En este poemario de Shin Dal-ja están todas las acepciones del papel como núcleo sensible, como huella de la historia humana. Elemento del pasado y del futuro, el papel resume la divina y salvaje relación del hombre con la naturaleza. Pero también cifra la relación del hombre con su propio interior. Gracias a estos ejes, sin caer en reducciones históricas y apuntalando en "el espíritu del papel" una metáfora del tiempo, Shin Dal-ja ofrece un libro complejo y capaz de transmitir al lector de habla hispana todas las texturas de una poesía oriental que, en el siglo XXI, por fin nos mira con los ojos bien abiertos. Oliverio Coelho.
Me gusta mucho el hecho de que acá el papel aparece en casi todos los poemas, pero no solo por su fisicalidad, en blanco, o incendiado, o en cualquier forma que tome, sino también en lo que simboliza. Y me gusta mucho que simbolice tranquilidad, o paz. Como un papel en blanco, como un lago. Confieso que traigo una enorme obsesión con Corea, y ando buscando leer más literatura de ahí. Tengo que decir la obviedad de que tiene muchas capas para seguir leyendo, como muchas hojas una encima de la otra. Precioso.
Acostada la carne, acostados los huesos, acostada la danza de la llama alborotada, tranquilos incluso los rayos y truenos y las fuertes olas, haciendo descansar en un momento pacíficamente el dolor de este cuerpo atormentado,
sumergido en el papel,
sumergiéndose para llegar a ser papel,
tan sólo pacíficamente,
aunque me acueste apoyada en la almohada de cuchillo.
Reflexiones sobre superficies, materias, vidas hechas papel. Signo que reconoce un vínculo de cortezas y pieles, y la mano que escribe y lo que imagina.