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Esta es la historia de tres generaciones, las de la abuela, la madre y el hijo. Es una historia que recorre buena parte del siglo XX y los acontecimientos históricos que lo marcaron y que se desarrolla en varios países. Pero tiene una peculiaridad: sus tres protagonistas son osos polares, osos con raciocinio y sentimientos propios de los humanos, que actúan en circos o viven en zoos, pero que también escriben sus memorias. Y es que lo que Yoko Tawada ha hecho en este libro delicioso, bellísimo y fascinante es poner al día las fábulas de Esopo o Lafontaine.
La novela arranca con la abuela, nacida en la Unión Soviética, que trabaja en un circo, escribe unas memorias que se convierten en best seller y se exilia en Canadá. Su hija Tosca, bailarina, se instala en la Alemania del Este en la época del muro de Berlín, se dedica también al circo y mantiene una estrecha relación con su entrenadora Barbara, emocionalmente frágil. El hijo de Tosca, Knut, nace en el zoo de Berlín, está muy unido a su cuidador, Matthias, y se convierte en una estrella, aunque no todo es tan maravilloso como parece... Y un dato interesante: tanto el personaje de Knut como el de su madre están basados en osos reales; el cachorro Knut se convirtió en la sensación del zoo de Berlín e incluso fue fotografiado por Annie Leibovitz para una portada de Vanity Fair.
El lector tiene en sus manos un libro singular, sorprendente y rebosante de gran literatura. Un libro protagonizado por osos que nos habla de cómo somos los seres humanos y de los avatares de nuestra historia reciente, de cómo nos comunicamos, cómo sentimos, cómo nos relacionamos con nuestro entorno, y también de nuestros anhelos y pesares.
263 pages, Kindle Edition
First published January 1, 2011

“The language gets in my way.”
“The language?”
“Well, to be specific: German.”
[….] “I thought we had communicated quite clearly that you are to write in your own language, since we have a fantastic translator.”
“My own language? I don’t know which language that is. Probably one of the North Pole languages.”
“I see, a joke. Russian is the most magnificent literary language in the world.”
“Somehow I don’t seem to know Russian anymore.”
“And there, in darkness, the grammars of many languages lost their color, they melted and combined, then froze solid again, they drifted in the ocean and joined the drifting floes of ice.”