Primer libro que leo de la autora, en verdad me gustó el lenguaje que usa, hay bastantes imágenes para ilustrar lo que ella quiere decir, además es algo que se lee en un corto tiempo, pero no por ello, deja de ser algo interesante e informativo.
Sobre la introducción del libro, es importante poner a debate esa palabra de civilización, la cual solo ha sido achacada a los pueblos europeos, dejando de lado el resto del mundo, la autora partiendo de ello usa varios lugares para mirar como las civilizaciones se miraban así mismas, desde el cuerpo o como miraban la divinidad.
En la primer parte, las cabezas olmecas, con una prueba que desde la antigüedad nos interesa representarnos, pero también el arte puede ser un objeto activo como la figura egipcia que cantaba, el arte igual refleja la vida cotidiana como la de los griegos. El arte sirve para reafirmar la autoridad, como le sucedió a Ramsés II, igualmente, el arte evoluciona, cambia, se transforma de acuerdo a los nexos que se tiene con otras culturas, como le pasó a muchas civilizaciones, finalmente el boxeador Olmeca demuestra cómo las influencias occidentales permean, de cierto modo, nuestra visión del arte.
En la segunda parte, como se representa a Dios, es una cuestión bastante compleja, porqué muchas veces se puede caer en la idolatría, es por ello que muchas obras de arte que muestran el poder del más allá son destruidas, pese a eso el arte hacia Jesús y Buda es numeroso, mostrando como el humano se ha interesado en retratar lo divino, en la arquitectura de las mezquitas, o en el mismo lenguaje también son un medio para comunicar la religión.
En conclusión, un buen libro para pasar el rato y aprender sobre el arte de diferentes civilizaciones.