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Los caciques

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En el pequeño pueblo de Villalgancio, el puesto de alcalde y el de mayor cacique local es ejercido simultáneamente por el corrupto Don Acisclo Arrambla, al que se le notifica la llegada de un inspector que debe analizar sus cuentas. Don Acisclo, siguiendo su tendencia natural, se propone comprar la voluntad del inspector con todo tipo de agasajos. Sin embargo, quienes aparecen en el lugar son Alfredo y su tío con intención de solicitar la mano de Cristina, la sobrina del regidor. Estos son confundidos por el inspector, provocando todo tipo de malentendidos.

48 pages, Paperback

First published February 13, 1920

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About the author

Carlos Arniches

172 books5 followers
Carlos Arniches y Barrera (Alicante, 11 de octubre de 1866-Madrid, 16 de abril de 1943) fue un comediógrafo español de la generación del 98. Fecundo autor de sainetes y comedias, se recuerda sobre todo como pintor de los ambientes populares de Madrid, cuyo chulesco y castizo lenguaje supo recrear de forma inimitable, inspirándose en la zarzuela y en el teatro por horas del siglo xix.

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Displaying 1 - 3 of 3 reviews
Profile Image for Rita.
412 reviews92 followers
March 22, 2021
Pierde algo de fuerza conforme avanza quizá porque el comienzo es tan actual, la obra es de hace 99 años, que no puedes evitar reírte.
Ay, que poquito hemos cambiado. En el abuso de poder de un alcalde y su comandilla se ve. España ha tenido una horrible picaresca desde siempre.

«Aquí, en este pueblo de mi mando, no hay más que dos partidos políticos, ¡dos!..., porque no quiero confusiones; el miista, que es el mío, y el otrista, que son toos los demás»

Me lo cuenta Carlos Arniches en 1922 y me suena tan actual... #PocoHemosCambiado
Profile Image for Scherzo.
448 reviews36 followers
March 25, 2023
DON ACISCLO: Y le voy a probar a usté su malquerencia, que la tengo conocía en toos los detalles. Aquí, en este pueblo de mi mando, no hay más que dos partidos políticos, ¡dos!..., porque no quiero confusiones; el míísta, que es el mío, y el otrista, que son toos los demás; güeno, pues los dos último años se han muerto cinco personas en el pueblo…; pues toos de mi partido. Y eso no se lo aguanto yo ni a usté ni a nadie. Conque u se mueren cinco presonas del partido contrario en el término de dos meses u no cobrará usté un real.
DON SABINO: Señor alcalde, es que los otristas no son más que tres.
DON ACISCLO: Pues que se mueran dos veces caa uno.

GARIBALDI: Servidor vengo sobre su cuñao de usté, que me ha tirado dos coces el macho, porque lo tien enseñao a cocear a los republicanos de una manera, que en cuanto se habla de Lerroux no hay quien pare a su lao.
DON ACISCLO: Yo, en las opiniones políticas del macho, no me puedo meter.[...]
GARIBALDI: Pues naa; paso por lo del macho, paso por que sea cartero, paso por que sea cojo siendo cartero y paso porque siendo cojo y cartero no sepa leer ni escribir;pero por lo que no puedo pasar de nenguna de las maneras es por la forma que tiene de repartir la correspondencia.
DON ACISCLO: ¿Qué forma tiene, vamos a ver?
GARIBALDI: Pues naa, que coge las cartas y las deja encima una mesa a la puerta de su casa. Usté va y mira; que hay una carta que es pa usté, pues deja usté cinco céntimos y se la lleva; que no es pa usté, pues deja usté diez y la coge si quiere. Y cuando se presenta el interesado a reclamar pues le ice: “¡Haber venío antes!”
DON ACISCLO: ¿Y qué pero ties que ponerle a eso?... ¡Yo no os entiendo! Estáis clamando día y noche por la libertá y en cuanto un funcionario público sus deja en libertá…
GARIBALDI: Es que queremos libertá con orden y con justicia, que es lo que no hay en este pueblo.

DON ACISCLO: ¡Que estáis faltando a la ley!
DON SABINO (Airado): Pero ¿qué entiende usté por ley?
DON ACISCLO: Una cosa que me permite a mí poner multas; conque cincuenta duros ca uno. Morrones, avisa a la Guardia Civil.

EDUARDA: También. Me lo dio en la rotonda, en la rotonda de mi casa. ¡Mamá dormitaba, yo confiéme, él incitóme… y, al fin, imprimiómelo! ¡Cuáto adoréle! Pero, ¡oh funesta coincidencia!, también el mío, como el tuyo, desapareció un día súbitamente.

PEPE: ¡Por Dios, Alfredo!... ¡Trabajar!... No insistas, caramba! No me hables a mí de trabajo. Nada de propósitos antiprogresivos. Fíjate en las aspiraciones del proletariado universal. Ahí tienes las “trade unions” de Inglaterra, los “sein feiner”, los “forein besteblat”. “L’internationel” y todas las grandes colectividades societarias; todas las grandes masas uniéndose para no hacer nada o para hacer lo menos posible… ¿Y vamos ahora nosotros (hombres cultos) a volver la cara a las corrientes modernas? …¡De ningún modo!... ¡Trabajo, no!

PEPE: Ya me ha dicho que me dará un cuaderno con instrucciones para usar el mobiliario sin peligro.
ALFREDO: Verdaderamente en estos tristes pueblos españoles todo es extraño, temeroso, desconcertante…
PEPE: Porque todo es viejo, solapado, sin sentido renovador… Muebles y personas… ¡Todo tiene un misterio, un secreto, una mácula!...

DON SABINO: ¡Yo qué he de ser!... Yo no soy enemigo de nadie, señor; pero como yo no he tolerado que mi asistencia a los enfermos esté mediatizada por los caprichos políticos de un bárbaro, me llama su enemigo y me persigue, y no me paga, quiere hundirme en la miseria y la desesperación, o quizá lanzarme al crimen… [...] ¡Qué saben ustedes, los que viven lejos de estos rincones!... Treinta y cinco años, señor, me he pasado de médico titular, de médico rural, luchando siempre contra el odioso caciquismo; contra un caciquismo bárbaro, agresivo, torturador; contra un caciquismo que despoja, que aniquila, que envilece… y que vive agarrado a estos pueblos como la hiedra a las ruinas… Yo he luchado heroicamente contra él con mi rebeldía, con mis predicaciones; porque yo, que la conozco, estoy seguro de que en esta iniquidad consentida a la política rural está el origen de la ruina en España.
PEPE: Ah, sí; tiene usted razón, señor mío, y lo grave es que esa tremenda iniquidad de que usted habla no desaparece porque en ella tienen su fundamento las tradicionales oligarquías de nuestra vieja política.
DON SABINO: Exacto, exacto…
PEPE (Sigue con exaltación oratoria): Por eso este mal es tan hondo y tan permanente, porque es base de muchos intereses creados, raíz sustentadora de muchos poderes constituidos.
DON SABINO: ¿Y será tal nuestra desgracia, señor, que esta vileza no tenga remedio?
PEPE: ¡Cómo no!... Abandonemos valientemente este árbol añoso y carcomido de la política caciquil y plantemos otro joven, sano y fuerte que absorba para sí la savia fecunda u seque al otro y dé con él en tierra; porque sólo en las ramas de es árvol nuevo podrá cantar el pájaro de nuestra aurora… (Aparte.) ¡Ojeda, que te pones cursi!
DON SABINO: ¿Y usted que lo sabe y que lo dice, por qué no va a Madrid y lucha para lograrlo, y trabaja?...
PEPE (VIvamente y con disgusto): ¡Ah, no; trabajar, no!... A mí pedidme verbo, no acción. Yo soy un apóstol, los apóstoles no han trabajo nunca. Además, yo, que me parezco un poco a los políticos españoles, soy como un libro de cocina: tengo recetas para todo; pero… pero hay que buscar la cocinera.
DON SABINO: Pero si la cocinera no aparece, ¿qué vamos a hacer políticamente los españoles?
PEPE: Pues lo que venimos haciendo, ¡comer fiambre!... Pero usted, mi pobre amigo, no ceje en su generosa lucha.
Profile Image for Alba Gascón.
28 reviews1 follower
May 24, 2025
S. Pero, ¿Qué entiende usté por ley?
C. Una cosa que me permite poner multas; conque cincuenta duros cada uno.
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