El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer conforman la trilogía que Luis Mateo Díez dedicó a ese Reino en el que, en el correr de los siglos, se explora su memoria y el destino de la tierra y de quienes la habitaron. El Premio de la Crítica y el Nacional de Literatura reconocieron, en su momento, la ambiciosa conquista de un territorio imaginario, que es ya un clásico de la literatura contemporánea.
Luis Mateo Díez Rodríguez (Villablino, León, 1942) es autor de, entre otras, las novelas La Fuente de la Edad (1986), con la que obtuvo el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica, El expediente del náufrago (1992), Camino de perdición (1995), La mirada del alma (1997), El paraíso de los mortales (1998), Días del Desván (1999), Fantasmas del invierno (2004) y Azul serenidad o la muerte de los seres queridos (2010) todas ellas publicadas en Alfaguara. Antes de reunirse en este volúmen, sus fábulas estaban publicadas en El diablo meridiano (2001), El eco de las bodas (2003), El fulgor de la pobreza (2005) y Los frutos de la niebla (2008). Y todos sus cuentos están recogidos en El árbol de los cuentos (2006). Con La ruina del cielo (2000) obtuvo el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. Pájaro sin vuelo (2011) y La cabeza en llamas (2012) son sus últimos libros. Es miembro de la Real Academia Española y Premio Castilla y León de las Letras.
Reunión en un único volumen de El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer, la trilogía de Celama. Magnífico en fondo y forma. Lo empecé con el temor de encontrarme algo parecido a la Región de Benet, pero la proximidad es meramente geográfica. El Territorio de Mateo Díez está poblado por infinidad de seres, vivos y muertos, que nos narran sus historias individuales enmarcadas en ese paisaje del Páramo. Pero es eso, un marco literario, no una definición topológica. Lo importante es lo que ese territorio hace de sus gentes, que no viene determinado por su geología, sino por esa magia con la que los grandes escritores fusionan personajes y espacio. Celama es un poco como llevar a Macondo los cuentos de Anxel Fole, un territorio mágico/real que en lugar de una naturaleza tropical nos ofrece inviernos nevados y llanuras desoladas en las que crecen mil y una historias. En El espíritu del páramo empezamos a conocer la tierra y sus gentes, y aparece ya el que será el narrador de la segunda parte, el médico Ismael Cuende. En ambas novelas se nos narra en retales salteados el paso de un páramo desértico, en el que sólo los Pozos aliviaron el trabajo ingente del secano, a la construcción del embalse que permite el paso al regadío y la modernización del territorio. Y por allí pululan todo tipo de vecinos y vecinas: envidiosos, airados, enamorados, solitarios… La tercera novela, El oscurecer, está protagonizada por el Viejo, que había aparecido como niño en la primera parte. Nacido en la Vega, trasladado a Celama de pequeño y llevado a la ciudad por su hijo al empezar a perder el sentido, trata ahora de retornar a un lugar (a un tiempo) que ya no es el que él recuerda. Hay que seguir leyendo a este hombre.