Segunda entrega de la trilogía del tiempo de Lorena Franco. Es importante señalar que, aunque es una trilogía, por ahora tanto el primer volumen como este segundo son libros autoconclusivos y, en apariencia, sin ninguna relación el uno con el otro.
Tengo sentimientos encontrados con esta segunda novela. Empiezo por lo general y luego me adentro en lo específico.
Perdida en el tiempo sigue las mismas líneas generales de su predecesora La viajera del tiempo, pero en esta ocasión la fantasía queda más lejos y el amor más cerca. La única parte de ficción que vamos a encontrar son los viajes en el tiempo, que si bien importantes para la trama, quedan muy en segundo plano. También se sustituye el amor fraternal de la primera entrega por un amor más romántico, más próximo a una novela de este género.
Casi todos los puntos que voy a tocar en esta reseña tienen sus partes buenas y sus partes malas, así que no sé muy bien por dónde empezar. Por cambiar de aires, voy a empezar con lo negativo y concluyo con lo positivo, aunque es posible que todos los comentarios tengan un poco de cada.
Empiezo con la extensión: demasiado larga. Hay partes que me han sobrado y que no creo que aporten demasiado. También es cierto que la he leído en diagonal y que es posible que tenga una visión demasiado parcial. Para empezar, toda la parte en la que el amigo de la protagonista, Bill, se preocupa por la desaparición de Nora, contacta con la policía y después con una médium, directamente me la he saltado. 0 palabras leídas. No me causaba ningún tipo de interés. En mi opinión si toda esa parte se hubiera resumido en un capítulo corto y al final ocurriese lo mismo con Bill (después de todo esto, de que escriba la carta, no quiero hacer spoiler), daría exactamente igual y sería incluso más sorprendente. Otra parte de la extensión se debe a las largas y detalladas descripciones. Esto ya es más tema de gusto personal, me gustan las cosas más directas. Al que le guste que se explayen creo que la autora ha logrado un balance muy equilibrado, con descripciones ricas y que ayudan a la inmersión en el mundo, pero sin llegar a ser pesadas (y se agradece el lenguaje natural en todas ellas).
Sigo con la temática, que como mencionaba antes, tiene como eje central el amor. A mi gusto, y de nuevo insisto que es una opinión muy personal, la balanza se ha ido demasiado para este lado desnivelando el precario equilibrio que había conseguido la anterior entrega. Mientras que La viajera del tiempo podía ser pasable para un lector de fantasía y bastante recomendable para un lector de novela romántica, dudo mucho que Perdida en el tiempo vaya a interesar al primero y posiblemente le encante al segundo. Quizá es algo intencionado, no lo sé. De ser así, enhorabuena 😉 Por otro lado, he de confesar que la historia es realmente bonita y tierna si, como yo, no siendo lector habitual de este género, tienes la paciencia de acabarla, así que doble enhorabuena, supongo.
Acabo con la tensión, o, mejor dicho, la intriga y/o misterio. En mi opinión esta novela es mucho menos intrigante que la anterior. Supongo que parte se debe a que, si ya has leído la anterior, todo lo referente a los viajes en el tiempo ha perdido la emoción inicial. Pero no creo que sea solo eso. Durante la lectura he tenido la sensación constante de “ya se dónde va a acabar esto y solo me empuja seguir adelante saber si va a llegar por el camino A o por el camino B”. He echado de menos un poco más de misterio como en la anterior entrega, cuando Lia no sabe qué ha sido de su hermano y tiene que ir tirando del hilo hasta descubrirlo. Tampoco hay ningún giro sorprendente ni puntos en los que te quedes con la boca abierta, ni personajes envueltos en misterio (alguno hay, pero un misterio muy leve). Por otro lado, la historia en general mantiene un buen nivel en todo su recorrido (aunque sigo manteniendo que haberla reducido un poco hubiera sido un acierto).
Dicho esto, no puedo acabar sin mencionar un punto que es solamente positivo lo mires como lo mires. Supongo que detrás de esta novela hay una labor monumental de documentación. No me cabe otra al ver lo bien detalladas que están ciertas cosas (la mayoría en general, la verdad). Es eso, o una prodigiosa imaginación… o quizá un poquito de ambas. En cualquier caso, una muy sincera enhorabuena por este punto.
Y en contrapartida, un punto que es negativo lo mires como lo mires (aunque este es subjetivo). Me ha incordiado muchísimo que, dentro de la definición de Nora, la protagonista, se incluyan 2 fracasos, uno profesional y otro amoroso. El profesional pase porque da pie a que Nora empiece a regentar la cafetería de su abuela, que es fundamental para la trama. El amoroso… ¿Por qué? No lo entiendo. ¿Qué necesidad hay de utilizar el mismo tópico de mujer recién salida de una relación fallida, un tanto reticente a adentrarse en otra relación y a la vez un tanto escamada con el sexo opuesto? ¿Por qué no dibujar a una mujer entera, segura de si misma y sin condicionamientos de este tipo? No era necesario para nada para la trama. Las pocas novelas de este género que he leído pecan de lo mismo y es algo que no solo me hastía, sino que creo que no hace ningún favor a potenciales lectores más jóvenes, que bastante bombardeo tienen como para añadir un poco más de manera gratuita. Me hubiera gustado que Nora hubiese sido desde la primera página una mujer fuerte y segura de sí misma. Creo que hace falta.
Finalizo. Como he dicho más arriba, desde mi visión parcial, creo que esta obra gustará a lectores de novela romántica (¿quizá sea un poco “floja/destilada” para ellos?, no lo sé). Para un lector de ficción o fantasía, me parece un poco… que no.