Quien se espere una alabanza de lo que ha venido pasando en Cuba en las últimas tres décadas se llevará un buen fiasco. Este concienzudo y prolijo análisis se centra en todas las virtudes, pero también en las miserias de la cuba posterior al hundimiento soviético. Aunque no faltan los aciertos en materia agroecológica y de agricultura urbana, en reparto de tierra y en diálogo entre población y científicos, Cuba no ha transitado hacia el ecosocialismo y de hecho todas las medias verdes que tomó en los 90 estaban más destinadas a parchear la crisis de aquellos años que a investigar un modelo alternativo. En todo caso, la experiencia histórica y actual está ahí y nos servirá de aviso a navegantes para saber qué hacer o qué intentar ante la inminente escasez energética.