Se suele decir en restauración que el postre es la parte más importante del menú porque al ser el último elemento del mismo influye de forma decisiva en la impresión que el cliente se lleve del local. Con Assassination Classroom me ha pasado algo parecido. Se trata de un manga que comienza proponiendo una parodia muy loca de "El club de los poetas muertos" sustituyendo a Robin Williams por Koro-sensei ("maestro imposible de matar") un pulpo monstruoso y amarillo, de permanente sonrisa de gato de Cheshire, provisto de una velocidad de Mach 20 e increíbles reflejos, que ha destruido la luna y que en un año destruirá la tierra. En el interín el pulpo solicita, por motivos desconocidos, ser el maestro de la clase 3-E de un colegio de élite, la clase de los marginados, los expulsados de las aulas "normales". A cambio, y con supervisión gubernamental, los alumnos de la 3-E deberán asesinar a su profesor en el plazo de un año, antes de que destruya la tierra.
Pues eso, que la propuesta es tan absurda y tan llena de wtf? que resulta muy atrayente. Pero enseguida Matsui se desentiende de agitar la zanahoria del misterio central de AC y se centra en la particular vida escolar de los alumnos de la 3-E, llena de enfrentamientos con el resto de clases del colegio, enfrentamientos con secuestradores, enfrentamientos con misteriosos personajes que quieren asesinar a Koro-Sensei, enfrentamientos con el rector del colegio, y un par de intentos de asesinato (el del flan es gracioso, lo concedo). En fin, un rollo patatero que se sostiene por el tono humorístico y, sobre todo, por el peculiar carácter de Koro Sensei, que es un gran personaje que absorbe todo el protagonismo como un Charles Laughton con tentáculos, una mezcla de la idea platónica del profesor perfecto y Sembei Norimaki (Dr. Slump); amante del dulce y las tetas grandes, cotilla, quisquilloso, pesetero, vago, resentido, etc, etc, etc, y así podríamos seguir hasta cuarenta y tantas graciosísimas debilidades. Pero que a su vez se gana a sus alumnos con su sentido de la ecuanimidad, sus refuerzos positivos, su capacidad para hacer grupo y, sobre, todo, por su inquebrantable amor y fe en ellos.
Por otro lado en estos primeros volúmenes tampoco es capaz Matsui de dar vida a su elenco de secundarios con la suficiente solidez y gracia, algo imprescindible para sostener una comedia coral. Los alumnos, salvo los dos o tres con más protagonismo, no aparecen bien definidos y algún secundario, como la profesora Vitch es más bien meh. No es hasta los últimos tomos en los que cada uno de ellos resulta más reconocible y apreciable para el lector.
Y así avanza AC durante demasiados tomos con un interés cada vez más decreciente por mi parte, hasta que a partir del tomo 12 todo lo anterior parece mero terreno de aprendizaje para Matsui. Por fin se empieza a tratar el misterio de Koro Sensei, por fin la narración se centra en los personajes y no la acción, personajes que se ven perfilados con más nitidez aunque sea con un mero par de trazos, se les ubica en situaciones cotidianas más adecuadas para ellos (el capítulo de San Valentín es estupendo) y poco a poco Matsui va construyendo un adecuando crescendo (que, también hay que decir, está a punto de saltar el tiburón con lo del viaje espacial) hasta que desemboca en un emotivo capítulo final donde converge todo el largo viaje de un año de educación, donde todos han aprendido de todos, culminando en un rito de paso, en el sacrificio heroico del propio Koro Sensei que permitirá que los alumnos lleguen a la madurez pertrechados con una serie de valores inestimables; la autoaceptación de su propia singularidad, la creencia en uno mismo, el espíritu de grupo, el esfuerzo colectivo, la dignidad personal, la importancia del compañerismo, la amistad, y, también el amor. Matsui construye estos últimos episodios de modo magistral convirtiendo al tebeo en un inteligente y emotivo manga juvenil de celebración de la vida, gracias a lo cual Assassination Classroom, a pesar de su laaaaarga irregularidad, queda para siempre en el recuerdo de sus lectores.