En Mundo Extraño, Ovejero reúne una buena cantidad de relatos difíciles de clasificar, en el que se entremezclan las neuras, las filias, las obsesiones y anhelos de personajes que parecen varados a la orilla de su propia vida. Como si la estuvieran observando desde lejos, como si, en realidad, no fueran protagonistas de los capítulos escabrosos, las escenas absurdas o las personalidades aberrantes que se pasean a sus anchas por las páginas.
A pesar de que el estilo de Ovejero, descriptivo desde el realismo pero también dado a abrir la puerta a una imaginación inquietante, está patente en todos ellos (cosa que es de agradecer cuando una antología abarca obras escritas en diferentes épocas de la vida del autor), hay cuentos que, como siempre, destacan sobre los demás como un faro. Personalmente, me quedaría con Escaparates, por la justicia casi poética que encierra la historia, con Venta segura, por la forma magistral de ilustrar el agobio de lo inexorable, con Los escritores que más me gustan, que, aunque no es un cuento, sí constituye una bonita reflexión acerca de la belleza, con La casa en Armagedón, por la intensidad de una propuesta que se agarra a la mente del lector como lo hacen los malos alcoholes, y con Papá es un perro, corta a la par que desconcertante metáfora de la vida del occidental medio, en la que muchos y muchas podemos vernos más reflejados de lo que nos gustaría.