Sabe a poco y apenas se dan sucesos dignos de destacar. Es más, éste es el 3º de los 9 cómics que componen la saga y, a pesar de haberme saltado el 2º, no sentí que me hubiera perdido nada. Es cierto que no llega a las 50 páginas y que muchas son diferentes versiones de la portada, así que, centradas en la historia, en verdad son unas 20, por lo que entiendo que en algo tan corto no podían ocurrir mil cosas. En todo caso, eso no justifica que parezca que el protagonista no tiene sangre en las venas cuando le pasan cosas surrealistas.
Por un lado, seguimos acompañando a Sombra y a Wednesday en su periplo. Lo que marca esta parte son las conversaciones tipo telegrama en las que parece que cobran por decir una palabra (son sosas y frías) y los encuentros raritos que no nos son correctamente explicados.
Luego tenemos a Sombra teniendo encuentros que traumatizarían a cualquiera y reaccionando como si estuviera viendo algo rutinario. Aún así, admito que el encuentro en cuestión fue lo mejor de todo el cómic y que estoy deseando ver más apariciones de ese personaje.
Por último, se nos muestran flashbacks o delirios de dioses que dan la impresión de estar metidos a calzador. A ver, no es que sean aburridos, pero me falta verles conexión con la línea argumental principal.
El trabajo artístico no está mal. La verdad es que no me desagrada, aunque carece de impacto. Predominan los tonos sombríos y le falta un estilo más brutal cuando se dan hechos inquietantes.
Es una buena opción si buscáis una lectura rápida, pero creo que es olvidable.