Te dijeron que no podías subrayar ni doblar las páginas de los libros. Te dijeron que tenías que leer un clásico del siglo XVIII a los doce años. Te dijeron que eso que leías por las noches era basura. Te dijeron que nunca podías dejar un libro a medias. Te dijeron que los lectores son buenas personas. Te dijeron que ya nadie lee como antes. Te dijeron que los libros te harían amar la vida. Y tú no puedes evitar leer. Pero quizá lo haces boli en mano y en pijama, quizás has conocido a grandes lectores que eran malas personas y quizá tu vida te parece aburrida comparada con tus novelas favoritas.
*** Contra la lectura es un texto apasionado y liberador a favor de los que, a pesar de todo, leen. Y contra los pedantes que dicen que aman los libros, pero en realidad solo consiguen que el mundo aborrezca la lectura.
Mikita Brottman (born 30 October 1966) is a British scholar, psychoanalyst, author and cultural critic known for her psychological readings of the dark and pathological elements of contemporary culture. She received a D.Phil in English Language and Literature from Oxford University, was a Visiting Professor of Comparative Literature at Indiana University, and was Chair of the program in Engaged Humanities with an emphasis in Depth Psychology at the Pacifica Graduate Institute from 2008 to 2010. She currently teaches at the Maryland Institute College of Art. Brottman's articles and case studies have appeared in Film Quarterly, The American Journal of Psychoanalysis, New Literary History, and American Imago. She has written influentially on horror films, critical theory, reading, psychoanalysis, and the work of the American folklorist, Gershon Legman.
Brottman also writes for mainstream and counterculture journals and magazines. Her work has appeared in such diverse venues as The Los Angeles Times, The Huffington Post, The Chronicle of Higher Education, Bad Subjects, The Fortean Times, Headpress, and Popmatters, where her column, "Sub Rosa", ran from January 2007 to July 2009. Her essays have also appeared in a number of books and anthologies.
She is the author of the cult film books Meat is Murder and Hollywood Hex, as well as books on psychoanalysis, critical theory and contemporary popular culture. Her most recent book, The Solitary Vice: Against Reading (Counterpoint, 2008) was selected as one of the Best Books of 2008 by Publishers Weekly, who said: "Sharp, whimsical and impassioned, Brottman's look at the pleasures and perils of compulsive reading is itself compulsively readable and will connect with any book lover."
Brottman's partner is the film critic David Sterritt.
"Esta es la capacidad única de la literatura entre el resto de formas artísticas: puede retirar el velo de la ilusión durante un solo instante y nos permite vislumbrar la desdicha común y humana de la vida de los demás, y al mismo tiempo, por implicación, iluminar nuestra propia desdicha real o potencial".
Ah, y la autora tiene los ovarios del tamaño de planetas. Qué sinceridad al hablar, sabiendo que van a criticarla por cada cada coma y cada punto.
O doamnă psihanalist a găsit de cuviință să redacteze o carte împotriva lecturii. Să mai spun că titlul și cartea au avut succes? Spun. În treacăt fie zis, pudica sintagmă „viciu solitar” numea în perioada victoriană o realitate veche de cînd lumea. Passons...
Argumentele anti-lectură sînt destul de banale. Cititul nu numai că nu folosește la nimic (ar fi minunat dacă folosul lui ar fi zero și atît), dar este direct vătămător. Patogen. Cititul intoxică. E de-a dreptul malign. Are consecințe letale. Iată cîteva:
Scos (cu greu) din bibliotecă, cititorul „solitar” devine:
- ezitant, anxios („Not having a book to read might make you feel anxious and uneasy at first”, p.210), - nu-și găsește cuvintele, - nu îndrăznește să se combine cu alții (sic!), - moare văduv/ă, - are un comportament impropriu și - nu se descurcă în treburile practice. Lectura a făcut din el un client numai bun pentru (cel puțin) 5 ani de psihanaliză. Sau de balamuc.
Ideea principală a eseistei e că un om normal - pentru a rămîne normal - nu trebuie să citească nimic, sau să citească foarte, foarte puțin. Trec peste faptul că citim permanent tot felul de chestii scrise, lozinci, etichete, afișe, nume de străzi, inscripții funerare, somații de la Judecătoria din Răducăneni etc. Trec, deci, peste faptul că cititul este inevitabil. Mă opresc la ideea că nu se recomandă să citim cărți. Ficțiunea ne face să trăim într-o altă lume (o lume de fantezii și fantazări), cărțile de idei fac din / și în mintea noastră o „confuzie babilonică”. Opinia a fost exprimată cîndva și de Schopenhauer: „A citi înseamnă a gîndi cu mintea altuia în loc de a gîndi cu mintea proprie”.
În încheiere, vă dau un sfat binevoitor și salubru: încetați chiar acum să citiți, puneți cărțile pe foc...
P. S. N-ar fi drept dacă n-aș menționa, totuși, faptul că Mikita Brottman găsește lecturii un mic folos: „Literatura te poate ajuta să-ți reconsideri și să-ți reformulezi sensul sinelui, să-ți rescrii propria narativă [despre sine]: Literature can help you to reconsider and reshape your sense of self, to rewrite your own story” (p.210). Pînă la urmă, nu asta e și finalitatea oricărei lecturi? Și atunci de ce să scrii o carte în contra ei?
Curioso, entretenido e irónico, ha estado bien, con muchas cosas que dice estoy de acuerdo y hay algunas otras sobre las que me gustaría debatir. Respecto a los temas que trata este libro, me gustaría hacer una pequeña reflexión:
Ya basta de romantizar la literatura y la lectura, con frases como; leer te hace mejor, leer es viajar, todos debemos leer y eslóganes de mierda similares, pienso que todo esto lo único que hace es convertirlo en algo pedante y viciado, leer provoca emociones e instruye tu mente del mismo modo que lo hace cualquier otro arte, ya sea cine, danza, teatro etc. Yo leo porque me motiva y me produce placer, del mismo modo que no escucho música clásica, o voy a museos de arte contemporáneo, porque son cosas que no van conmigo, aunque para otras personas lo son todo, el día que la literatura deje de provocarme lo que me provoca dejaré de leer y me dedicaré a otras cosas. En definitiva y por si no se entiende, lo que quiero decir es que no habría que mirar por encima del hombro a los que no leen, ni hacer ver esto como si fuera el no va más y que no leer te hace peor, simplemente lee, disfruta y deja vivir.
Al empezarlo, pensé que ofrecería otra perspectiva sobre la literatura y el motivo de que a los lectores nos invada tanto esa necesidad, que conocemos todos, de leer y algunas de sus desventajas.
Sin embargo, la primera sensación que me invade es que este libro es una estrategia pura y dura de marketing diseñado por y para la polémica y esta claramente destinado a vender y punto.
Es un ensayo que crítica el elitismo lector (la tendencia a leer clásicos, el sentirte mejor persona por el mero hecho de leer, la critica de algunos lectores a obras "banales" y de entretenimiento).
Aún así, en los siguientes capítulos veo reflejado este mismo elitismo en la autora. En concreto sus palabras y sus actos me parecen hipócritas, ya que critica las costumbres y comportamientos de los lectores voraces y las consecuencias que (a lo mejor) te generan y luego continúa tranquilamente contando anécdotas como Profesora de Literatura Inglesa. Además, como buena anglosajona que es, apenas sale de la Literatura Inglesa y comenta como algo rompedor el conocer la literatura estadounidense. (Obviamente el resto de literatura clásica y contemporánea de otros países, apenas existe para ella y casi no son dignos de mención). Y tampoco pone como un ejemplo positivo ningún bestseller o algún libro más enfocado a entretener.
Y perdona Mikita, pero cuando una gran parte de tu vida te han rechazado por que te guste leer más que jugar al fútbol o salir de fiesta y a pesar de ello no has abandonado tu pasión, es natural que cuando encuentras aquellos que son como tú, se forme un grupo cerrado y aislado "contra el mundo". A día de hoy ya no es tan habitual que alguien te mire raro por que te guste leer, pero yo todavía oigo comentarios de gente entona orgullosa que no le gusta leer y que no se ha terminado un libro es su vida.
Odio la crítica velada a la literatura de masas y comenta tranquilamente que la alfabetización de las clases bajas fue un golpe a la literatura, convirtiéndola en un producto de mercado. (Típico comentario elitista de alguien que se considera superior por no leer ciertos tipos de libros).
Lo único en lo que coincido es que la literatura es una puerta de escape a la realidad, para mi siempre lo ha sido, desde el minuto en el que fui capaz de leer un libro sola. ¿Puede distorsionar la realidad el exceso de libros leídos? Si, pero al final los libros representan un billete de solo ida para descubrir tu mundo y otros con las que no te habías ni a soñar. Desde la España de la Postguerra, a Narnia, a la Rusia Zarista y Comunista, a Hogwarts, a la Fiebre del Oro, el Mundo de Tinta, el Bath de Jane Austen, Innsmouth, las Colonias de Ultramar, Gotham, la Irlanda desolada y mil sitio y personajes más.
En mi opinión un libro es también un arma de papel y tinta contra la ignorancia y la realidad que nos rodea. Los políticos, reyes y demás elites gobernantes siempre nos han querido felices e ignorantes, porque si nos paramos a pensar y a cuestionarnos nuestro día a día nos convertimos en criaturas peligrosas (¿A alguien le suena Farenheit 451?).
La ignorancia nos hace felices, pero la mayoría de lectores elegimos el saber, el descubrir y el sufrir y eso nos permite ver que todo puede pasar y a cualquier persona.
Me crucé con este libro casi de casualidad. No pude evitar sentirme atraída por el título y la sinopsis; automáticamente me dispararon recuerdos sobre las actitudes de algunxs colegas lectorxs y sobre los infundados estereotipos que rodean a la acción de leer. Me dije que no podía pasar de este título, que tenía que leer lo que ponía para por fin dar nombre a los sentimientos y las opiniones polémicas que siempre tuve respecto a estos temas. Lamentablemente, el cuerpo de Contra la lectura no supo hacer justicia a la fantástica sinopsis que me había seducido.
Contra la lectura es, a grandes rasgos, un ensayo que busca bajar del pedestal el acto de leer. Propone, también, cuestionar estereotipos y actitudes que parecen acompañar sin descanso a la comunidad lectora y busca derrumbar ciertas ideas para, en su lugar, construir otras más sanas. Toda la propuesta me pareció interesantísima y comencé a leer con la más absoluta fascinación.
A lo largo del libro se tocan muchísimos temas que me resultaron casi deslumbrantes. Sobre todo, se habla de la evolución de los libros y las lecturas a lo largo de la historia. Parece más un manual de historia que un ensayo, resulta evidente que Brottman escribe con muchísimo conocimiento y, lo que me resultó más sorprendente aun, con muchísimas lecturas encima (en serio, la cantidad de libros que leyó esta mujer es alucinante). En este recorrido por las distintas épocas hasta la actualidad, Brottman trae unos cuantos temas un tanto polémicos para seccionar y deconstruir, y puedo entender que fueran estas cosas las que hicieron que el ensayo haya sido completamente malentendido por sus usuarios. En serio. La versión en español de este ejemplar viene con un apéndice extra que la autora tuvo que incluir porque la gente no paraba de malinterpretar sus comentarios. Aquí dice, entre otras cosas, que ella no está en contra del acto de leer (de hecho, es docente de literatura) y que el título no es más que un truco para llamar la atención y picar la curiosidad. También se deja muy claro que estas son sus propias visiones y que no publica con ánimo de ser objetiva ni de comenzar un movimiento contra la lectura. Muy fácil de entender, si me preguntan, pero aun así me encontré con muchísimas reseñas de personas que parecían no haber entendido nada de lo que la autora trataba de plantear. Incluso vi gente decir que Brottman se pisaba en sus propios argumentos, que era una pobre mujer que pensaba que estaba haciendo «algo» con su libro pero que en realidad daba pena y no sé qué más. Comentarios muy agresivos que la atacan a ella personalmente en lugar de criticar el libro. Lo único que me da a entender eso es que el título de la obra condicionó la lectura que esta gente hizo: les tocaron la fibra sensible y se acorazaron para defenderse, así que leyeron a la defensiva y con el objetivo terminante de desbaratar este libro con sus reseñas, sin siquiera intentar entender lo que ponía. Supongo que los entiendo. Siempre es difícil mostrarse abiertxs a argumentos que atentan contra nuestras propias formas de percibir la realidad: las opiniones distintas a las nuestras incomodan, y si encima tienen sentido, perturban todavía más. La reacción más común ante estas cosas es taparse los oídos y hacer de cuenta que no escuchamos para evitar exponer nuestra falta de argumentos. Claro que esto no justifica que ataquen a la autora personalmente, eso habla de mucha inmadurez, además de la evidente y ya mencionada falta de argumentos.
Pero continuemos con la reseña. A mí no me pareció ni una sola vez que Brottman se pisara sobre su propio argumento, pero sí me pareció que a lo largo del ensayo la autora fue desviándose un poco del camino que seguía. Me explico mejor: la primera mitad del libro me pareció espectacular porque brindó mucha información que yo no tenía, pero luego me dio la sensación de que Brottman había olvidado su hipótesis o la dirección en la que iba el ensayo. A mi parecer, perdió el rumbo y terminó en cualquier cosa. De hecho, la conclusión bien podría seguir formando parte del desarrollo; de cierre tiene bien poco. Me dejó un regusto amargo porque, la verdad, me venía gustando mucho.
Otra cosa que me desagradó fue un hecho muy puntual: Brottman habla mucho de los clásicos que están, a su parecer, sobrevalorados y no brinda muchas explicaciones más allá de que fueron escritos para una sociedad distinta a la actual. Lo que no tolero es que diga que Don Quijote forma parte de estos clásicos aburridos que deberían dejar de tomarse en las universidades. Miren, les voy a explicar por qué me molesta esto en particular. Mikita Brottman es británica 🙂. Que se atreva a detenerse a hablar tanto tiempo de por qué Don Quijote particularmente debería retirarse de los currículos universitarios me hace más que un poco de ruido, de hecho, habla muchísimo del egocentrismo británico-estadounidense. Entiendo que Don Quijote no es una lectura para todo el mundo: es pesada y extensa, pero aun así es la novela más importante del idioma español. Brottman decide sin pensarlo dos veces hacer un análisis exhaustivo de por qué Don Quijote, la ÚNICA novela española que se menciona en el ensayo tiene que dejar de ser literatura obligatoria en las universidades británicas. Y pone como argumentos al maltrato animal, los extensos monólogos de Don Quijote y su delirio con convertirse en un caballero como si, realmente, nunca hubiese leído la novela: fue escrita como una parodia a las novelas de caballeriza, amora. Se supone que sea así. Y por supuesto que estaría buenísimo que no hubiera maltrato animal, pero estamos hablando de una sociedad con menos conciencia al respecto; sobre los monólogos no tengo nada que decir, son molestos, sí, pero ese era el estilo de antes. Como sea, eso realmente me tocó la fibra sensible porque ningunea a toda la literatura de nuestro idioma y la hace ver como algo innecesario de conocer. Bastante desconsiderado.
Entre las cosas interesantes que Brottman cuestionó, está: • El temor a marcar nuestros libros, sea doblando las páginas o escribiendo notas en los márgenes. ¿Cuántxs de nosotrxs saltamos de horror si vemos que alguien dobla las esquinas de las páginas para marcar dónde se quedaron? ¿Cuántxs acá llenamos nuestros libros de post-its y papeles de colores para señalar frases hermosas porque nos da pena subrayarlas con lápiz, ni hablar con tinta? Esto va orientado a las personas que tienen (tenemos...) miedo de hacer que nuestros libros sean, efectivamente, nuestros. Subrayarlos, doblar las hojas y escribir notas al margen son todas acciones que podrían verse como gestos de amor por un libro en lugar de como una falta de respeto. ¿Por qué atesoramos libros vírgenes en lugar de escritos, cuando son los escritos los que nos abren una ventanita a nuestras lecturas pasadas, a nuestros «yo» de antaño? Mm... • La idea de que existen libros que hay que leer sí o sí. ¿Y si no leo esos libros «obligatorios» qué, soy una mala lectora?, ¿soy una «falsa» lectora? Somos muchxs quienes sentimos presión por leer clásicos o libros canónicos para poder llamarnos lectorxs, porque son muchas las personas que te preguntan automáticamente qué te pareció *inserte clásico aquí* apenas escuchan que te gusta leer. Hay una incomodidad fantasma en admitir que no leímos nunca libros conocidos, como si fuésemos menos merecedorxs se llamarnos lectorxs por no haberlos leído. • El imaginario de que solo existen dos tipos de literatura: la «buena» literatura y la «mala» literatura. En esta teoría, por supuesto, la buena literatura abarca los clásicos y autores de renombre: Cervantes, García Lorca, Quiroga, Lewis, Tolkien, blablablá. No es casualidad que sean todos hombres. Incluso clasicazos escritos por mujeres son relegados a un estatus menos elevado: véase Orgullo y prejuicio, Jane Eyre, Mujercitas... Todas obras escritas por mujeres; todas obras que se consideran por y para mujeres. La mala literatura, en este caso, abarca cualquier cosa escrita a partir del nuevo milenio (e incluso antes). ¿La saga Harry Potter? No. ¿La saga Crepúsculo? Asco. ¿Los libros de John Green? Por favor. Cualquier cosa que leamos que sea con motivo de entretenimiento en lugar de educativo o de cultura es tildado como «literatura basura», literatura que no sirve, literatura que ni debería llamarse literatura. La gente que piensa así está, literalmente, a nada de decirte que para leer eso mejor prendas la tele. En fin, la hipotenusa. • La percepción (sobre todo masculina) de que por leer clásicos nos volvemos interesantes o intelectuales por defecto, cuando la realidad es que solo nos hace quedar como unxs pedantes y aburridxs. Si defendemos nuestra pasión por la lectura a la vez que criticamos las lecturas de lxs demás, lo único que logramos es estigmatizarnos frente a las personas que leen menos o que, directamente, no leen nada. Si realmente amamos la lectura y buscamos promoverla entre niñxs y jóvenes, la manera no es diciendo que hay libros que cuentan y libros que no porque inevitablemente relacionarán a los libros con el más tórrido aburrimiento posible. Es recomendable bajar a tierra, dejar un poco de lado eso que yo llamo el «Egocentrismo de Lector» y recomendar lecturas para entretenimiento, no para encajar en un imaginario social de la intelectualidad.
Realmente desearía que este libro se hubiese explayado más en los estereotipos que rodean al acto de leer y en las actitudes reprochables que surgen con el «Egocentrismo de Lector». Lamentablemente, el ensayo no vale la pena el esfuerzo más allá de la mitad.
Tiene un par de historias buenas pero en general ese discurso de "leer no es tan bueno como nos han hecho creer" me ha dado tres patadas en el hígado. Desde mi punto de vista no se justifica y no es en absoluto real...
¿Un tratado en contra de la lectura? Suena atrevido y bastante enigmático. ¿Quién tiene algo que decir en contra de ella? Parece que ser que la autora si, aunque obvio el punto final es leer, pero leer con calidad y con conciencia.
Me deja algunas notas, me recomienda algunos autores, me impacta lo mucho que ha leído y sabe, me interesan los cursos que da, pero medio que me aburre de pronto, en momentos me preguntaba ¿de qué va el libro?
No me gustan muchas de sus ideas, pero no tienen por qué gustarme, es un libro personal y son sus ideas. Me identifico con algunas de sus manías, pero decir que leer demasiado es una afección, aunque sea poco frecuente, me duele. Yo estoy afectada de eso!!!
I really enjoyed the first few chapters of this book, as well as the introduction, which asks useful questions about books, literature with a capital L, reading, and literacy. Then everything devolved into a weird justification of her own favorite things to read and her obsession with the macabre. I also thinks she suffers a supreme failure by avoiding the idea of reading in non-solitary ways - book clubs, what the Internet adds to appreciation of reading in a highly social environment, and so on. You would say that would negate her title, but she tells you at the beginning that she didn't really mean it anyway, which almost made me quit reading as it was.
She had interesting content about bibliophiles and escapist children, and had that been the focus of the book, I would probably have given it three stars.
Un libro que cualquier amante de lectura necesita leer. Un ensayo muy ameno, donde con gran subjetividad la autora reflexiona acerca de los tópicos entorno al acto de leer. Un libro capaz de hacer dudar de las virtudes de la lectura, escrito desde el más profundo amor por los libros y con el que muchos se sentirán identificados. Más que recomendado.
El libro en si, no está mal, me parece que la tesis que propone es bastante buena, leer para entendernos mejor, quitar bastantes ideas sobre lo que es leer, ideas como que es bueno por si mismo, que nos llenará de cosas agradables, y que hay cosas que "debemos leer", creo que después de un tiempo como lectores, muchas personas llegarán a estás conclusiones por si mismo, pero bueno, siempre está bien que alguien lo diga, sobre todo para esas personas que no leen y piensan esto. Pero me pareció muy aburrido toda la primera parte, la autora no engaña, aclara que es una especie de biografía lectora, que a mí en especial, no me gustó, creo que debí de hacer caso a un amigo y saltarme todo el libro y solo leer las conclusiones del último capítulo.
No esperaba nada de este libro, pero no me ha aportado nada. A mi parecer, la autora estaba un tanto aburrida escribiendo sobre lo que se lee y lo que no, el deber y el placer, criticando los hábitos de los lectores y los no lectores. Tampoco me ha gustado el principio pues te destripa algunos libros que al menos yo, no he leido. Se me ha hecho pesado y algunas veces incomprensible y aburrido, quizás no tenia conocimiento suficiente para entenderlo, pero creo que ahí se diferencia un buen ensayo del que no lo es, pues pienso que este género, en mayor o menos medida, tiene que ser entendible para gran parte de la población y así transmitir el mensaje que desee transmitir el autor. Como he dicho, a mi no me ha aportado nada.
Divertidísimo ensayo sobre la "adicción" a la lectura. Mientras algunos pensábamos que esta obra abarcaría aspectos didácticos y sociales sobre el hecho social de la lectura, al final acaba derivando en las batallitas personales de la autora con su afición a los libros; pero siempre introduciendo reflexiones muy buenas sobre cómo incluso esta afición nos puede aislar socialmente. Y esto no es bueno. Además de esta, se plantea cuestiones realmente interesantes. Si sois amantes de los libros (como espero que lo seáis, si no no sé qué hacéis en esta red social) no dejéis de leerlo.
El nombre en español puede llevar a engaño. La autora no está en contra de la lectura en sí. Es contraria a la lectura por postureo, por aparentar sofisticación, por obligación. La premisa es que no hay que dejarse llevar por recomendaciones de los medios o amigos, si nos llama la atención un libro por su sinopsis lo leemos, y no pasa nada si lo dejamos después de cuarenta o sesenta páginas.
The first third of this book was really interesting and very identifiable. The social impact of spending your childhood behind a book is substatial and I can certainly relate.
Sadly, the author spent most of the rest of the book proselytizing about the awesomeness of true crime, memoir, celebrity biography, and psychological case studies. While I have no issues with those genres specifically, those chapters don't contribute anything to the opening premise. The book presents as a discussion of the social effects of reading, but in truth is just a memoir of the author's own literary experiences.
I agree with the basic premise that the elitism of "literature" drives a lot of people away from the pleasure of reading. Unfortunately, that premise is lost in the rambling middle of this book. Skip the middle chapters and read the better-written conclusion.
Amén al clasismo detrás de la glorificación de la lectura.
Amén a las frustraciones que te genera en tu vida leer tanta ficción (leer no es sinónimo de ser feliz en la vida, aunque lo seas leyendo).
Aunque empecé a leerlo y lo tuve que abandonar porque me urgían otras lecturas para el trabajo, estoy muy contenta por habérmelo terminado. No suscribo el 100% de las palabras de la autora, pero un 90% sí. Leer está bien, PERO.
"Cuando un libro nos absorbe de verdad, nos encontramos en una interesante zona liminar entre el mundo interno y el externo: despiertos pero inconscientes, concentrados pero, idealmente, sin la más mínima conciencia de estarlo. El lector por completo absorto no tiene ni idea de qué hora es ni de dónde está, carece de sensaciones corporales, no existe fuera del libro. Esta es la razón de que estos puedan ser tan vitales para aquellos que se encuentran en una situación mala: gente postrada en una cama, por ejemplo, o encarcelada u hospitalizada. Los libros pueden sacarnos, aunque sea temporalmente, de nuestro calvario presente."
Llegué con altas expectativas por lo prometedor del título, y buscaba algo inmediatamente más "trangresor" o más opiniones polémicas.
Lo que daba para ser punto de debate aquí era lo que Brottman expresaba acerca de lo romantizada que está la lectura actualmente, y me he sentido satisfecha con muchas de las razones que pone de presente. Que leer no te hace necesariamente bueno, maravilloso, intelectual y asombroso; que no todas las lecturas son buenas para todos los lectores, y que cada lector constante tiene ciertas costumbres extrañas que, muchas veces, resultan cuestionables. Hasta ese punto me sentía satisfecha con el ensayo.
Es curioso el modo en el que la autora relata algunas anécdotas para justificar aquello que dice, también, y por ello no le podría descalificar. Me agradó también que trajera a colación el tema de los "libros obligatorios" y tratara el tema de Don Quijote de la Mancha (yo estoy de acuerdo con su opinión y me siento plenamente identificada, aunque no admito plenamente la validez de sus argumentos por el simple hecho de que ella es inglesa, y esto puede variar la experiencia de la lectura -pero no pongo en duda sus estudios en ningún momento), entre otros.
Me ha sido afable también la lectura por el hecho de que conozco, he leído y me siento familiarizada con muchas de las novelas que citó, lo cual hizo mi lectura mucho más interesante. Evidentemente no me siento identificada con su rol (que es en el que ella hace énfasis, por obvias razones), pero aprecio el esfuerzo que hizo con la encuesta.
En resumen, toca muchas temáticas curiosas, pero sentí que se fue un poco por las ramas y en un momento ya no logré conectarme con el centro del libro, pues no sentí abiertamente saltos argumentativos. Le falta un poco de fuerza a la narrativa, quizás, a pesar de que la autora trata de hacerse sentir cercana.
¡Extra, extra!, se confirman los rumores: Blackie Books se ha especializado en soplapolleces.
Hoy, un ejemplo perfecto.
Contra la lectura son 168 páginas dedicadas a que alguien nos recuerde lo que ya sabíamos: que sólo debemos leer cómo y cuándo apetezca, que ni clásicos ni leches y que todos los slogans de fomento de la lectura no valen ni el papel en el que están escritos. Y que si lo nuestro es leer, la literatura no va a salvarnos la vida: ni nos hará ricos ni nos hará mejores personas (suponiendo que busquemos semejante cosa en semejante sitio), por lo tanto, vamo a calmarno.
«Permitidme dejar las cosas claras: no hay libros que «debáis» leer. Seguid mi consejo: si os aburre, no lo pilláis, os resulta soporífero u os provoca dolor de cabeza, dejadlo y pasad a leer otra cosa. Incluso este mismo libro: si no os interesa, ¡dejad de leerlo ya mismo! Abandonadlo, pedid que os devuelvan el dinero, regaládselo a un amigo o tiradlo por la ventana. Sinceramente, me trae sin cuidado».
Por esta tontería y dos horas de un tiempo que jamás podrán recuperar, damas y caballeros, Blackie Books les va a cobrar 17 euracos.
Avisados quedan.
Que sí, es verdad: nunca está de más que nos recuerden que no pasa nada por dejar un libro para siempre a medio terminar; o que la primera norma de un club de lectura ha de ser perderle el miedo a lo que está por venir, desmitificando lo que sea, Tolstoi incluido, o que, efectivamente, tenemos que llevarle una vez más contraria a los agoreros de turno que insisten en anunciar la enésima muerte de la literatura, al menos mientras no contemos con el aval de las cifras oficiales que hablaban de 150.000 libros publicados en 2002, año en el que la NEA realizó una encuesta llamada “La literatura está en peligro”.
«[…] creo que la importancia de la lectura (por no hablar de la escritura) está muy sobrevalorada, y a lo que en realidad deberíamos prestar atención, en un mercado abarrotado y ahíto de libros, no es a la muerte de la lectura, sino a la muerte del criterio. Es relativamente fácil adquirir el hábito de la lectura; es mucho más difícil llegar a ser un lector exigente y con criterio» [John Sutherland citado por Mikita Brottman].
El resto del libro es una suerte de autobiografía de una lectora compulsiva que un buen día descubre que tanto libro y tanto recluirse en el desván y tanto drama inglés la estaban sumiendo en un autismo del que logró escapar por los pelos y de ahí la lección y de ahí este libro y de ahí este desastre mayúsculo de señora venida a más.
Contra la lectura es también una crítica (me gustaría decir “mordaz” pero ni eso me concede) a los bibliomaníacos. Ya saben, esa gente que es más aficionada a los libros que a la literatura, esto es, que prefieren el continente al contenido que es exactamente lo contrario de lo que ocurre con los bocadillos de calamares. Se trata de gente que no merece mucho más que estas líneas que les acabo de dedicar aunque se ve que Mikita ha debido ver en ellos un filón que yo no y de ahí las chorrocientas páginas que dedica a Art Garfunkel, ejemplo perfecto de lo que ella considera un bibliomaníaco de manual, todo lo contrario que su profesora, que al cabo de su vida no tenía un triste libro en casa, motivo éste de sincero y justificado desprecio en aquellos días en los que Mikita sentía la necesidad de mirar por encima del hombro a quienes no adornaban sus estanterías con ediciones en piel de novelas ejemplares.
«De modo que, ya veis, aquí estoy machacando a una persona por no tener libros en las estanterías y menospreciando a otras por tenerlas llenas de ellos. Pero las viejas costumbres tardan en morir, y es casi tan difícil no juzgar a alguien por los libros que tiene (o que le faltan) en las estanterías como no juzgar un libro por la cubierta».
Una parte importante de este libro (libro que, como habrán adivinado, nunca llegará a ocupar espacio en mi estantería) es una “apasionante” (no sé si se aprecia el sarcasmo) encuesta que la escritora hizo a cincuenta y seis lectores adultos «de todas las edades, británicos y estadounidenses a partes iguales, académicos y “legos”» en la que les formulaba las siguientes preguntas: qué libro estás leyendo; cómo eliges el siguiente; si los terminas, si los dejas a medias o que si cuántas páginas necesitas para tomar esa decisión; si sueles diferencias entre trabajo y diversión; si relees y cuánto y pon ejemplos, por favor, amor; si lees en transportes públicos; si recuerdas alguno que te hiciera reír o llorar. Que dónde compras los libros, que cuánto gastas. Que qué de qué. Hasta aquí todo medio normal, las preguntas típicas que los aficionados a la lectura están deseando contestar para demostrar lo que sea que necesiten demostrar. Pero no contenta con eso, Mikita sigue preguntando: ¿usas marcapáginas o doblas por una esquina las páginas?, ¿tomas notas en los márgenes? Si es así, ¿usas lápiz o bolígrafo? ¿A qué velocidad lees? ¿Lees por encima a toda marcha o te detienes para ir saboreando las frases? ¿Cuándo y dónde lees mejor?
En este plan.
Lo juro por San Faulkner.
Las repuestas (¡claro!) son todo lo variadas que pueden serlo las personas: se lee de todo, a todas horas y en toda partes; unos dejan libros, otros no; unos doblan las esquinas, otros no; unos gastan lo que no tienen, otros van a la biblioteca, etc. La encuesta no tiene conclusión básicamente porque no puede tenerla pero aun así la bella de corazón Mikita Brottman concluye que lo mejor es lo que más se parece a lo que viene siendo ella misma y sus circunstancias y sus manías lectoras ya más que superadas.
Llegado este punto uno ya no sabe si seguir leyendo o directamente prenderle fuego, que es al fin y al cabo lo que merece este puto libro que navega entre lo presuntuoso y lo ridículo y que termina como terminan aquellos libros que piden a gritos ser abofeteados.
«Y ahora que habéis llegado al final del libro, cerradlo. Esperad un rato antes de comenzar el siguiente. Podría suceder cualquier cosa. ¿Qué creéis que será? »
Tal vez leer Moby Dick no nos haga parecer más guapos pero al menos (léase este caso) no nos hará parecer imbéciles.
3,5. La verdad es que el libro no está nada mal. Tiene reflexiones interesantes y está escrito de una forma muy amena y desenfadada. No me ha destripado demasiados clásicos, lo cual se agradece 😅.
Definitivamente, no es para mí. Me esperaba algo muy diferente, sobre todo menos didáctico en el sentido de que hay mucha información que te pueden dar en una clase de literatura (la introducción sobre todo, eran páginas de títulos de libros y trabajos sobre libros y lectura que ya son mencionados en la bibliografía y solo aportan más páginas al libro que de por sí es cortito).
Me gustó el título, la portada y la sinopsis, pero no el libro. No conecté con nada, y tuve la impresión de que el público que lo va a disfrutar es principalmente perteneciente a una clase universitaria.
This book amused me quite a bit. I particularly laughed aloud when reading her rather amazing examples of how her college students seem to have no clue that there was a world before they were teens, and that there were books in it. I loved her admission that, like me, she dislikes Russian literature. And for much the same reasons I do. THis is not an indictment of reading, but a charming affirmation for book lovers- while giving the reader permission to read for pleasure and wonder and not because one "has to read this book". i read all the time- truly addicted to the solitary vice, but have finally given myself permission to read only what interests me. For the first time in my life, I've allowed myself in the past few years to put down a book without finishing it, either because it bores me or I've gotten what I need from it. I am also allowing myself to say what is true far too often "literary" fiction is often a real snooze- focused more on impressing the reader with one's style than on creating a believable and fully fleshed world. Just because one Kingsolver is excellent doesn't mean they all are. Just because Chabon or Sedaris or Franzen have written one good book and become adopted by male reviewers who are just like them does not mean they are on my list of "must-reads". Now, this is making my ability to hit my 150 book goal this year harder- I don't count unfinished books except in the rarest of circumstances, and I won't pad the list with silly short chaff. But I am enjoying what I read more and that is what should count for any of us. And this book was just plain fun.
“autobiografía de una lectora tremendamente inusual y particular." Así es como describe la autora su libro en la introducción. Y aunque no este de acuerdo con este título (por lo de tremendamente inusual) me parece mejor que “Contra la lectura ". Porque no hay realmente una crítica dura contra la lectura y opiniones polémicas, tal vez un poco en las primeras páginas y el último cuarto del libro. Pero no es algo que no hayas pensado por ti mismo o escuchado. Y como que se contradice por momentos.
Aún así pase unos buenos momentos con el libro. A mí se me hizo ameno, disfrute sus anécdotas, apunte algunos libros y me reí con citas como está:
«El paraíso perdido es un libro que, una vez dejas de leerlo, es muy difícil retomarlo. Nadie deseó nunca que fuera más extenso».
Si vas a comprarlo buscando un libro polémico, que remeza tus opiniones sobre la lectura o que sea contra los pedantes de la lectura como se menciona en la sinopsis. Yo no te lo recomendaría. Creo que se queda muy corto en esos temas. El libro es más bien un conjunto de anécdotas y opiniones muy personales de la autora respecto a la lectura.
PD: Editoriales, bájenle el precio al libro. ¡Está muy caro!
Es un libro que te cambia por dentro, pues aunque la autora se define como una defensora de la lectura, nos habla de otros aspectos ‘más negativos’ de ella, y de hasta qué punto las campañas de concienciación por la lectura son efectivas o crean el efecto contrario. En este caso se plantea la siguiente cuestión: ¿Por qué las campañas de lectura siempre inciden en que un libro te hará vivir más feliz, cuando existen libros duros de leer?
Estoy 100% segura de que conocéis a alguien que solo "lee libros buenos" o considera que la literatura romántica no es literatura... Es decir, gente que se cree lo suficientemente culta como para saber discernir si algo es bueno o malo. Spoiler: nadie tiene la potestad para decirle a otra persona que lo que está leyendo es una basura. ¿Que a ti no te gusta ese tipo de literatura? Estás en tu derecho, lo que no es justo es que puedas decirle a alguien que lo que está leyendo no es buena literatura. Las personas, a lo largo de nuestra vida vamos adquiriendo gustos por un tipo de literatura u otro, al final siempre acabamos volviendo a nuestros favoritos. Pero una persona que solo lee clásicos no tiene derecho a decirle a una persona que lee romántica/fantasía, que no es buena literatura (meto estos géneros porque son los más recurrentes en ese tipo de comentarios). Mikita Brottman, a través de su ensayo Contra la lectura, se plantea este tipo de cuestiones: ¿hay realmente buena literatura? ¿por qué mandamos leer una clase de libros a los estudiantes? ¿por qué leemos?
Interesante ensayo. El título es cierto ¡la autora escribe contra la lectura! (wow) relata su propia experiencia como joven/niña absorta en la lectura, a la que culpa de muchas de sus desgracias sociales. Interesante el primer capítulo donde compara el hábito de leer con la masturbación. El resto del libro lo pasé aumentando mi lista de "libros que quiero leer"... no me convenció ni una pizca su débil argumento contra la lectura.
¿Tienes rituales para la lectura? ¿Un libro que siempre hayas querido leer? O ¿Un libro que siempre ha estado entre tus pendientes? Preguntas como estas y muchas más, es por las que avanza Mikita Brottman, académica inglesa en torno a la lectura. Leer muchos libros o tener el hábito de la lectura no te hace mejor persona o más inteligente, sino que es parte de tus nociones de vida y quizás, como una parte fundamental de quién tú eres; pero no por ello debe transformarse en hacer “divinos” o intocables a los libros, como si por el mero hecho de existir se transformaran en piedras angulares de cualquier vida. Es un ensayo lúcido, entretenido, que entrega muchas recomendaciones, tanto de hábitos como de lecturas, cruzado por la propio biografía de la autora que a veces se arrepintió de tener un mundo en los libros y perder la esperanza en el mundo real, porque las lecturas pueden causar eso. Un libro para pensar y digerir este hermoso hábito de leer, pero quitando toda muestra de que se transforme en un acto religioso. Una agradable forma de adentrarse en el mundo literario.