Este libro intenta huir de todos los tópicos del misterio en la ficción y presentar una visión realista del trabajo policial. Como resultado, es aburridísimo. El protagonista habla con decenas de testigos irrelevantes, hasta que obtiene lo que quiere, pero ese proceso, que en otras novelas sucedería de fondo, aquí es el plato fuerte: preguntas machaconas en torno a los mismos conceptos, hasta que puede volver a seguirse un rastro que parecía frío. No me arrepiento de haberlo leído, pero no lo recomendaría.