Un libro necesario, pero mejorable. Ya sea por el tipo de formato escogido o por la inhabilidad de Corine Pelluchon, tras leer el manifiesto nos queda patente que la intencionalidad es la de hacer de éste un escrito universal. No obstante, falla rotundamente, pues la obra, tal y como está escrita, tan solo puede aspirar a convencer a aquellos poseedores de un tipo de moralidad concreta que siga una linealidad ideología expresada por la autora, la de un anticapitalismo animalista (que, sorprendentemente, ignora visiones contemporáneas del naturalismo como la ofrecida por S. Mancuso y se sitúa casi en sus antípodas). Abalanzándose como lo hace contra el sistema capitalista, olvida tres cosas:
La primera y más evidente, proponer otro modelo económico. Creo que es evidente que una crítica destructiva hacia un sistema político debería ir, como mínimo, acompañada de una propuesta sostenible. Entiendo que no procede en un libro como éste pero quizás, digo yo, la crítica anticapitalista tampoco debería tener un espacio en un libro en el que la brevedad es imprescindible.
La segunda, ofrecer un argumento en contra más allá del "en el capitalismo se matan más animales porque prima el capital". Es cierto que el capitalismo permite una inversión especulativa en la ganadería intensiva que generará mayor matanza, pero las leyes de oferta y demanda son impepinables; tanto en el capitalismo, como en alguna forma de socialdemocracia o socialismo, se producirá una oferta acorde a la demanda presente: si la gente quiere X, se producirá más de ese producto X para satisfacer la demanda. Aquí es evidente que falta o sobra algo, ya que si el animalismo triunfase en una sociedad capitalista, lo cual es perfectamente posible incluso ante la oposición de numerosos grupos de poder (el "establishment"), el objetivo se habría cumplido. No obstante, para ello se requiere introducir al lector un modelo de moral, y no se hace más allá de una serie argumentos no muy elaborados y más que sonados. Necesitamos una base filosófica de largo recorrido, no un pragmatismo anticapitalista.
La tercera, es que ignora la posición del animalismo dentro del espectro ideológico. Recuerdo todavía las palabras del gran Julio Anguita, eso de "la preocupación debería estar centrada en satisfacer las necesidades de las personas [...] El medio ambiente viene después". Aunque las ideologías anticapitalistas tienden más al naturalismo y el animalismo que éste, sólo las nuevas generaciones han adoptado este ideal, mientras que la izquierda del último siglo se halla tan cerca de la derecha como de las nuevas juventudes. Por eso, reitero, hace falta establecer un modelo de moral filosófico (que no utópico) y sostenible, para convencer a toda oposición del espectro. Peter Singer supondrá una lectura complementaria imprescindible después de este Manifiesto Animalista.
La posición de Corine es la de un edificio aún en construcción y que se tambalea a ratos, pero los cimientos son sólidos como el acero. Es de esperar que el animalismo gane más adeptos en los próximos años y que se haga la justicia que la escritora desea y que otros, más desde el anonimato, también anhelamos pasionalmente.