A lo largo de sus libros de poemas, Ida Vitale recobra la luz de los objetos amados y logra subjetivarlo. Sus poemas activan una velocidad cristalina, tocada por la transparencia. Una suerte de ráfaga o corriente de vientos dispone la travesía del mundo por su palabra. Y el mundo vibra en esa mano capaz de atraer un animal. Allí el corazón del universo late su mayor esplendor. Son árboles y flores y tierras. Son aires y aves. Son paisajes pasajeros que han decidido posarse en la página, como el pájaro, como el amor. Allí establece su casa la fugacidad. Y es triste la visión de Ida Vitale, es triste porque no tiene vuelta, no hay regreso, se ha pagado con la vida. Es triste pero es esperanzadora, porque lleva consigo la participación, el vínculo que la palabra asegura como un cuadro. Poeta mayor, Ida Vitale hace circular la memoria no desde la evocación que idealiza, sino para congregar los pasos que le anteceden con su peso específico y en pleno carácter, ya que nos aunque solohaya pasado por aquí, la vida sigue viva. Selección y prólogo de Minerva Margarita Villareal
Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923) es una poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria uruguaya. Entre los premios que ha recibido destacan en 2015 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2016 el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y en 2018 el Premio Cervantes.
Considerada integrante de la Generación del 45 con otros escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi o Idea Vilariño, es también madre del economista Claudio Rama Vitale, y cuarta generación de emigrantes italianos en Uruguay, donde se formó en una familia culta y cosmopolita. Lectora preferente de obras históricas, su descubrimiento de dos poetas uruguayas de entresiglos, Delmira Agustini y, en especial, un espíritu afín, María Eugenia Vaz Ferreira, la inclinó a la poesía lírica, aunque sus dos grandes referentes fueron José Bergamín, su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció en persona.
Estudió Humanidades en Uruguay y ejerció la profesión docente. En 1950 se casó con el ensayista Ángel Rama y tuvo dos hijos, Amparo y el economista Claudio, nacidos en 1951 y 1954 respectivamente. Se separó de su primer marido y colaboró en el semanario Marcha; entre 1962 y 1964 dirigió la página literaria del diario uruguayo Época. Fue codirectora de la revista Clinamen e integró la dirección de la revista Maldoror.
Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, este la introdujo en el comité asesor de la revista Vuelta. Además participó en la fundación del periódico Uno Más Uno y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en El Colegio de México. Amplió su obra cultivando el ensayo y la crítica literaria (que ejerció en El País, Marcha, Época, Jaque y, entre otras, en las revistas Clinamen, Asir, Maldoror, Crisis de Buenos Aires, Eco de Bogotá; Vuelta y Unomásuno, de México; El pez y la serpiente de Nicaragua...) Tradujo libros para el Fondo de Cultura Económica; impartió conferencias y lecturas, participó en jurados y colaboró en numerosos diarios.
Volvió a Uruguay en 1984, y dirigió la página cultural del semanario Jaque. Desde 1989 vive en Austin (Texas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro, aunque viaja muy frecuentemente a Montevideo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Lee y traduce particularmente del francés y del italiano, y entre los autores de sus versiones se cuenta a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.
Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso.
Desde 1990 al presente es residente estadounidense.
Ida Vitale es una autora de la que siempre quise leer más desde que me presentaron su obra en un taller de poesía. Los poemas recolectado aquí varían desde miradas muy profundas a los temas más vitales de la humanidad (la vida, el tiempo y la muerte), hasta contemplaciones de los momentos más fugaces y cotidianos de los días que tan rápido nos pasan.
Admito que muchos de ellos me costaron mucho trabajo, o bien, no hicieron clic conmigo en este momento. Sin embargo, hubo varios con los que me quedo, que me hablaron de manera más personal. Sin duda alguna, vale la pena regresar a releer varios.