Lo que mejor define a Ygdrasil es, como dice la misma contraportada, "cyberchamanismo". Ygdrasil es una historia épica y mística de ciencia-ficción que transcurre en un planeta Tierra dominado por la tecnología biológica y espiritual. El ser humano ha aprendido a observar el plano de las almas, puede comunicarse con ellas, forzarlas a poseer cuerpos, determinar las encarnaciones previas de los seres humanos, conectarse a una especie de internet espiritual, todo esto a través de tecnología biológica y chamánica (potenciando las conexiones, por ejemplo, con el uso de mescalina y sexo).
Ese es el entorno. La historia es una especie de Ilíada, en la que la protagonista, Mariana, una asesina y hacker, debe entrar a varias fortalezas místico-informáticas para descubrir y robar información de un proyecto ultrasecreto que podría destruir la humanidad. Mariana, ex junkie y asesina, es forzada a trabajar para un servicio de inteligencia mexicano para cumplir esta misión, y será ayudada por el espíritu de un radiooperador muerto durante la 2ª Guerra Mundial y una criatura sobrenatural a la que llaman "selknam", que vive simultáneamente en distintas líneas temporales y distintas realidades.
Mi análisis no irá por el lado de la ambientación (que es, por supuesto, muy interesante y original... al menos yo no había leído algo parecido antes), sino por el estilo y el desarrollo de la historia, que es lo que más me importa.
La historia del héroe que no desea cumplir su destino es bastante clásica. También lo es la idea de que todo está predestinado y que el héroe es sólo un juguete del destino. Lo que es propio de Ygdrasil es que la heroína no tiene control sobre su destino, sino que es una simple pieza de ajedrez que es movida a la fuerza sobre un tablero desconocido. En Edipo rey, por ejemplo, el personaje también está determinado por el destino, pero no hay una fuerza externa que lo manipule para que cumpla con él: los personajes cumplen su destino sin que se percaten de ello, en base a sus decisiones y sus muy humanos intentos de burlar su suerte. El peor error que cometen los protagonistas de Edipo rey es, precisamente, preguntar por su destino al Oráculo, porque desde el momento en que lo saben, intentan evitarlo y con ello desatan la serie de acontecimientos que los llevará a su ruina. Pero el desastre sigue siendo una decisión: los protagonistas tienen control de su destino, porque ellos lo provocan. Pues bien, cuando un personaje es obligado por la fuerza a hacer algo que no quiere, cuando lo amenazan con cosas peores que la muerte si no ejecuta lo que supuestamente es "su destino", deja de ser un personaje y se convierte en un títere. Pues bien, esto es lo que pasa con Mariana, la protagonista de Ygdrasil.
Quizás haya lectores a los que esto les resulte atractivo. A mí no: desde la primera vez que aparece, Mariana no tiene poder sobre su vida. Primero es impulsada por la adicción, después es obligada bajo amenazas a infiltrarse en una red de computadoras místicas, y a medida que avanza la historia, más y más personajes la obligan a hacer tal cosa, a tener sexo con alguien que no quiere, y la empujan tanto y hacia un destino tan oscuro que finalmente uno le pierde la lástima al personaje y sólo termina teniendo rabia con esta Deus ex machina que le impide al personaje actuar. Es cierto, el personaje de Mariana tiene miedo y se mueve por miedo al sufrimiento, por miedo a que la conviertan en una "perra" como fue su madre (una "perra" en Ygdrasil es como una prostituta sin brazos ni piernas, consciente, pero incapaz de interactuar con el mundo) o a que destruyan su alma. En este sentido, el hecho de que haga lo que le dicen va de acuerdo a su personaje. Pero un personaje así no me resulta atractivo. Prefiero el personaje que lleva las riendas de su destino, aunque eso lo condene. Un personaje que tome sus propias decisiones, que desafíe lo que los demás esperan de él, para bien o para mal. Mariana no tiene nada de eso. Y por ello, uno espera con ansias a que en alguna parte, al menos en el final, ella se rebele...
[spoiler] Pues bien, no lo hace. Hasta el final se deja manipular estúpidamente, y ni siquiera nos deja la satisfacción de matar a los personajes más desagradables: al único personaje que mata en toda la novela lo hace por manipulación de otro aún más poderoso, y con eso Mariana se condena a una eternidad de ser violada por una biomáquina. [/spoiler]
Otra cosa que me molestó es que hay algunos personajes secundarios muy interesantes, y que llevan el hilo de la acción (al menos así parece durante un buen rato), pero que después desaparecen de la escena [spoiler] y de pronto nos enteramos de que han muerto. La situación es muy frustrante, ya que uno esperaría que un personaje que te ha acompañado durante un tercio de la novela y que se han preocupado de desarrollar al menos reciba una muerte "en cámara", pero nada. [/spoiler]
Respecto al estilo, Baradit usa un lenguaje muy barroco: carga las escenas de descripciones y detalles obsesivos sobre el aspecto de cada máquina, del funcionamiento de las redes cyberchamánicas, de las heridas y las cicatrices... A veces, la novela parece una guía para el dibujante del cómic o una guía sobre el mundo más que una historia. También hay una obsesión por utilizar imágenes poéticas y oníricas para describir sensaciones de los personajes, una lírica que, mejor dosificada, podría quizás darle otra dimensión al relato. Pero como estas imágenes oníricas aparecen en forma casi constante, acabé casi saltándomelas para llegar a la acción.
Hay párrafos enteros llenos de explicaciones y detalles que simplemente obvié porque no aportaban a la historia (y de hecho no eran necesarios para entenderla). En resumen, la novela abusaba de la datografía. No puedo criticar mucho a Baradit con ello: yo soy escribidor y tengo el mismo problema. De hecho, ese es el problema de la datografía: al que escribe le parece genial, y lo cree fundamental en su historia, dice que con ello le está dando textura y profundidad a su mundo, y que su datografía es esencial para entender otros niveles de la historia. Pero para quien lee la datografía es una lata: los que tenemos esa tendencia debemos trabajar arduamente después para extirpar todo lo que sea latero y reservarlo a una posible guía del mundo, si es que la historia que narramos llegara a tener éxito (y ese es un gran condicional).
Ahora, si lo que escribimos llega a ser exitoso, nada nos impide publicar después una guía del mundo con todos los datos y trivialidades que no aparecen explícitamente en la novela. Existen numerosas enciclopedias sobre el mundo de la Tierra Media, la mitología de Cthulhu y del universo de Doctor Who, pero eso es material orientado a los fanáticos, no al lector común, que representa un número mucho más importante. Alguien podría argumentar que Tolkien llenó de datografía El señor de los anillos, pero también es cierto que para disfrutar la novela uno puede olvidarse de Radagast el pardo, Tom Bombadil, el ariete Grond y de todos los héroes y príncipes que participan en la batalla de los campos de Pelennor. Así lo entendió Peter Jackson, y es por eso que sus películas son tan atractivas. La datografía por supuesto no le quita mérito literario a Tolkien, pero entendamos que es una apuesta riesgosa. Ni siquiera me imagino cuántos escritores de novelas históricas, de fantasía o de ciencia ficción deben haber fracasado porque la datografía aburría a sus lectores (de hecho, hasta Stieg Larsson con Los hombres que no amaban a las mujeres abusaba de datos irrelevantes, como la marca y las características técnicas de los computadores que usaban sus personajes). En el caso de Ygdrasil la datografía no me imposibilitó acabar la novela, pero me la hizo bastante más pesada.
Resumiendo: una historia entretenida, pero con una protagonista que no actúa, sólo se deja llevar por la corriente. Un estilo barroco, lleno de imágenes simbólicas que se van comiendo la historia y un exceso de datos sobre el mundo que, en lo particular, me iba saltando. No sé si la recomendaría, pero teniendo en cuenta que me gustó mucho Synco, que Baradit es uno de los pocos escritores chilenos geeks y que además se atreve a hacer cosas innovadoras, tampoco me gusta destrozarla... ¿Me creerán si digo que lo hice con cariño?