Una novela inolvidable, que habla sobre la historia callada y emotiva de la historia que, desde el interior de las casas, se irradia con crueldad y belleza, con atrocidad y plenitud, sobre todo un país
Sur de Chile, plena dictadura un niño ayuda a su abuelo a reparar el techo de su casa después de una noche de tormenta. Con esos martillazos de fondo, piensa en su vida a la luz del fifi n del mundo, que según dicen está a la vuelta de la faltan sólo diecisiete años para el dos mil, cuando venga el apocalipsis y todos mueran carbonizados bajo una lluvia de estrellas. En esa atmósfera de cielos amenazantes, a la vez sureña y espectral, los recuerdos se entretejen hasta formar un tapiz de abuelos, madre, padre, tíos, vecinos, todo un cosmos individual cuyas vidas parecieran estar siempre controladas por una telaraña invisible de poder y opresión.
Leonardo Sanhueza propone aquí un admirable retrato de una época oscura, delineando sus fantasmas que pasean entre la memoria y la imaginación. La edad del perro es así una novela inolvidable, que habla sobre la historia callada y emotiva de la historia que, desde el interior de las casas, se irradia con crueldad y belleza, con atrocidad y plenitud, sobre todo un país.
Poeta, columnista de prensa, geólogo y tiene estudios en lenguas y cultura clásicas. Ha publicado los libros de poesía Cortejo a la llovizna (Stratis, 1999), Tres bóvedas (Visor, 2003), La ley de Snell (Tácitas, 2010) y Colonos (Cuneta, 2011); sus versiones de todos los poemas breves de Catulo, Leseras (Tácitas, 2010), y una antología de sus crónicas, Agua perra (J. C. Sáez Editor, 2007). Además es autor de la antología El Bacalao. Diatribas antinerudianas y otros textos (Ediciones B, 2004) y de la compilación de la Obra poética de Rosamel del Valle (J. C. Sáez Editor, 2000). Su trabajo poético se encuentra además en varias antologías y revistas nacionales y extranjeras.
Un poco demasiado correcto todo el tiempo, me gusta que cuente el sur de chile, y esto de la figura el abuelo, pero en general esto de un adulto hablado desde el lugar de un niño no me encantó.
Por un momento me sentí entre la lluvia intensa de Temuco. Qué capacidad de transportarte la de Sanhueza. Me encantaron los diálogos internos, me puse a pensar en que en 2 años cumplo 26 y “debería ser alguien” (¿o esperar el fin del mundo?)
Buildungsroman, Sanhueza recrea la vida de un niño que comienza a dejar de serlo enentre el invierno del 1983 y el invierno del 1984 en Chile. La novela escrita con profunda ternura comienza narrando cómo el protagonista, un niño de nueve años, y su abuelo reparan el techo de la casa y a partir de ahí comienza a narrar la vida de la familia. Así, a lo largo de la novela, se descubre cómo él y su madre terminaron viviendo con los abuelos y cómo fue la vida de ese abuelo al que el niño acompaña sobre el techo, pero también la vida del padre del que apenas se acuerda, el descubrimiento que será el principio del fin de la inocencia y del fin de la infancia.
Me quedé con la sensación de que esta novela podría haber sido mucho más interesante de lo que terminó siendo. Tenía condiciones óptimas: personajes potencialmente fascinantes a los que se les saca poco partido, un escenario que coquetea con el realismo mágico sin llegar a abrazarlo, una época con conflictos políticos que quedan relegados a ruido de fondo, todo ello mirado por un niño de nueve años que solo entiende a medias lo que observa. Supongo que Sanhueza optó conscientemente por abordar su novela de esa manera y enfocarse en una suerte de poética de lo cotidiano que tiene momentos bonitos, pero que no me convenció en absoluto.
Me encantó. Escrito de una forma tan particular y graciosa. Una historia tan sencilla pero profunda. Con un personaje tan especial, que está acompañado físicamente pero quizás no tan emocionalmente. Con una historia familiar tan potente, que lo impacta y lo hace pensar y crecer. Simplemente wow.
No es la mala construcción de un niño como narrador testigo, es la excelente construcción de un narrador adulto que da sentido a su experiencia pasada viendo a través de los ojos del niño que fue. Y eso está muy muy bien logrado.