Jorge Luis Borges decía que había dos tipos de poetas: aquellos que se centraban en jugar con la musicalidad del idioma (pero no decían nada) y aquellos que, por el contrario, se concentraban primordialmente en transmitir un mensaje (como ocurría con Borges mismo).
El caso de David Huerta es problemático en la poesía mexicana (y, para el caso, en la literatura universal, ya que ha sido traducido a varios idiomas). Sus poemas, escritos en versículos y utilizando símiles y metáforas audaces, además de apelar estilísticamente a la fonética (o a su evocación) de palabras poco convencionales en el lenguaje poético, crean la ilusión, bastante engañosa, por cierto, de "no decir nada"; sin embargo, en este libro tenemos varios poemas que no solo prueban lo contrario, sino que destacan por el contenido filosófico de su discurso (entre los ejemplos que cabe citar se encuentran: Declaraciones, Arte de la duda, y Teorías, entre otros) que delatan lecturas cartesianas, de Emmanuel Levinas o del propio Ludwig Wittgenstein.
Un libro redondo y bien hecho que, sin embargo, a veces padece por la falta de homogeneidad de su discurso poético (una cuestión editorial más que autoral). Parece increíble que haya sido publicado en 1978, es decir, hace ya más de cuarenta años. A mi juicio se trata de un poemario imperdible.