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248 pages, Paperback
First published January 1, 2001
Supe que al correr comenzaba a perderla, que también me perdía yo en lo que dura un parpadeo.
Lo primero que consideré fue si valía la pena quedarme en este país no sólo a comer mierda, sino también a limpiarla. Y ajena, para colmo de males.
Sigo pensando en ella. Tiene que llover para arriba el día que deje de pensar en Reina. ¿O en qué otra cosa puede pensar un perdido que no sea en el único lugar que recuerda? Reina también es ese lugar donde la dejé sola y esa valla que es lo único que recuerdo.
Este país, así lo llamamos todos, con una pronunciación despectiva que acompañamos siempre de una mueca desagradable. Como si este país fuera un trapo sucio, ajeno, y no lo que todos hicimos de él.
Matate vos, Reina, si querés.
"Finalmente termina uno padeciendo la maldición del emigrante: uno no se quiere quedar pero tampoco quiere volver."