Veinte aproximaciones al género de cachava y boina. Veinte relatos que mezclan la España profunda con el fantástico, con la ciencia ficción y con el terror. Una antología donde muchas de las grandes voces del panorama literario actual entonan una salmodia insólita, llena de claroscuros. Lo rural y lo extraño se dan la mano, la mitología patria sale a bailar bajo la luz de la luna.
No tengo palabras para describir esta antología. Llegué casi sin saber nada del género ni de la editorial, aposté y mi intuición me llevó a descubrir una obra absolutamente maravillosa. Hacer un comentario sobre cada uno de los veinte relatos se me haría interminable. Sin embargo, diré que no sobra absolutamente ninguno. Se nota que todos han sido escritos y escogidos con cariño y dedicación. Esa huella intangible al otro lado de la página le da un valor a este libro que no he encontrado en ningún otro: una obra colectiva de autores casi desconocidos (al menos, para mí) que abrazan temáticas y estilos tan dispares como cuidados y que logran transmitir cosas que otros autores más lejanos en tiempo y espacio no consiguen. En el transcurso de la lectura he reído a carcajadas, me he emocionado, he llorado a lágrima viva, me he encogido de miedo y he contemplado estupefacta cómo se desplegaban ante mí auténticas maravillas.
Por lo que me toca más personalmente, tengo que destacar la cantidad de personajes no heteronormativos que se mueven en sus historias con una naturalidad poco frecuente incluso a día de hoy, especialmente aquellas personajes bisexuales y lesbianas. A todas estas autoras y autores les deseo que tengan todo el éxito que merecen y que sigan escribiendo todas esas historias que estoy deseando leer.
Estoy segura de que será una obra que revisite frecuentemente, porque me ha dejado con la sensación de haber hecho un puñado de buenos amigos, de esos que ves poco a menudo pero con los cuales siempre te sientes cómoda como si no hubiera pasado el tiempo. He leído cada relato con pasión, y eso es lo mejor que puedo decir sobre cualquier libro.
Voy a esforzarme en escribir una reseña mínimamente currada, que el libro se lo merece. No son molinos es la caña de España, literalmente. Una antología curradísima (se nota el trabajo detrás tanto por parte de la Editorial como de los/as autores/as) que te despierta toda clase de sentimientos desde la fascinación hasta el asco, a veces las dos cosas. Empieza fuerte con un poema precioso y seguimos con un prólogo para enmarcar. Un auténtico trabajo de investigación sobre el género fantástico patrio y la cachava y boina que me descubrió un montón de cosas que no sabía. Salí del prólogo siendo un poquito más sabio y con una cantidad de lecturas pendientes de aquí a Cuenca. Tras el prólogo, empecé a picar entre los relatos de la gente que conocía y quería (volver) a leer. Virginia Buedo y su Garduña, Nieves Mories y su Lemmings, Alicia Pérez Gil y su Ovillo, Cristina Jurado y sus Temblores, Yolanda Camacho y su Anastario, Enerio Dima y su encantá... Todos me dejaron con la sensación de que estaba leyendo algo realmente especial, de que tenía entre mis manos una antología única. Después del prólogo empecé a leer en orden. Y guay. Vaya. Cada relato que leía me decía a mí mismo, sin ápice de dudas: "ESTE, este sí. Este es mi relato favorito". Luego leía el siguiente y me volvía a decir lo mismo. Me cuesta elegir un relato favorito porque creo que todos son sobresalientes. Joyitas. De verdad. Desde el poema hasta La Encantá. No son molinos es una auténtica maravilla de la literatura patria.
Terminada la antología. Como siempre que leo una, no sé qué puntuación darle, porque ha habido todo tipo de relatos. Algunos me han encantado, otros no me han gustado nada y un amplio abanico en medio de todo esto. Es un libro que guarda un conjunto de relatos muy disfrutables y para todos los gustos. Creo que tienen estilos y sentidos tan diferentes que lo hace una antología muy buena. De esta antología puedo decir que, en general (y esto es algo totalmente personal), me han gustado bastante más los relatos seleccionados que los invitados. En especial le tengo un hueco en mi corazón a Deli bal, La sombra del Candil y Una casa en el barro. Pero también tengo algunas quejas. De forma personal. También me ha parecido bastante curioso como los relatos escritos por mujeres son mucho más inclusivos en sexualidad y género que los de los hombres. Es verdad que el género de “Cachava y boina” da pie a ambientarse en el pasado español, en épocas que la mujer tenía un papel mucho más oprimido (o se disimulaba menos). Pero eso no es excusa para que no existan. Que estuviesen (estén) oprimidas no significa que las inventasen en 1980. Que ojo, no digo con esto que si un relato está protagonizado por hombres y hay solo hombres porque son 3 personajes, esté mal. Pero me ha parecido muy curiosa la relación. Las autoras de esta antología que han escrito relatos son conscientes de esos papeles a los que se relegaban a las mujeres en estas épocas. Pero aún siendo amas de casa, ciudadanas de segunda y toda esa basura de la que no quiero discutir, se ve cómo tienen sus propias inquietudes, deseos, personalidad… No sé si me estoy explicando bien. Al mismo tiempo creo que me ha terminado cansando un poco un tema recurrente en la antología, que es el de persona que llega a un pueblo perdido y pasan cosas raras al tiempo que la gente es misteriosa. Quizá eso ha sido culpa mía, que pensaba que cada relato tendría una base completamente distinta.
Como en la mayoría de antologías, hay relatos que me han fascinado y otros que ni fu ni fa. Me gustaría destacar los relatos de Temblores, El ovillo, Deli Bal, Lemmings, No se tira nada, Aceite y Una casa en el barro. Reseña completa en : https://cafedetinta.com/2018/09/04/no...
Mis relatos favoritos han sido: - Vida del padre Lobis, el verdadero lobizón de Nueva Vizcaya. - Quién, cuando yo grite, me escuchará. - Aceite. - Anomalía galllinácea. Auge y caída de los transpollos. - 50% algodón 50% poliéster. Para mí este es, con diferencia, el mejor de toda la antología. Menudo combo de costumbrismo, terror y estilazo. Brutal. Me puse a aplaudir y todo cuando lo acabé. Hay algún relato que no me ha gustado demasiado (como "El Viento. Una historia de La Frontera", "Una línea en la pizarra", "Home do unto" o "Manuscrito hallado en Ilerda"), otros que no he entendido y otros de los que me ha gustado mucho algún aspecto concreto (como el sentido del humor de "Deli Bal" o el final de "Lemmings"). Algunos ni los recuerdo y se me han fusionado en el cerebro como si fueran uno solo ("Temblores" y "Luminarias", por ejemplo). Por cierto, especial reconocimiento merece el prólogo que, aunque largo y un poco denso, está fantásticamente explicado y es muy didáctico. Un buen ensayo con entidad propia que aporta contexto a los relatos y los hace brillar un poco más. Creo que me esperaba algo más por todo el hype que se montó con esta antología pero, en general, ha sido entretenida y tampoco buscaba mucho más.
Largo y tendido se ha hablado sobre el género de cachava y boina durante los meses anteriores a la publicación de esta antología. Al principio de esta convocatoria (que contó con más de medio millar de relatos presentados y con una gran participación femenina), se nos anticipó en la página web de la editorial un resumen de «El Gran Tocho», el maravilloso prólogo con el que Juanma Santiago nos ayuda a comprender los pormenores del género, sus influencias y las consecuencias que lo llevaron a desaparecer (al menos como término) del panorama literario español hace unas décadas.
3,5. Para mí, los mejores relatos han sido «El Ovillo», «Deli Bal», «Aceite», «La noche en que se llevaron a Anastasio» y «50% algodón 50% poliéster», sin duda alguna el mejor de todos.
Lo terminé justo antes de la presentación en Barcelona, pero hasta ahora no he podido sentarme a escribir bien. Bueno, a intentar escribir. Porque no sé si voy a poder expresar de verdad la ilusión que es ver por primera vez algo que he escrito yo plasmado en papel impreso, con una edición tan bonita al al lado de autores y autoras tan maravillosos. Es una antología original, de un género apenas reivindicado, con muchísima calidad y originalidad, y lleno de presencia femenina y de personajes que se salen de la norma, algo que se agradece muchísimo. Quiero hacer una mención especial a "Deli Bal", "50% poliéster 50% algodón" y "Luminarias" que me han encantado especialmente. Pero, en serio, todos los relatos merecen la pena sin ninguna duda.
En líneas generales, muy buen trabajo. Quizá algo irregular (como cualquier colección de relatos), pero con unos cinco o seis relatos finales apoteósicos. Me gustaría que se hubiese incluido algún dato o una sencilla presentación de los autores. Cuidada edición. Muy bien el prólogo para ponernos en antecedentes: de dónde venimos y hacía donde nos gustaría ir. Enhorabuena a todos los responsables de que No Son Molinos haya visto la luz.
[3*] Vida del Padre Lobis: Requiere cierta concentración para no perderse en el lenguaje. Me gustaría más información sobre quien es el narrador Fray Mosquete. Más contexto. [4*] Temblores: lo que de inicio parecía un relato de catastrofes naturales se convierte en una fábula greenpunk. Y funciona. [5*] Quién, cuando yo grite, me escuchará. [4*] El ovillo: Algo más de trasfondo en la relación de Pedrito y Luz lo haría cien por cien creíble y así ser cinco estrellas. [5*] La sombra del candil: en ésta antología no podía faltar la benemérita. [4*] Luminarias: Quiero saber más sobre Roberto, sobre la comuna, sobre el Gobierno. Creo que cuando un relato te pide más, la autora puede estar contenta. [2*] Deli bal. [3*] Lemmings. [4*] Cuídate, hija, de La Garduña: historia juvenil (ahora tan de moda). Pero el tema de La Garduña me ha gustado mucho. Quiero más. [4*] No se tira nada: al terminar de leerlo no me había gustado nada. Tras dejarlo reposar varios días, es aterrador. [2*] Una línea en la pizarra: le faltan páginas para poder sacar partido a los personajes y la interesante trama. [4*] Aceite: no estoy seguro de que se ciña al concepto de cachava y boina, pero es algo diferente al resto de historias y funciona. [DNF] Manuscrito encontrado en Ilerda: la tipografía ha hecho imposible poder terminar de leer el relato. Dificulta y desconcentra. [3*] Home de unto [5*] La noche que se llevaron a Anastasio [4*] Una casa en el barro [5*] Anomalia gallinácea: seguirán existiendo en 2028 el USB, los mp3 y El País? Maravilloso. [5*] El Viento. Una historia de la frontera. [5*] 50% algodón 50% poliéster: menuda manera de escribir la de Adolfina García. Espectacular. [4*] La encantá del barranco: muy buen final para la antología.
No son molinos. Una antología de cachava y boina es un recopilatorio de veinte relatos de la editorial Cerbero. De estos veinte relatos, diez fueron seleccionados por concurso y otros diez provienen de autores ya publicados en ella. De Cerbero me había leído varios bolsilibros: novelas cortas en un formato tapa blanda muy mini, que para echarte en el bolso y tener un par de horas de lectura valen. No son molinos es todo lo contrario, como es lógico siendo 20 relatos: tapa dura, formato grande y 624 páginas de libro. Es un libro pesado (dos kilos, concretamente) y con una edición cuidada y que da gusto de leer. En cuanto al género de cachava y boina, es un subgénero que englobaría la literatura de género (fantasía, cifi y terror), pero en el ambiente rural español. Dentro de la propia antología hay un (demasiado) extenso ensayo donde habla del género y su breve recorrido. En cuanto a los relatos, hay de todo un poco, en alguno da la sensación de que el autor no ha pisado un pueblo en su vida, y son bastantes los que recurren a gente de ciudad que acude al campo por uno u otro motivo. Por otro lado, durante la recepción de relatos se hizo una aclaración de que no se permitirían aquellos relatos que hicieran mofa sobre el ambiente rural y los pueblos, lo que me lleva a pensar lo que podría haber salido sin esa advertencia.
Centrándome en los relatos, voy a hacer comentarios breves, ya que resulta fácil caer en el spoiler. Os recomiendo leer la crítica de @ComandateVimes, ya que él hizo miniresumenes, además de análisis de representación de género. Podréis ver que además coincidimos en muchas cosas.
1. Vida del padre Lobis, el verdadero lobizón de Nueva Vizcaya (Luis Besa, concurso) De primeras, me chocó la ambientación, ya que el lugar escogido es en América, durante el Imperio Español. Muy interesante, mezcla la mitología propia castellana con la nativa americana y el resultado que muy bien.
2. Temblores (Cristina Jurado, invitada). Relato que empieza bastante bien, se desarrolla muy bien y termina por tomar una curva cerrada hacia el final que no me termina de convencer. La idea y la ejecución me han gustado en el resto del relato, pero el final toma un giro excesivo para mi gusto.
3. Quién, cuando yo grite, me escuchará (Daniel Pérez Navarro, invitado) El formato que toma el relato para contar la historia, aunque original, para mi diluye la idea que plantea, la cual me ha resultado muy llamativa. Y poco más que decir sin caer en spoilers.
4. El Ovillo (Alicia Pérez Gil, invitada) Uno de los pocos relatos de terror que hay en la antología, que va aumentando el nivel de angustia y mal rollo a medida que avanza, atrapándote con él, porque quieres saber como termina.
5. La sombra del candil (Ana Roux, concurso) La autora me vendió este relato durante la presentación por la palabra “ucronía”, tomando como punto Jonbar la victoria de Napoleón durante las guerras napoleónicas. Quizá falle en el final, que resulta precipitado y acelerado, que con un poco más de espacio, habría quedado mejor..
6. Luminarias (Layla Martínez, invitada) Tanto la idea como la forma de narrar me han gustado, pero falla en el final también, quedándose todo un poco cojo. Quizá un poco más de espacio le hubiera sentado bien, porque es todo verdaderamente interesante.
7. Deli Bal (Raquel Froilán, concurso) De los mejores relatos de la antología, por la idea, el como lo cuenta y como todo se va desarrollando poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Y el comienzo es de lo mejor.
8. Lemmings (Nieves Mories, invitada) Relato que empieza de forma bastante inocente, de una niña narrando la historia que le contaba su abuelo, y que acaba siendo bastante escalofriante.
9. Cuídate, hija, de la Garduña (Virginia Buedo, concurso) Este es un relato que pese a que sabes como va a acabar no puedes dejar de leer. Muy bien escrito y te engancha, a pesar de que de primeras no haya nada atrayente. Como comentario, empatizo con la protagonista con eso de estar en un pueblo donde salir a la calle en verano implica la muerte, sin nada con lo que entretenerte.
10. No se tira nada (Eduardo Vaquerizo, invitado) Es de los relatos que menos me ha gustado, incluida por una representación sobre el pueblo que me ha dado la sensación de que el autor no suele ir por muchos. Cuando el relato empieza a llamarte la atención, termina. Me ha resultado muy flojo y creo que con alguna revisión quedaría algo bastante resultón.
11. Una línea en la pizarra (María Concepción Regueiro Digón, invitada) He descubierto a Regueiro por Cerbero, con su bolsilibro de Los espíritus del humo, y en este relato vuelve a dejarme con la boca abierta y enganchada al libro porque hace muy bien lo de ir desvelándote la información muy poco a poco. Muy bien narrado y muy buena la idea. Otro de mis favoritos de toda la antología.
12. Aceite (Alejandro Candela Rodríguez, concurso) Aquí la cachava y boina se vuelve una excusa para contar una historia supertierna de un grupo de ancianos. Es de estas historias que te deja calentita por dentro y otro de mis favoritas.
13. Manuscrito hallado en Ilerda (Albert Kadmon, invitado) Relato que juega con el formato ligeramente, y si bien las notas muestran una historia que podría resultar interesante, las cartas me hicieron resoplar porque se callara ya el muchacho pesado e intensito.
14. Home do unto (J.G. Mesa, invitado) La parte final del relato no me convence, ya que queda un poco descolgada. El resto, es una historia que da bastante mal rollo a medida que avanza y que me ha gustado pese a eso (no soy nada fan del terror). Es de esos relatos que me alegró leer a primera hora de la mañana.
15. La noche en que se llevaron a Anastasio (Yolanda Camacho, invitada) Este es uno de los relatos que con una corrección hubiera mejorado muchísimo, pasando de un relato decente a uno brillante. Sobre todo desluce la parte final, que se resuelve todo muy aceleradamente.
16. Una casa en el barro (Haizea M. Zubieta, concurso) Relato que te mete enseguida en la atmósfera del mismo y que además bordea con el terror. Poco más quiero decir del relato, porque considero estropearlo.
17. Anomalía galllinácea. Auge y caída de los transpollos (Daniel Arévalo, concurso) El formato de presentar la historia me ha gustado, pero el contenido se queda en una mera anécdota al final, ya que no llega a pasar nada durante el relato. Un poco decepcionante, la verdad.
18. El Viento. Una historia de La Frontera (Raúl Gonzálvez del Águila, concurso) Esta historia tiene el transfondo construido sobre una base que a mi me encanta: la fantasía que es ciencia ficción disfrazada. Aquí plantea un mundo muy interesante, y el relato no se queda atrás, aunque quizá el final un poco acelerado. Si el autor decidiera continuar usando este mundo, cuenta con mi dinero *tose*.
19. 50% algodón 50% poliéster (Adolfina García, concurso) “Bueno, me queda un relato, me lo leo antes de ir a dormir, que pasará nada” JA. Es uno de los pocos relatos de terror puro que hay, y la parte final me la leí a saltos porque no podía del mal cuerpo que me estaba dando. Muy bien por ese lado, muy mal porque lo pasé regular para irme a dormir ese día.
20. La encantá del barranco (Enerio Dima, concurso) Antes he mencionado que el relato 19 era el que me quedaba para terminar el libro, y es que en cuanto empecé me fui a este relato, porque tenía muchísimas ganas de leer a Enerio, y no me ha decepcionado. Sólo quiero decir que hay ovejitas y uso del bienhablao, diccionario de vocablos manchegos. Y más cosas, pero leed el relato mejor.
Se nota que cada relato está escrito y seleccionado con un mimo que puede palparse. Desde el impresionante prólogo (uno de mis textos favoritos de todo el libro y que agradezco con el alma) hasta despedirnos con lágrimas en los ojos de La encantá; su lectura es ir saltando de maravilla en maravilla. Tengo que mencionar a Raquel Froilán y su Deli Bal, que me tuvo obsesionada durante días y que ha conseguido que no vuelva a mirar la miel del mismo modo. Con Alicia Pérez Gil ha vuelto a suceder: mi identificación con ella, su forma de escribir y el fondo de sus relatos es enorme ¡Ojalá se me pegara algo de ella! *W* El aceite, de Alejandro Candela Rodríguez, me enganchó con su ternura, y Luminarias, de Laila Martínez, me atrapó desde el primer momento por fusionar a la perfección el fondo y la forma de su relato, como agua en una vasija oscura. Cuídate, hija, de la Garduña, me tomó de la mano y me hizo llegar hasta el final con gusto aún habiendo intuido el desenlace ¡Virginia Buedo ha sido todo un descubrimiento!. 50% algodón 50% poliester, de Adolfina García es uno de mis tres favoritos por su originalidad y su sustento de terror bien construido. Por otro lado, no hay relato de Nieves mories que no me fascine y Lemmings no iba a ser la excepción. Hay en ella una "Poetica obscura" (y perdón por el latinajo) que cuanto más se desvela más me atrae.
Y seguiría, pues hay mucho que decir, pero esto quedaría interminable. Lo importante es que lo leáis, que lo disfrutéis tanto como yo y que luego, si podéis, compartáis vuestras impresiones. Gracias por haber llegado hasta aquí.
Tengo que empezar diciendo que, cuando empecé a leer No son molinos, cargaba con el hype generado durante meses. Una de las cosas que había leído en reseñas y que más me prometía era la mucha representación LGTB+ que parecía haber. Cuando empecé a leer, se me juntó que algunos de los primeros relatos me costaron mucho y que la representación tardó en aparecer. Yo, en mi hypedad, había imaginado que era bastante más de la que me he encontrado y entre una cosa y otra no fui capaz de mantener el ritmo de relato por día que me había propuesto (hasta el punto en el que me estanqué y he tardado casi dos meses en retomarlo). Me dolió especialmente que, en uno de los relatos, te revelan que una chica es lesbiana justo antes de matarla. No hagáis eso, por favor, sobre todo si es el único personaje LGTB+ que teníais en el relato.
Siguiendo con la diversidad, voy a dedicar un párrafo a los personajes gordos. En esta antología hay bastantes, más de los que me esperaba, pero si soy sincero, han sido más los que me han disgustado que los que me han encantado. La tónica general es que han sido secundarios y poco importantes o, cuando cobraban más importancia, eran asesinos y monstruos. Muchas veces las descripciones los pintaban como asquerosos y/o vagos (el francés que sale al principio de La sombra del cándil, el padre de Richi y Felisa en 50% algodón 50%poliester) y en un par de casos te los presentan con la típica imagen de una persona gorda sentada bebiendo (se me viene una de las pueblerinas de Una casa en el barro y de nuevo el padre de Richi en 50% algodón 50% poliester). También hay un caso (Temblores) en el que las descripciones son bastante caricaturescas. Nada de esto sería malo si tuviesemos para compensar suficientes personajes gordos descritos sin formar parte de un chiste o sin intención de causar repugnancia, pero los que hay son muy, muy poquitos: excepciones a la norma. Dentro de estas excepciones, Eulalia ha sido mi personaje preferido (y quizás el que más me ha gustado de toda la antología, independientemente de los tipos de cuerpo). Para que os hagáis una idea del problema, hay 12 relatos de 20 que no tenían personajes gordos. Y en total, los personajes gordos mencionados entre todos los relatos son solo 12 de más de 150 personajes en total.
Otra cosa que no me ha gustado es que muchos relatos seguían un esquema similar ("Extranjero llega a un pueblo en el que los ciudadanos esconden un oscuro secreto y pasan cosas chungas"). Muchas veces, en parte por este esquema, se han pintado a los pueblerinos desde un punto de vista bastante turbio: son asesinos y acosadores en masa, cultistas, cómplices por omisión de sectas centenarias, adoradores de extraterrestres que sacrifican a sus primogénitos, etc... Por el tono oscuro de la mayoría de relatos, también he echado de menos ver la cara más luminosa de la gente de pueblo, de la cual me he encontrado solo algunas pinceladas (las he agradecido mucho). En general me han faltado: protagonistas de pueblo y variedad de historias.
Leyendo solo esto, puede parecer que la antología no me ha gustado nada y eso tampoco es verdad. Había menos representación LGBT+ de la que querría, pero relatos como Una casa en el campo, Manuscrito hallado en Ilerda o La encantá del barranco han supuesto un oasis entre tanta heteronorma <3
Ahora os dejo un minicomentario sobre cada uno para que veáis que no son solo disgustos (huelga decirlo, pero todo esto son opiniones subjetivas mías):
-Vida de Padre Lobis: me he sentido un poco Regigigas (chiste de pokemon, sorry) al empezar la antología por este relato. Entiendo lo que hace de este un gran relato y el esfuerzo que ha puesto su autor en el estilo, pero a mí la verdad es que no me acabó de cuajar y se me hizo muy pesado.
-Temblores: me gustó bastante y agradecí su ritmo más ligero. Gracias a él fui capaz de continuar leyendo. Mi única pega no es una pega, sino que hubo un momento en el que el tiempo hizo de las suyas y yo hice de las mías y me perdí muy fuerte.
-Quien, cuando yo grite, me escuchará: es un relato muy raro, me encanta lo mucho que se aleja de la mayoría de temas de la antología y creo que molaría verlo representado en plan obra de teatro. Me empezó costando, pero al final pega más fuerte <3
-El Ovillo: Las atmósferas malrolleras de Alicia, como siempre, on point! Otro relato que ayudó a que siguiera leyendo con ganas. La casa me pareció maravillosa y me gustó mucho que la trama no fuera la de todo un pueblo escondiendo un secreto sino algo mucho más concreto.
-La sombra del candil: uno de mis preferidos. Me dio mucha pena que se acabara, recuerdo que me quedé en plan “¿Y YA ESTÁ? DADME MÁS”. Demosle la nueva bienvenida a una nueva rama de la magia, junto con la nigromancia y la cartomancia, llega… ¡La Numancia! (Perdón, perdón).
-Luminarias: me gustó bastante, ¡y madre mía la que se forma en el pueblo! Quizás todo se desarrolló muy rápido por el final, pero is okay, fue muy interesante de leer.
-Deli Bal: otro de mis preferidos, de hecho, uno de los dos que más me han gustado. No sé ni qué decir, salvo que ya no veré la miel con los mismos ojos (y que qué maravilla, en verdad me gustaría probar un poco de miel roja, oye).
-Lemmings: Creo que lo mejor del relato, lo más siniestro de todo, es el momento en el que llegas a entender el título. Me resultó muy ameno de leer, pero me faltó un algo que no sé decir qué es.
-Cuídate, hija, de la Garduña: la protagonista me caía mal, porque tenía un aire de superioridad moral que mucha gente de ciudad se trae a pasear a los pueblos y no lo soporto. La historia, sin embargo, era bastante chula, y aunque pude prever el final, me gustó mucho. Aquí parecía que iba a ver mis primeros atisbos de representación y me llevé un chasco, también me dio la sensación de que el chico gordo del grupo cumplía una función un poco tokénica y me dio mucha pena.
-No se tira nada: creo que es el relato que menos me ha gustado, sorry. Mi edición es de las primeras y tiene un fallo que le cambia el nombre a la protagonista. No me gustó cómo se utilizaron las discapacidades de los niños en la historia.
-Una línea en la pizarra: cuando llegué a este relato ya estaba un poco cansado de lo que dije arriba, el tópico de “gente de fuera llega a pueblo que esconde un oscuro secreto y pasan cosas”, sobre todo por cómo me quedé con el relato anterior. Aun así, reconozco que la historia es muy interesante y creo que el narrador omnisciente de este relato está escrito con una maestría que oye, maravillosa. Me fallaron las frases demasiado largas, que me enlentecieron mucho el ritmo de lectura.
-Aceite: un relato entrañable y un oasis de paz entre tanta historia chunguilla. Su ritmo me pareció envidiable, no tuve que volver para atrás en ningún momento. Por ponerle una pega: los señores soltaban unos comentarios que me hacían resoplar y decir “madre mía, estos señores son demasiado heteros” xD
-Manuscrito hallado en Ilerda: extraño, como poco. La tipografía me supuso un reto y quizás haya influído en que no me haya gustado tanto. La historia de amor me encantó, pero la cantidad de información que me estaban metiendo me hizo muy dificil disfrutar. Creo que ganaría si le hago una segunda relectura.
-Home do unto: este tampoco me gustó, creo que me faltaba un poco más de chicha(por turbio que pueda sonar esto al hablar de este relato). Aquí fue cuando me di cuenta de que el hype me estaba pasando factura.
-La noche que se llevaron a Anastasio: este me gustó mucho. Las personalidades de las hermanas super bien diferenciadas y me encantó lo de los extraterrestres, a pesar de que volvía a repetirse la formula de los extraños llegando al pueblo. Me hizo mucha gracia cuando pasaban por Ciudad Real y se metieron con los paisajes manchegos porque me indigné (de coña), en plan “OYE, QUE ESO SOLO LO PODEMOS HACER LOS QUE SOMOS DE ALLÍ”. Me dio pena no ver a las Madres, eso sí.
-Una casa en el barro: la misma formula, pero con muchas chicas lesbianas y bis, lo cual ayudó mucho. El final me lo vi venir, pero para mí no le quitó valor al relato, que gustó mucho. Also, is this gente de pueblo tolerante??? <3
-Anomalía gallinácea. Auge y caída de los transpollos: otro relato muy, muy raro, más bien en el buen sentido, en este caso. Se alejó muchísimo del tono oscuro y eso me encantó. El formato de la historia también me gustó mucho. Aun así, no sé por qué, se me hizo poco.
-El Viento. Una historia de La Frontera: al principio fue como muy WTF no estoy entendiendo nada, porque había mucha información que asimilar. Sin embargo, en cuanto fui cogiendo consciencia de todo el universo que se ha montado el autor para el relato, flipé en colores. Me encanta. Ojalá más historias de El Viento, o ambientadas en el mismo universo.
-50% algodón 50% poliéster: el estilo de Adolfina es una pasada, eso es innegable. Aun así, en parte por el tema de los personajes gordos, el relato me dejó un sabor de boca muy amargo. Eso sí, terrorífico es un buen rato.
-La encantá del barranco: de mis preferidos, en el podio junto a Deli Bal. Creía que iba a ser una historia de terror y lo que en realidad ha sido es una gratísima sorpresa y un gran broche para la antología. Ahora necesito leerme Micosis, ¡ya os vale!
PD: Respecto a los personajes gordos, no señalo lo que me he encontrado con la intención de herir a nadie ni meterme con ninguno de los autores, sino para mostrar una problemática en torno a ellos que me afecta incluso a mí, yo soy el primero que tiene que reaprender a escribir personas gordas. No os quedéis con el "esto está mal" (que tampoco es eso lo que digo), sino con el "esto se puede hacer mejor", porfa.
This entire review has been hidden because of spoilers.
Voy a ponerle un 8/10 porque, más o menos, esa debe de ser la proporción de relatos que me ha gustado/encantado de la antología. Todos tienen un nivel altísimo y creo que cualquier persona puede encontrar algo que le guste en esta antología y, de paso, encontrarse con la sorpresa de ciertas joyitas inesperadas que, a priori, no esperaría que le gustasen.
Creo que los relatos que destaco, y esto es totalmente subjetivo, obviamente, son: La sombra del candil, Deli Bal, Una línea en la pizarra, La noche que se llevaron a Anastasio y La encantá del barranco.
¿Qué vamos a encontrar aquí? De todo: hombres lobo, encantás, rupturas espacio-temporales de órdago, seres fantasmales, robots, mutaciones, brujería. Muchos monstruos o cosas por el estilo de monstruos. Pero también: bares, pueblos, tenderas, artículos de El País Semanal, mercadillos, pastoras, praos. Así, No son molinos se erige como una inteligente recopilación de temas y seres vinculados al fantástico español conjuntados con una determinada estética, una forma familiar: una combinación perfecta. Crítica completa: https://libros-prohibidos.com/vvaa-no...
-Quién, cuando yo grite, me escuchará -Deli Bal -No se tira nada (bestial) -Cuídate, hija, de la Garduña -Una casa en el barro -50% algodón, 50% poliéster -La encantá del barranco
Creo que el gran acierto de esta antología ha sido el saber elegir relatos que tienen algo especial. Todos tienen algún elemento, ya sea su premisa, su desarrollo, su giro final... algo que les hace destacar y te hace parar aunque sea un momento para saborearlo. Y en todos destaca un excelente uso del lenguaje, desde castellano de hace unos siglos al hablar característico de zonas más rurales y "profundos" de la España actual.
A partir de aquí, como eso normal, hay relatos que me han gustado más y otros menos, pero la media general es muy buena. Voy a destacar algunos:
Deli Bal (Raquel Froilán) y Anómalia Gallinácea. Auge y caída de los transpollos (Daniel Almodóvar) porqué me han parecido historias muy curiosas y divertidas.
Aceite (Alejandro Candela Rodríguez) y La encantá del barranco (Enerio Dima) porqué me han tocado la patata.
El Viento. Una historia en La Frontera (Raúl Gonzálvez del Águila) por su corte más clásico de "fantasía" pero a la vez integrando tan bien los elementos de Cachava y Boina.
Temblores (Cristina Jurado) y No se tira nada (Eduardo Vaquerizo) porqué me gusta mucho la premisa sobre la que se desarrolla todo.
Que no salgan en la lista no quiere decir que no me hayan gustado ni mucho menos, como he dicho, el nivel es genial.
PD: Veo que mas gente lo comenta y me subo al carro porqué quizás ayude en futuras ediciones: Me ha costado bastante leer la tipografía de "Manuscrito hallado en Ilerda".
Al fin he terminado. Sin desviarme en temas offtopic, para eso tengo twitter, ya me cuesta hacer reseñas de obras individuales pero voy a intentar dejar una opinión al menos, algo. Que no se diga.
En conjunto me ha gustado mucho, hay relatos que me han encantado y unos pocos que meramente me han entretenido. Yo no me atrevería a poner uno solo de flojo pero tampoco es que tenga madera de crítico. Así rescatando de la memoria algunas impresiones, porque en conjunto es una obra larga y llevo tres meses leyendo esporádica-mente e intercalando con otras obras, lo que no ayuda a tener una memoria nítida; os diré:
El primer relato se me hizo en un inicio duro de leer, es una sensación que lo más parecido que recuerdo, salvando las distancias, fue cuando intenté leerme Soul Music en el idioma de Shakespeare hace muchos años. Entendéis por donde voy si habéis leído el mismo, espero yo que sé, ya que es un relato que imita el castellano antiguo, sin llegar a ser castellano antiguo. Las primeras páginas se me hicieron duras, luego supongo que por acostumbrarme mejor al registro se me hacía tan fluida como cualquier otra y bien.
Más cosas. Como ya le comenté a Vimes en su blog cuando sacó su reseña el relato Temblores me gustó sus dos primeras terceras partes por ser un relato costumbrista de dos pueblos que podrías perfectamente identificar como tales. Sí, no resta que la historia no cuente más que hechos sueltos y entiendo que a él no le entretuviera pero esto es cuestión de gustos. Será que yo soy un nostálgico de lo rural por tener familia de la serranía de Cuenca. El final con el toque sobrenatural me desencajó mucho pero entiendo que no todo puede gustarme y aquel día me levanté con el pie torcido.
No quiero hacer de menos al resto de relatos pero no era mi intención ir uno por uno, os lo juro. Menciones importante. Como ya le dije a Ana Roux en la presentación en Madrid (y a todo el mundo que le he contado algo de la antología) la ambientación de su historia, el mismo concepto de una España controlada por el Imperio Napoleónico (en un universo en el que este prosperó), me encantó nada más eché a leer el relato. Y me hace mezcla de ilusión y pena que me dijera que fui el primer lector que le dijese eso mismo. Estoy convencido de que ahora que más gente ha leído la misma ya le habréis quitado la loca idea de que no fuera a ser genial.
Y por ir terminando, Enerio Faraona. A ver, centrémonos, sí, empecé a leer la antología por 'La encantá del barranco'. Podéis acusarme de no ser imparcial, dicho lo cual, no diría buenas palabras del relato si no me hubiese gustado mucho... Ahora es cuando debería decir cosas buenas pero me quedado en blanco... No puedo decir mucho porque como siempre son relatos cortos y con nada se revienta la trama. Darle una oportunidad a la antología si no lo habéis hecho.
Mis expectativas con esta antología eran altas y la verdad es que se me ha quedado un poco a medio camino. Algunos relatos son geniales, como «Deli Bal» o «La encantá del barranco», pero también hay otros que no me han gustado nada, nada. Y no precisamente por que estén mal escritos, sino por la forma en la que tratan algunos temas.
En particular, me ha parecido que el relato «No se tira nada» utiliza la diversidad funcional para crear simple y puro morbo, como si esa cualidad de varios de sus personajes sirviese únicamente como instrumento para producir "horror" en el lector. Aunque el género del relato sea terror, no justifica que el autor haga ese uso grotesco de la diversidad funcional.
También, en otros relatos (generalmente de invitados) se apreciaban tópicos algo rancios, como la mujer o el personaje trans que muere para dar sentido a la trama...
Esta crítica no la haría si Cerbero no hubiese puesto el listón tan alto, porque, siendo sincero, no me sorprendería nada si fuese una editorial tradicional. Pero si predicas la igualdad, la inclusión y el respeto a la diferencia como un aspecto distintivo de tu marca editorial, también tienes que ser lo suficientemente responsable como para practicar con el ejemplo, y decirle a tu autor invitado que quizá debería cambiar ciertas cosas ofensivas en el relato que te ha mandado antes de que se lo publiques.
Sólo por el ensayo encubierto de prólogo con el que se abre esta antología, ya vale mucho la pena. Un descubrimiento muy jugoso, esto de la cachava y la boina. Como en toda antología, los relatos son dispares. Destaco por su calidad literaria "No se tira nada", de Eduardo Vaquerizo, "Temblores", de Cristina Jurado, o "Una casa en el barro", de Haizea M. Zubieta. Por lo mucho que me han divertido, me quedo con "Quién, cuando yo grite, me escuchará", de Daniel Pérez Navarro, "Cuídate, hija, de la Garduña", de Virginia Buedo o "50% algodón 50% poliester" de Adolfina García. Mención aparte merece "El Viento. Una historia de La Frontera", de Raúl Gonzálvez del Águila. Más que un relato, parece el primer capítulo de una saga, con un estilo que recuerda al de Andrzej Sapkowski en versión postapocalíptica y local. ¡Estoy deseando leer más de ese universo! Destacar también la diversidad de protagonistas y de relaciones sociales y afectivas en esos mundos que imaginamos.
Llevaba ya mucho con esta antología pendiente y he de decir que, me cuesta leer de seguido este tipo de libros porque al variar tanto de estilo me cuesta salir de uno y meterme en otro. Como siempre ocurre, hay relatos que me han gustado más que otros, pero en general mi sensación ha sido de disfrute, de reconocer lo tradicional y rural, y la reivindicación de otro estilo de vida.
En mi caso los que más he disfrutado son Deli Bal, Aceite y Manuscrito hallado en Ilerda. Pero a todos los autores y a la editorial, gracias por el viaje a través de pueblos y campos, en el pasado, el presente y el futuro.
Prestóme asgaya'l llibru. Ente más avante diba na llectura más vegaes dicía «Esti ye la meyor hestoria del llibru». Caltién perbien la sensación de lo rural, lo máxicu ya inesplicable de la España profunda, y les sos miéus. Amás, revisita la idiosincrasia d'esta España y les sos creyencies.
Pronto recolectaré aquí las microopiniones de cada relato. Pero me deja una buena sensación como primer contacto a un género que promete volver para quedarse.
Lo dejaré claro desde el principio: esta antología es imprescindible para el aficionado. Por tres razones, que se me ocurran: el documentado prólogo de Juanma Santiago, la variedad y la calidad de sus relatos, y la ambición de llevar el subgénero de la cachava y boina al lugar que realmente le pertenece: un lugar estable en la ficción nacional, ya sea dentro o en las fronteras del género. En el camino dejan unos cuantos grandes relatos, entre los cuales cada uno tendrá, obviamente, sus preferencias. Hay para todos los gustos. Creo que es una obra de importancia monumental y necesaria, realmente histórica Por eso mismo, gustaría verla como el principio de algo más, en cualquiera de las formas.
Normalmente en las antologías tenemos un nivel muy desparejo que hace que la nota media sea difícil de poner, normalmente yo "ignoro" para la nota los relatos que menos me han gustado y me centro en los que más... al final casi siempre me queda una nota de 4 estrellas y este caso es parecido, con la salvedad en este caso de que el nivel es muy muy parejo entre (casi) todos los relatos. Y muy alto en (casi) todos ellos.
Paso a destacar aquellos relatos que mejor impresión o recuerdo me han dejado:
Deli Bal, de Raquel Froilán; es espectacular, en serio. Este relato es una delicia y en varias críticas que he leído de los favoritos de casi todo el mundo, lo cuál es de entender. Es difícil que te deje indiferente y refleja a la perfección el género que se trataba de retratar en esta antología. 6 estrellas sobre 5. Ahí lo dejo.
La sombra del candil, de Ana Roux; tenemos una mezcla de historia de misterio con una historia ambientada en un pasado alternativo. Es una mezcla de elementos que no te esperas que vaya a salir tan bien. Relato perfecto, 5 estrellas.
Y compartiendo tercer lugar en el podio:
El viento. Una historia de La Frontera, de Raúl González del Águila; este rollo post-apocalíptico tampoco me lo esperaba y la verdad es que casa a la perfección con el género. El relato entreabre un mundo del que quieres saber más y la verdad me dejó un muy buen recuerdo. Me ha parecido de los más originales de todo el conjunto.
No se tira nada, de Eduardo Vaquerizo; un relato muy sórdido, con un toque de terror psicológico muy chulo. No quiero desvelar más pero es de esos relatos que impresionan.
Aceite, de Alejandro Candela Rodríguez; que te deja muy buen cuerpo y también es bastante original, con rollo que no sabes si es steampunk o simplemente realismo mágico; la cuestión es que se disfruta un montón.
Estos son los que más me han gustado a mi, sin desmerecer al resto, que salvo dos o tres están todos prácticamente al mismo nivel. Nada más que deciros que vayáis a tirarles vuestros dineros a Cerbero para que siga sacando cosas tan interesantes y chulas como esta.
Aunque el concepto no es que me matara de curiosidad, el ver que le había gustado a tanta gente de cuyo criterio me fío hizo que lo acabase comprando y la verdad que no me arrepiento. Los autores y autoras han sabido en la mayoría de los casos jugar con el concepto de fantasía de ambientación castiza para dar lugar a relatos que intrigan, enternecen y ponen los pelos de punta. Ha habido algunos relatos mediocres, bien porque se pasan de misteriosos y la historia hace aguas por todas partes o bien porque, a falta de saber cómo cerrarlos, han tirado por un final abrupto y aburrido. Afortunadamente, son los que menos. La mayoría me han gustado y algunos me alegro mucho de haberlos leído:
- Vida del Padre Lobis, el verdadero lobizón de Nueva Vizcaya: me encantó la mezcla que hace de religión y magia durante la época colonial de la California española. - Quién, cuando yo grite, me escuchará: la idea es muy interesante y está narrado de tal forma que casi parece que estás escuchando de verdad una entrevista de la radio. - Deli Bal: muy mágico y muy cotidiano a la vez. Parafraseando a @mpmoles, no importa tanto el misterio de las abejas como las consecuencias que tiene. - Una línea en la pizarra: un capítulo de Agente Carter en España (????) - Manuscrito hallado en Ilerda: el manuscrito encontrado es una fórmula narrativa que me encanta y este que mezcla la alquimia y una historia de amor me ganó rápido. Si tengo que ponerle una pega es a la tipografía que usa. Resulta incómoda de leer. - Una casa en el barro: personalmente el final, sin ser terrible, no me gusta, pero la verdad que me ha tocado la patata leer un relato basado en la mitología vasca que, por lo demás, está bastante bien. - El Viento. Una historia de la frontera: un relato de ambientación postapocalíptica situado en el Levante con mutantes. Ojalá leer una serie de libros de esto con precuelas de la vida de Concha incluída. - 50 % algodón 50 % poliéster: comprar esta antología merece la pena sólo por este relato. Sólo puedo decir que la caracterización es perfecta y que no deja indiferente. - La encantá del barranco: derrocha ternura y pena por los cuatro costados. Es un buen cierre para la antología.
3,5/5 Esta es una de esas antologías que, al menos en ciertos círculos, llega con mucha fanfarria, pero año y pico después ya nadie se acuerda de ella. El síndrome Ozymandias lo llamo yo. No pasa nada: salvo curiosas excepciones, es lo más habitual. Por mi parte, he saldado esta deuda tras cinco largos años. 630 páginas dan para mucho, aunque un 11% corresponda a una introducción tan completa e interesante como… larga. Sí, es un libro largo y habría preferido que alguien sacase las tijeras y excluyera alguno de los relatos. Estoy pensando en uno en particular, sí, pero mejor me centro en los que me han gustado. Sorprendentemente, son todos de autores que desconocía, salvo Eduardo Vaquerizo, que no defrauda con su “No se tira nada” (una familia se va a pasar unos días al campo y se encuentran más de lo que esperaban). Luego tenemos a Luis Besa con su “Vida del padre Lobis, el verdadero lobizón de Nueva Vizcaya” (la escritura simula satisfactoriamente un español añejo, como del siglo XVIII, y la historia es tan rica que mantiene el interés y daría para una novela corta), a Raquel Froilán con “Deli Bal” (unas abejitas muy espabiladas), a Alejandro Candela Rodríguez con “Aceite” (humor, romance y añoranza en la tercera edad), a H.M. Zubieta con “Una casa en el barro” (una casa encantada en un pueblo perdido de Euskadi) y a Raúl Gonzálvez del Águila con “El viento: una historia de la frontera” (un western con personajes valencianos y asturianos con más chicha de lo que parecería).
La primera vez que oí hablar de este libro fue por twitter, y me llamó mucho la atención el concepto de la cachava y boina, así que cuando vi que también se vendía en formato ebook no dudé en comprarlo, y qué queréis, el dinero mejor invertido de mi vida. Como toda antología, tiene altibajos, ya que cada autor tiene su estilo y sus ideas, pero el nivel general de todas las historias es altísimo. Me encanta porque demuestra que la ficción española también puede ser muy, muy buena y que nuestro país también puede servir como escenario para fantasía, terror o ciencia ficción sin desmerecer en nada a otros destinos más cosmopolitas. Si tuviera que elegir me quedaría con El Ovillo, de Alicia Pérez Gil, y 50% algodó, 50% poliéster, que son los dos que peor cuerpo me dejaron, pero me lo he pasado como una enana leyéndolos todos. Ojalá el género de la cachava y boina renazca con fuerza y podamos disfrutar de muchas más obras como esta.
Siempre es complicado calificar una antología, pero en general puedo decir que el resultado es muy bueno, especialmente en los relatos finales que a mi gusto se junta lo mejor de todo. En general, muchos han sido sorprendentes y han sabido captar bien esa esencia rural que es el hilo conductor de la antología, es reivindicativa en sí misma, sin embargo, no puedo evitar expresar cierto descontento con algunos de los relatos que creo que deberían revisar un poco más la vida rural para no caer de una forma estereotipada y anacrónica