Me temí lo peor en las primeras páginas, ya que no me gustaron ni las ilustraciones ni el arranque tan brusco de la historia, pero luego me enganchó bastante.
Antes de empezar el cómic, os aconsejo que sí o sí os leáis la sinopsis, pues no hay una introducción propiamente dicha que ayude a que no situemos un poco en la historia. En las primeras viñetas ya vemos a un tío en un entorno deprimente persiguiendo a unas “personas” y luchando contra unos seres/monstruos que no sé ni cómo definir. Pongo lo de “personas” entre comillas porque las expresiones faciales de los humanos no eran muy naturales, es como si casi siempre tuvieran cara de espanto y eso les diera un aire siniestro. Luego ya me fui adaptando, aunque también tengo que reconocer que vi una evolución en este asunto y noté cómo los rostros de los personajes se fueron suavizando y se adaptaban mejor a lo que dicho personaje estaba viviendo en cada escena.
Sin contar los anexos con las portadas, créditos, etc., el cómic tiene unas 120 páginas y yo diría que las 30 iniciales son las que más indiferencia causan porque no te saben meter de lleno en la historia. Pasada esa parte y ya teniendo claro quién es quién, el interés aumenta y para mí fue un vicio ir pasando las páginas para ver cómo iba a acabar todo.
La trama gira en torno a la desaparición de parte de una ciudad, y no me refiero solo a los ciudadanos, también se incluyen edificios y todo lo que había allí. Eso ocurrió hace una década y el Gobierno parece querer pasar página, algo con lo que no está de acuerdo Nathan. Él es un científico y sabe cómo acceder a la dimensión en la que están los desaparecidos. Lleva años haciéndolo e intentando traer de vuelta a los que están allí, pero no es fácil.
Como personaje, Nathan me dio más de una sorpresa. Vamos descubriendo poco a poco todo el trabajo que ha ido realizando a lo largo de los años y cuál es su razón principal para hacer lo que hace, pero lo que más me dejó fuera de juego es lo que se desveló al final. Es alguien obsesivo en algunos aspectos y no sabe escuchar a los demás, pero no es algo molesto porque encaja bien con el desarrollo de la historia. Los demás personajes son muy complementarios, es decir, aportan lo justo y no sobran, pero no hay nada en ellos que sea tan llamativo como para desear que tuvieran más protagonismo. El más interesante es el que cobra importancia al final. Está relacionado con Nathan y en cierto modo es obligado a hacer algo que no quiere, aunque no me convenció que no diera más guerra a la hora de ceder. Conocer qué será de él y las consecuencias de lo que Nathan confiesa es lo que más me intriga del siguiente volumen.
Desde mi punto de vista, para que este cómic fuera perfecto, faltó explicar mejor el detonante de la historia y no apresurarse tanto en el desarrollo de los acontecimientos finales. A nivel artístico, mis quejas se centran solo en lo de las caras y en lo poco definidas que están las criaturas monstruosas (son como masas amorfas y las tonalidades que se usan con ellas son muy similares a las de los fondos, así que no es fácil distinguir bien su forma).
La puntuación real sería un 3,5/5, pero le doy el 4/5 porque acabó atrapándome mucho más de lo que esperaba y porque los fallos del principio se van solventando poco a poco.