Teresa de Jesús o Santa Teresa de Ávila fue la primera mujer en ser proclamada Doctora de la Iglesia en 1970, por Pablo VI. Quizás tuvieran algo que ver las reformas que unos cinco años antes había planteado el Concilio Vaticano II, y la idea de adaptar el catolicismo a las necesidades y métodos de los nuevos tiempos. Estaba en pleno auge la segunda ola del Feminismo, no obstante, aún podríamos quitar todas estas referencias coyunturales y dejar la pura experiencia teresiana como una postura de avanzada acerca de los derechos de las mujeres de la vida religiosa. Y es que esto es lo que Teresa de Jesús deja claro en este libro escrito entre 1564 y 1567 por petición de su guía espiritual y confesor, como respuesta a la petición de sus hermanas de congregación, las Carmelitas descalzas, quienes buscaban a su vez una guía espiritual y doctrinal dentro del convento y Teresa era la indicada como fundadora de la orden. Siendo la superiora, aunque esa posición ella deja claro que no le interesa como título ni como reverencia, ya que proclama la humildad como una de las enseñanzas más importantes de Cristo. Respecto al valor literario, sociológico, teológico y doctrinal de esta obra, éste ya se ha estudiado bastante, pero quizás lo más resaltable es precisamente esa voluntad de abrir los espacios intelectuales y de conocimiento a las mujeres dentro de las órdenes religiosas. En aquellos tiempos algunas prácticas les estaban vetadas por considerarlas no aptas para aquello, y eran justamente las que se referían a la preparación cultural e intelectual de las mujeres. Por ejemplo, la oración mental, parte fundamental de este tratado informal, como también se podría describir a esta obra. ¿Por qué no estaban permitidas las mujeres de hacer oración mental? Pues porque estaba destinada sólo para espíritus ilustrados y quien no lo fuera, podría caer en desviaciones doctrinales y herejéticas. No olvidemos que la Santa Inquisición estaba en plena actividad en esta época. Pero Teresa de Ávila se enfrentó con determinación, aún soportando censura (este mismo libro tiene párrafos tachados y corregidos por su revisor, los cuales volvió a escribir como muestra de obediencia, pero en esta edición se pueden leer las partes originales de esos textos, que se llaman Códice de El Escorial) y logró que se reforme el espíritu de la Orden del Carmelo y se favorezca la oración mental y sus formas más depuradas como lo son la oración de quietud, la de recogimiento y la de contemplación. Estos tipos de oración los desarrolla explicativamente en varios capítulos del tratado, y sobre todo el tema de la contemplación, al que describe como un don otorgado para las almas más elevadas (más cercanas a Dios, por lo tanto las que más trabajos pasan), así que consuela a sus hermanas a no apenarse por no llegar a los niveles contemplativos porque cada quién tiene su función. Habla también de la importancia de la oración vocal que debe estar siempre unida a la atención y evitar distracciones (para la santa, la oración vocal no puede ir sola sino acompañada de la mental), y de las vocaciones activas y contemplativas. A ambas les da importancia poniendo el ejemplo evangélico de María y Marta (María, contemplativa, Marta, activa), aunque este ejemplo, como varias analogías y alegorías con las que gráfica sus ideas fueron eliminadas de la versión final. No obstante, el códice de El Escorial sobrevive y se puede leer en los pies de página de esta edición todo lo que se le eliminó, como partes en las que se le "iba la olla" a la santa, partes demasiado feministas, partes muy coloquiales y personales, ya que aunque fue escrito para sus hermanas de congregación, la idea final es que fuera un texto más formal y general. Finalmente, hace un repaso del Padrenuestro (quizás como rescate de la oración considerada para los simples y de poca cultura, así como el Ave María, del que no llega a hablar porque ya se alargó con lo otro y "no le dio tiempo", tomando en cuenta que en esa epoca la mayoría de la gente era analfabeta o iletrada o no tenía acceso al conocimiento y a los libros), a la que dota de una cualidad de suficiencia y compendio de todo lo que es la fe y de lo que necesita una persona para entender la fe y la divinidad. Con su desglose frase por frase en cada capítulo (me recuerda, salvando las distancias, a lo que hace Joseph Ratzinger con el Credo de los Apóstoles en Introducción al Cristianismo), Santa Teresa de Ávila deja claro cuál es ese "camino de perfección" que quien se entrega a una vida consagrada debe seguir. Por último, no podemos olvidar el valor literario de la escritura de Santa Teresa, aunque tenga un tono "desconcertado" (así lo repite varias veces, con lo cual se refiere a sin concierto, sin mucho orden o estructura), que viene más de la lengua oral que de la escrita, en cierto modo, un habla coloquial, pero que como estamos hablando del siglo XVI, tenía otro tipo de expresiones idiomáticas, incluso la morfología de ciertas palabras cambia, así como conjugaciones, ortografía y varias reglas gramaticales, por lo que no es un castellano muy fácil de seguir. Se puede decir que es mucho más indirecto y da muchas más vueltas retóricas que el castellano de hoy en día. Pero aún así, la pluma de Teresa de Jesús es totalmente literaria, utiliza muchísimas figuras literarias y retóricas (varias fueron borradas por excesivas) y una pluma graciosamente "desconcertada", que deja ver la enorme y peculiar personalidad de la santa y mística.