El planteamiento es genial. El autor comienza suavemente a introducirnos en la complicada vida de Mateo. Con naturalidad nos adueñamos de sus problemas, nos indignamos con él, nos sentimos impotentes, nos consolamos en voz alta. El movimiento es simple, potente y no pierde ningun detalle. Creo que la historia, desde el inicio, logra algo tan inesperado como el título mismo del cuento. Me explico, de la misma forma que los muchachos no escriben historias de amor tampoco las leen; "Los muchachos no leen historias de amor" pudo haber dicho Pete.
La razón por la que no le di más estrellas es que el desenlace me pareció artificial. Es difícil juzgar, pues la perspectiva de Mateo no parece alterarse mucho así es que no creo que la falla de la narración es imputable a él, quizá sólo un poco; el problema más grande es el resto de los personajes, a los que apenas hemos tenido oportunidad de conocer, de repente se vuelven protagonistas, sus acciones se vuelcan sobre las páginas cuando, creo yo, uno no quiere saber mucho de algunos de ellos. Dice Mateo, en algún punto, que su padre está a prueba; yo creo que un verdadero periodo de prueba para el padre de Mateo y otros personajes es lo que le falta a esta novela.