos intentaron suicidarse cuando rondaban los dieciséis y ahora, a sus veintipocos, el hospital donde estuvieron internados les propone colaborar en un taller con adolescentes en su misma situación. Acuden con ganas de ser útiles y, a la vez, con miedo de que las grietas se abran y se liberen de nuevo los fantasmas. Monstruos cotidianos de los que apenas se habla. Vidas invisibles –las suyas y las nuestras– que no protagonizan titulares ni ocupan espacio en los medios. Realidades que no existen porque no se nombran y que, sin embargo, todos compartimos. Y es que, aunque nos empeñemos en negarlo, aquellos #malditos16 siguen viviendo bajo el adulto que fingimos ser.
¿Cuánto de mi yo de dieciséis años todavía vive en mí? ¿Cuánta rebeldía queda en mi esencia para rebelarme contra todo y contra todos? ¿Cuántas heridas aún quedan abiertas?
Esta obra habla de las grandes cicatrices que se abren paso y nos gritan en la adolescencia mientras intentamos desesperadamente dar forma a ese extraño concepto de identidad. Aborda con crudeza y realismo ese gran tabú social que es el suicidio juvenil, sin dejar de ser tremendamente crítico con el actual sistema de salud mental.
Pese a que, personalmente, Fernando J. López se ha convertido en uno de mis grandes descubrimientos de este año (por compromiso social, valentía y activismo literario) aconsejo cautela en la lectura de esta obra, pues habla de una realidad tan incómoda como dolorosa.
Tal y como nos tiene acostumbrados este autor, estamos ante un cóctel de problemáticas sociales tan complejo como la vida misma y un conjunto de personajes que, dentro de su lucha contra sus propios demonios, tienen el poder/posibilidad de mover/transformar los unos a los otros.
Ojalá que los adolescentes con cicatrices conserven el espíritu de quienes son para ayudar a otros a sobrevivir al infierno. Ojalá que quienes trabajan con personas busquen las lagunas del sistema para conseguir reformarlo/derribarlo o, simplemente, actuar al margen cuando la ética y la justicia lo requieran. Ojalá más letras/obras/personas valientes y críticas.
Típico pavo que crea una historia con transformado acerca del peligro de las RRSS para conseguir vender algún ejemplar. Aún así no está ni tan mal teniendo en cuenta que lo escribe sin interés.
Sinceramente no me pareció que reflejará lo que de verdad se puede llegar a vivir en un centro psiquiátrico, la mitad del tiempo parece que en realidad están en un campamento de verano, no quiero especificar para no hacer spoilers, pero el hecho de que puedan estar juntos solos, pasearse de un lugar a otro sin problemas, entrar y salir de habitaciones cuando quieran y (en una ocasión) tener una guitarra?? Eso en un hospital psiquiátrico de hoy en día es completamente imposible, en uno de los años 60 por ejemplo, con falta de personal y de recursos podría llegar a ser "realista" pero a día de hoy es completamente imposible.
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Esta obra de teatro me parece muy buena y, sobre todo, muy valiente. No es fácil hablar del suicidio adolescente, pero hacemos mucho más daño evitando hablar de él. Hablar es siempre importante, como lo es para los protagonistas de esta obra, que tienen en común un intento de suicidio y la terapia que compartieron. Muy recomendable.
Teatro. Un libro valiente donde confluye el dolor de los “pacientes” adolescentes entonces y ahora dolientes adultos, con el deseo de los profesionales que luchan por ellos y contra un sistema político actual, apático y capitalista. Me gustaría verlo. La lectura precisa de estar atento a los cambios de tiempo y personajes.
Hay que ser muy valiente para tratar el tema del suicidio adolescente como asunto central de un libro. Nos presenta a personajes complejos que va desgranando en el devenir de las páginas, de forma fluida y con saltos temporales que no complican en exceso la lectura. Ya me hubiese gustado a mi acudir a las butacas cuando se exhibió en el CDN. Sé que Rocío Vidal y David Tortosa tuvieron que estar escandalosamente bien. Seguro que el resto del elenco fue fantástico también. Fernando suele conseguir que leer teatro sea un placer.