En un mundo estético amable y feérico, paradigma de la felicidad, pero que reconoce su fragilidad y su fugacidad, Mahler, el místico, el épico, el profético, fue víctima de esa dualidad sin solución. Su afición a las formas de expresión musical de carácter ligero, su admiración soterrada pero irresistible por el fasto imperial, su vinculación con las altas esferas sociales y culturales en que se desarrolló su rectoría musical en Viena, hacen de él un hombre de mundo, un hijo de la más alta civilización, pero que vive en la desgarradora dualidad de ser a la vez un hipersensible e ingenuo expuesto a todas las heridas que la crueldad del mundo inflinge a los que no ha logrado aturdir con su banalidad y su bullicio, y un solitario forzadamente marginal, por carácter y herencia genética. Por eso no se equivocan quienes han observado que toda expresión mahleriana de lo feliz conlleva inseparablemente un acento lacerante.
Interesante acercamiento a la música de Mahler. No es para nada un estudio musicológico sino más bien esotérico o clarividente. En realidad no es mucho el aporte que hace al estudio de la música. Personalmente me hicieron ruido sutiles loas a la ideología marxista y ¡sorprendentemente! desactualizado prejuicio a Nietzsche (siendo que desde hace más de medio siglo que se sabe sobre la manipulación y falsificación de los escritos de Nietzsche por parte de su hermana). Aún así una lectura provechosa y pintoresca.