Antiguamente, digamos cuando aún no existía el ascensor, no estaba popularizado o su instalación se circunscribía de un modo casi exclusivo a los inmuebles dotados de mayor solera, los pisos bajos eran los de la gente pudiente, mientras que los situados en las plantas más altas, y en última instancia, las buhardillas (hoy áticos, un término más elegante y que vende mejor, que al fin y al cabo es a lo que se reduce todo, al mercantilismo) era a donde se mandaban a los jóvenes, a los bohemios, y en definitiva a la gente de escasos recursos económicos.
En la actualidad, y al menos en lo que a entornos urbanos se refiere, se le ha dado la vuelta a esta tortilla de las preferencias habitacionales, y es todo lo contrario: buscamos elevarnos por encima del “mundanal ruido”, desconectar del estrépito de un sinsentido que reverbera en el vacío de una existencia huera, angustiosa, vesicante, y lo que nos mueve es la demanda de paz y tranquilidad, o el conectar con nosotros mismos, con nuestra voz interior, con la trascendencia; citando a Ritxi Ostariz: con las fuentes de lo sagrado.
Esta historia despresurizada en tres fragmentos ubicados en diferentes localizaciones en el espacio y el tiempo, enlazados entre sí por un intangible hilo conductor, trata de tres maneras distintas en las que un hombre intenta elevarse para alcanzar la soledad.
En la primera, envuelta en propósitos más místicos, se encarama al capitel de una columna mientras a su alrededor el país es arrasado por una plaga. La segunda, de un cariz más personal y científico, viaja a estudiar la flora y fauna de la cima de una remota montaña. La tercera, mucho más actual y hermética es la que termina de explicar a este binomio de personajes, cuyas representaciones adoptan formas diversas en función del relato, conservando de su esencia original tan solo el nombre.
Él es el silencio y ella los crujidos.
«Escúchame bien. Olvida el miedo y el silbido del viento en tus oídos y escúchame. Hay dos momentos importantes en la vida: cuando descubres que no eres como los demás y cuando descubres que no eres tan distinto como creías».