"Escucho ruidos de la máquina. El aire frío entra por mi nariz todo el tiempo. Necesito saber para qué sirven todos estos cables. ¿Por qué hay tantos? ¿Por qué la música −pi, pi, pi−, suena siempre? Necesito saber muchas cosas." Cuando Michael Josch nació, hace veintidós años, llevaba veinticinco semanas de gestación, pesaba setecientos setenta gramos y medía treinta centímetros. Con el pulso constante de los monitores como una suerte de música de fondo, este libro recrea una voz que sólo es posible en la ficció la de un cincomesino en la incubadora. Siguiendo la huella de una cicatriz que surca su espalda, el autor hace el ejercicio de volver atrás en el tiempo para convertirse en detective de sí mismo. Pregunta, investiga, habla con especialistas, acude a las salas de neonatología de los hospitales. Sin golpes bajos y con toques de humor, relata la tensión entre la vida y la muerte, los avances y retrocesos, los infinitos matices que encierra la condición de "estable", la presencia siempre en vilo de los padres, el rol de médicos y enfermeras. Esta emocionante novela autobiográfica reconstruye la crónica íntima de su supervivencia y deja flotando en el aire algunas preguntas. ¿Se deja alguna vez de ser un prematuro? ¿En qué lugar de la memoria se almacenan esos hechos dramáticos? ¿Qué queda en el adulto de aquel frágil bebé?
Al momento de publicarse este libro comenzaba mi primer y única gestación. No sabía entonces que iba a vivir la experiencia prematuro, en mi caso una niña de 26 semanas y 803 gramos.
Entre lo imaginado y reconstruído por el autor hay muchas vivencias comunes como el tener paciencia, no entender por qué no pueden dar más seguridades o fechas concretas y la comunidad que se arma con los compañeros de unidad. Y las 4 de la mañana, una hora que ya estaba marcada durante el embarazo pero que persiste en el tiempo, incluso cuando los niños estan grandes y autónomos.
Hoy, casi 8 años después, encuentro recuerdos en algunos de los capítulos, como experiencia compartida a través del tiempo y espacio con todas esas familias que recibieron a un apuradito antes de lo esperado.