Idus de noviembre del año del Señor de 1065. Una gran nevada cae sobre el campamento. Fernando, rey de Galicia, de León y de Castilla, moribundo, viejo y decrépito, viaja de regreso a casa con sus mesnadas tras su última batalla. Torturado por su conciencia, se pregunta por qué, habiendo podido dejar a su primogénito un único reino que, fuerte, extendiera su poder por toda la Hispania cristiana, decidió repartir en vida Castilla, León y Navarra entre sus tres hijos varones que, a esta hora, preparan sus huestes y afilan sus espadas para la guerra fratricida que se avecina para después de su muerte. Supremacía y poder, intriga y ambición, lealtad, traición, guerra, amor y muerte. Ocurrió hace mil años, cuando judíos, moros y cristianos campaban a sus anchas por estos pagos. Una historia verdadera por cuyas páginas entran y salen reyes y nobles, caballeros y prelados, mancebas y juglares, guerreros, monjes y abades, y que discurre fiel a los terribles acontecimientos históricos que sucedieron poco después del final del primer milenio en lo que, cuatro siglos más tarde, sería España.
Con esta novela me he sumergido en la narración de unos hechos que pasaron hace casi mil años y que representaron un hito en la historia del nacimiento de España como nación. La obra se centra en la figura de dos reyes de la Hispania cristiana en la Alta Edad Media: Sancho Garcés III de Pamplona (c. 990/92-18 de octubre de 1035) , apodado "el Mayor" o "el Grande", rey de Pamplona y conde de Aragón; y de su hijo Fernando I de León (c. 1016-León, 27 de diciembre de 1065) , llamado "el Magno" o "el Grande", rey de Galicia, de Castilla y de León.
Ambos monarcas consiguieron aunar en su persona el poder sobre la mayor parte del territorio en manos cristianas de la península ibérica durante el siglo XI. Según nos cuenta la novela, ambos eran personajes muy carismáticos y aguerridos, el padre más frío y calculador que el hijo, pero éste último no le iba a la zaga. Ninguno de los dos despreciaba la idea de derramar sangre, traicionar o envenenar, incluso a los de su porpia familia, con tal de conseguir lo que se proponían. La obra comienza mostrándonos los últimos momentos en la vida del rey Fernando, ya decrépito y viéndose a las puertas de la muerte, lo vemos arrepentitse de sus numerosos pecados, pero sobre todo de haber dispuesto en su testamento el reparto de sus reinos entre sus tres hijos varones. Sabe que va a haber una lucha encarnizada y a muerte entre ellos por recuperar lo que creen que sólo debe ser de uno, porque él ya ha sido partícipe de una situación similar. Su padre, el rey Sancho, a su muerte también repartió su reino entre sus tres hijos lo que tuvo un cruel y sanguinario desenlace. Fueron años turbulentos, de continuos enfrentamientos y conjuras; de guerras fratricidas por la ambición de poder y riquezas, pero también años en los que se produjeron grandes conquistas y donde surgieron heróicas leyendas. Con esta novela, el autor consigue poner de relieve estos hechos, y aunque se sabe que todos los acontecimientos que se producen en la esfera privada de los personajes, que sí fueron reales, y sus pensamientos son obra de su imaginación, sí son verosímiles y ayudan a crear la atmósfera necesaria para disfrutar de la historia. Aparecen muchos personajes secundarios que fueron reales y uno de ellos es un joven Rodrigo Díaz de Vivar, futuro Cid Campeador; y otros que no lo fueron pero que bien podrían haberlo sido, como el juglar Ero o el consejero del rey fernando Schlomo Xaia. Esto según mi opinión demuestra que el escritor ha realizado una buena labor de documentación, porque todos ellos están muy bien definidos y ayudan a dar agilidad y credibilidad a la historia. Me ha gustado mucho como el escritor le da voz no sólo a los poderosos, sino que desde un juglar, a un monje, pasando por un criado, todos ellos tienen su momento y aportan su visión de la historia.
Los capítulos son cortos y se leen de forma rápida. La historia te atrapa y te transporta, pero pasa por algunos hechos casi de puntillas y los saltos en el tiempo son algunas veces demasiado amplios, lo que diluye nuestra percepción en la evolución de los personajes. Con todo esto puedo concluir que es una novela histórica muy entretenida, que arroja luz sobre un período de nuestra historia bastante olvidado, y que pone de manifiesto que la historia real puede ser igual de apasionante y sorprendente, o incluso más, de lo puede serlo una obra de ficción. Creo que el autor puede aprovechar este comienzo y continuar con la historia de los hijos del rey Fernando, ya que daría mucho juego la guerra que se produce entre ellos y ver al Cid en todo su apogeo. Muy recomendado para los amantes de la novela histórica, pero también para los amantes de las historias con intrigas y traiciones.
No suelo leer novelas históricas de la época de la invasión musulmana y de la reconquista de los cristianos por que me da mucho asco la religión católica (y la religión en general). Y a pesar de que en este libro (como es lógico) existe un abundante predominio de frases y personajes católicos, no me ha resultado muy pesado de leer. Lo que si no ha conseguido engancharme a la novela es la estructura narrativa, el que en cada capítulo haya 50 micro-historias, que cada personaje tenga 2-3 páginas en cada capítulo, por que son tantísimos nombres, datos y fechas que la mitad del tiempo no te enteras bien de quién es quién. Jamás he tenido que leerme un apéndice o glosario de personajes al principio de una novela y en esta lo he tenido que hacer varias veces.
Por otro lado, la sinopsis del libro se sucede en el último 25-30% y esto es un poco fastidioso porque toda la parte inicial y media del libro tienes la sensación de estar leyendo otro libro distinto, porque lo que leíste en la sinopsis o la tapa no está por ningún lado.
Todo lo dicho, me gustaría darle 3.5 estrellas. El trabajo de documentación y localización es magistral, la narración es ágil y no he encontrado fallos sintácticos o léxicos pero no he conseguido empatizar ni ha despertado mi interés en ningún momento ningún personaje.
No había leído nada de Eimil, pero esta novela me ha atrapado. Bien escrita y con bastante rigor histórico, narra con agilidad y de un modo muy didáctico, la historia de los reinos de España en el siglo XI.
Es un libro que se lee lento, ya que tiene muchos personajes y por lo menos en un inicio cuesta identificarlos. Sin embargo, conforme avanza la historia te van enganchando en las diversas historias, las cuales están llenas de traición.
La novela no destaca por su narrativa pero esta bien documentada. Y el título es muy apropiado para el ambiente de violencia que imperaba entre los reinos cristianos de la época.