La novela “El revés de las lagrimas” de la autora Cristina Loza, es una de esas obras que no se conforman con el simple hecho de narrarnos una historia ficticia con el propósito de entretener al lector, de causar en el mismo una montaña rusa de emociones, y de cautivarnos con su mundo o sus personajes, sino que va más allá, lo que hace Loza con este relato es introducirnos de manera cruda en un momento de la historia argentina, que es posible analizarlo desde dos perspectivas, el de la historia que nos cuenta la vida de Damiana, una muchacha inocente con grandes sueños y proyectos junto a su marido Conrado, y como esta pasa de un momento a otro a ser una persona profundamente desdichada debido al asalto y posterior asesinato de su familia, del que gracias a su fuerza, coraje y capacidad para superar las distintas adversidades que se le presentan, consigue rehacer su vida esta vez con un indígena llamado “Tigre Guapo”, en quien encuentra un sostén y motivación por medio del amor.
No obstante esta mirada es a mi criterio un tanto superficial, porque toma prestados ciertos elementos del género de romance cargado de sufrimiento en donde el “amor prevalece” ya que la autora de forma sutil nos presenta en su obra una disyuntiva con un fuerte sentido histórico, el de la “civilización o barbarie”, esta discusión se da en nuestro país en el siglo XIX, cuyos cimientos aún no estaban del todo asentados, la élite conservadora cuyo modelo a seguir fue el la Europa aristocrática buscaba exterminar o reducir a los pueblos indígenas que ocupaban el sur, ya que pensadores políticos como Domingo F. Sarmiento, o Julio Argentino Roca, consideraban que estos grupos imposibilitaban el “correcto” desarrollo del país por tener costumbres diferentes y no tener educación.
En la novela se pone de manifiesto esta crisis social cuando la familia de Damiana es asesinada en una emboscada sangrienta a manos de un indígena llamado “Trunco” absorbido por el odio, resentimiento y el prejuicio racial hacia “el blanco” por ciertos acontecimientos del pasado en donde resultó herido, secuestra a Damiana que es llevada a la comunidad de este, en donde es victima de violencia racial y discriminación por parte de las otras mujeres por ser diferente, lo que nos hace preguntarnos instantáneamente que haríamos o como pensaríamos nosotros si fuésemos participes de esta discusión en el pasado, ya que la situación descrita lo único que hace es profundizar el estigma acerca de la figura del indígena y nos hace dudar sobre si realmente estas personas son seres que pueden adaptarse e integrarse a ese “modelo civilizado” que se buscaba reproducir en aquel entonces o si por el contrario son incapaces de sentir empatía a causa de su “falta de educación”, no obstante Damiana logra escapar y se encuentra en su travesía con otro indígena que la ayuda y la integra en su comunidad, donde es bien recibida y valorada por los demás miembros de la tribu, esto se nos presenta como la otra cara de la moneda y nos pone de manifiesto que las personas cuya cultura es distinta no son en sí violentas, sino que como seres humanos nos vemos atravesados por distintos hechos que moldean nuestro carácter y se ve reflejado en nuestras acciones de modo que no es bueno nunca caer en una generalización apresurada, el trabajo de la autora en este aspecto es excepcional ya que sin decirnos nada de forma explicita nos pone en una situación incomoda, en un rol donde nos interpela a nosotros como lectores a que realicemos este ejercicio de juez y establezcamos uno o más criterios valorativos sobre lo que sucede en la historia, al tocar tantos temas con una misma historia, ya sean los rasgos psicológicos de los personajes de la novela que nos hacen preguntarnos porque el ser humano es capaz de cometer verdaderas atrocidades y al mismo tiempo dar muestras de amor incondicional, al mas puro estilo de Dostoievski o la capacidad de Damiana de resurgir entre las cenizas, siendo este un ejemplo de resiliencia no menor, o como ya mencione lineas mas arriba todo el contexto histórico en el que se desarrolla la novela, nos hace preguntarnos acerca de si la Campaña del Desierto fue realmente una cruzada con fines ideológicos de modo que fue el precio a pagar por la tan ansiada “civilización” o una mera pantalla para el desarrollo del modelo agro-exportador que décadas mas tarde nos convertiría en una de las naciones mas ricas del mundo, lo que si parece claro es que en aquel entonces el fin justificaba los medios.
Para dar un cierre a esta reflexión me gustaría hablar de la violencia ese elemento detestado por la humanidad, ese rezago animal que perdura hasta nuestros días, y es que la violencia parece ser eso que el ser humano busca ocultar como sea y sin embargo está presente en la vida cotidiana desde hace siglos, aún con el desarrollo de las instituciones, los mas altos planes educativos y una moral tan desarrollada, las sociedades no han conseguido erradicarla, quizá y solo quizá sea porque es tan humana como el amor o la compasión, cabe preguntarse si de verdad el hecho de estigmatizar al indígena como violento e insensato tal como sucedía en el pasado, no es mas que otro intento fallido de ocultar a la violencia, de no hacerse cargo de aquello que nos acompaña desde hace incontables generaciones y que parece ser inherente al humano independientemente del color de piel que este tenga o las costumbres que practique, dividir y fragmentar realmente no soluciona nada pero tampoco sirve juzgar a la historia “con el diario del lunes” ,hoy nos conformamos con entender que no se trata de un juego entre negros y blancos, que no existen indígenas malos, ni blancos malos ,sino simplemente personas violentas.