«Hay porquería por el suelo (muck) y tiene que ser arrancada con el rastrillo (rake). Quienes lo utilizan son indispensables para el bienestar de la sociedad, pero sólo si saben cuándo parar…». Sin pretenderlo, el presidente Teddy Roosevelt había acuñado un término que acabaría calificando un tipo de periodismo, el muckraking –llamémosle «de denuncia»–, que llegaría hasta el Watergate o wikileaks. Pero, ¿quién decide cuándo parar y por qué? A principios del xx, Estados Unidos era un país en ebullición, incapaz de contener los excesos de un capitalismo industrial desbocado, desbordado por oleadas de inmigrantes, un caldo de cultivo ideal para las desigualdades, y la corrupción política y económica. Periodistas y escritores se propusieron desenmascarar sistemáticamente esas lacras e intervinieron en la vida pública denunciando la corrupción, los abusos empresariales, las infrahumanas condiciones laborales y de vivienda, la manipulación de los alimentos… Gracias a una investigación concienzuda, sus crónicas promovieron cambios legislativos o tuvieron una insospechada repercusión social. Eran otros tiempos. ¿O no? La selección recogida en este libro reúne textos seminales de esos pioneros del periodismo crítico, así como un completo estudio de lo que representaron estos muckrakers, unos textos imprescindibles también para este tiempo «problemático y febril» en que vivimos.
Un libro absolutamente imprescindible de leer para todo periodista que se precie, y también, por supuesto, para cualquiera que esté interesado en historia bien documentada y contada desde el enfoque periodístico. La edición de este libro es impecable: la manera en la que se presentan, documentan, cuentan e hilan los temas tratados es magnífica. Leer los artículos originales que se incluyen en él no tendría ni la mitad de impacto, empaque o capacidad educativa si no estuvieran acompañados por las introducciones o escritos previos que los acompañan, y que son obra del editor/autor.
Aparte de la calidad de la edición y el trabajo de investigación, que en mi opinión son inmejorables y dejan ver que Vicente Campos tiene un conocimiento profundo (y en el que se puede confiar) de todo lo que habla, el valor de los artículos presentados y los periodistas y escritores recogidos es altísimo, y muy de agradecer para una periodista ávida de conocimientos sobre la historia de su profesión, en la cual creo fervientemente, a pesar de todo.
Me ha gustado que el autor no tenga miedo de tomar partido en sus consideraciones sobre los personajes que presenta, y que escriba de una manera comprometida y no solo didáctica e introductoria. He sentido que la información y las personas que componen este libro tomaban cuerpo y alma, que tenían sentido y merecían ser conocidos por mí, y por todo el que quiera conocer la historia real de lo que inevitablemente (o no), constituye una gran parte de la historia de occidente: el nacimiento y creación de un país en el que nos hemos fijado, y al que hemos imitado, y que ha sido la cuna de muchos acontecimientos y efemérides sociológicas que aún nos acompañan hoy en día.
Quiero dar las gracias a Vicente Campos por haber creado esta obra, por haber agitado todas mis fibras periodísticas, y por haberme ofendido y apenado tantísimo con los hechos puros y duros de los que me iba informando, ya quisiera yo o no, a través de estas páginas. Quiero darle las gracias por mantenerme pegada a la silla sin poder parar de leer todos los capítulos que contiene este libro, pero sobre todo los de las viviendas y el trabajo infantil, que me obligaron a apartar la vista de las páginas varias veces por la rabia y la indignación que sentía a cada palabra que pasaba.
Quiero darle las gracias por no omitir la verdad, por dolorosa que fuera. Y también, por utilizar el epílogo como estocada final, por si aún alguno de nosotros no había entendido el grito silencioso que, audible solo por los periodistas de verdad (perdón), se estaba profiriendo en cada párrafo, en cada trozo de prosa desnuda e inmisericordemente llena de realidades, verdades, verdades como puños. Ese grito final, acompañado de la melancolía propia de un mundo que otros vieron terminar pero que algunos de los de ahora nos negamos a enterrar, sirve para despertar cualquier conciencia.
Este es un libro que desearía poder memorizar de principio a fin. Sin embargo, ya que no cuento con esa capacidad, sin duda se quedará tan cerca como pueda tenerlo para citarlo, mimarlo y tenerlo muy en cuenta durante el resto de mi carrera.