«Antes de empezar a leer este libro tienes que saber una cosa: es el libro más difícil de escribir que habrás leído jamás. Porque quien lo escribe no sabe escribir. ¿Cuánto has tardado en leer esta frase? ¿Un segundo? ¿Menos? Pues yo la he tenido que reescribir diez veces. Puede que incluso más. Hace siete años tuve un ataque de epilepsia. Los médicos descubrieron que estaba provocado por una malformación en mi cerebro. Una bomba de relojería que había que desactivar. Me operaron varias veces. En la tercera operación tuve un derrame. La cosa se puso muy fea. Desperté sin poder expresarme con palabras, y tuve que aprender a hablar y a escribir de nuevo. Hablar es muy difícil. Explicar por qué no puedes hacerlo lo es todavía más.»
Olivia Rueda tenía dos hijos pequeños, un marido al que le gustaba cocinar y una profesión vocacional: se dedicaba a explicar historias, ya que era montadora de documentales en la televisión. De repente, todo cambió. Después de un ictus, tuvo que aprender a hablar y a escribir. No sabes lo que me cuesta escribir esto son las memorias de esa recuperación: hermosas, divertidas, sarcásticas y llenas de vida.
Hay que felicitar a los editores por dar cabida a semejante proyecto vital en su catálogo porque verdaderamente necesitamos historias como esta. Cuando nos perdemos de una forma u otra, necesitamos que haya libros luminosos y valientes que nos devuelvan a nosotros y este lo es. Gracias, os debemos una. No sabes lo que me cuesta escribir esto es una especie de reconstrucción de memorias desde el lenguaje nuevo, salpicado de retazos de los diarios de entonces y culminado con un delicioso prólogo ilustrado de Miguel Gallardo. Si estáis perdidos, leed a Olivia; leedla y después salid a la calle. Es lo que ella querría.
Le doy dos estrellas, y no una por su breve disculpa final acerca de su falta de empatía e irritación, en especial hacia los profesionales sanitarios. También porque puedo entender su frustración al sufrir un ictus tan joven, que afecte a su capacidad de relación. Sin embargo, es cruel e injusta con los profesionales sanitarios a lo largo de ciento ochenta páginas, sin respetar la privacidad dando sus nombres e incluso sus lugares de trabajo. Si el mundo se detuviese para ellos cada vez que ocurre una desgracia a un paciente, la ayuda que podrían brindar no sería eficaz. No son témpanos de hielo, pero el nivel de implicación ha de ser el adecuado para que sea un equilibrio entre un trato humano y profesional. Esto no siempre es tan fácil como tampoco lo es olvidarse en las vacaciones o al llegar a casa de los pacientes cómo se queja la autora en numerosas ocasiones. Si no, el ejercicio de la medicina no sería de las profesiones que cuentan con más tasa de suicidio y enfermedades mentales. Me parece bien que describa esa frustración si la sintió, pero si ahora no le parece que fuese justa, igual no era necesario desvivirse tantas páginas en descalificaciones, especialmente hacia el jefe de servicio de Neurocirugía del Vall d'Hebron.
Conocí a Olivia antes de leer su historia. Cuánto me hubiese gustado haberlo hecho antes, y poder abrazarla ese entonces y decirle lo maravillosa que es. Ella y su memoria.
(3/5) • Este libro cuenta la historia real y de superación de su autora, que tras sufrir un ictus tuvo que volver a aprender a hablar y a escribir. Y en ello anda. Fuerte, ¿no?
Y es que, según las estadísticas, una de cada seis personas en el mundo sufrirá un ictus. Me parece un dato demoledor.
Mi padre sufrió varios. Y aunque las causas de cada ictus sean distintas, al final los que lo sufren pasan por un doloroso y largo peregrinaje muy similar.
Poco más que contar, pues hay que leerlo y sentirlo. Y supongo que, por estos lares, somos muchos los que conocemos o tenemos a alguien cerca que lo haya pasado, o incluso que lo haya vivido en primera persona…
Periplo por hospitales; dolor; consultar diferentes médicos; dolor; incertidumbre; dolor; rabia; dolor; caos; dolor; cansancio; dolor.
Es un libro que duele a ratos, o en su totalidad. • LIBROS ANOTADOS: «El cerebro del rey» (Nolasc Acarín); «Soluciones para casi todo» (Begoña Uhagón).
Y un documental: «Heima». • ¿Qué encontraréis en este libro? Una historia de superación. • Erratas encontradas: 35 (🤦🏻♀️ ¡psicoanalista ven a mí!). • FRASES SUBRAYADAS: ➰«[…] resulta que de repente hay un montón de padres observando atentamente qué comen sus hijos, y un chupachups de limón podría ser peor que uno de cianuro». ➰«[…] era mucho más moderno que nosotros ahora. Por eso también valoraba tantísimo la palabra». ➰«El lenguaje te puede oprimir o liberar». ➰«Pero los niños anclan. Son la única razón de que no cometa ninguna estupidez». ➰«La buena medicina es la mayor expresión de amor y la mala medicina es la que no conlleva una interacción humana». ➰«No hay nada peor que follar triste, pienso». ➰«[…] en el hospital la comida es muy sosa. Sin sal todo es más triste». ➰«[…] hay que vivir. Hay que hacer lo que quieres hacer. No dejarlo para mañana». ➰«Las cosas que conocemos tienen su nombre. Pues imagínate que los nombres de todo lo que conoces se esfuman de un plumazo. ¿Cómo te quedas?». ➰«Prueba a estar un día, un día con sus interminables veinticuatro horas, completamente callado, sin hablar con nadie. A ver qué tal». ➰«[…] la afasia es un trastorno en la comunicación provocado por una lesión cerebral. Ese trastorno afecta a las habilidades comunicativas: hablar, entender, leer y escribir». ➰«Además de tener problemas con la comunicación, los afásicos muchas veces sufren limitaciones físicas, casi siempre en la parte derecha del cuerpo […]». ➰«[…] en España viven alrededor de 420.000 personas con lo que los médicos llaman "daño cerebral adquirido", el setenta y ocho por ciento debido a un ictus». ➰«Una de cada seis personas en el mundo sufrirá un ictus». ➰«Un niño solo debería pisar un hospital para nacer. No debería ponerse enfermo y tampoco ver a su madre malita». ➰«[…] y el duelo inicial, los lloros y la cara de pocos amigos quedan cada día un poco más lejos. Más que nada, porque la vida sigue». ➰«La literatura es el único regalo que nunca pierde valor. Al contrario, siempre lo gana». ➰«El miedo no es opcional. No puedes elegir tenerlo o no. No tenerlo no quiere decir que seas más valiente. Y tenerlo no quiere decir que seas cobarde». ➰«Echo de menos a mi padre, que me proteja. Echo de menos ser pequeña. Quiero ser pequeña. Quiero ser pequeña en los brazos de mi padre». • Lectura para 6 de los #24retosdelectura: 4.- Libro que tenga una fiesta o celebración 9.- Novela que tenga algo autobiográfico 11.- Autora nacida en el s.XX 14.- Donde nadie muere 17.- Mujer protagonista 22.- Un libro viajero (Sevilla - Puerto Real -Sevilla) • #LeoYComparto #bookish #DimeUnLibro #bookaholic #booklover #instalibros #bookworm #bookstagram #Libros #blackiebooks #OliviaRueda #BlogLoQueLeo #MisLecturas #LeoAutoras • #NoSabesLoQueMeCuestaEscribirEsto @blackiebooks @olivia.rueda
Antes de empezar a leer este libro tienes que saber una cosa: es el libro más difícil de escribir que habrás leído jamás. Porque quien lo escribe no sabe escribir”. - Hace unos años, Olivia sufrió un ataque epiléptico. Al despertar, los médicos le dijeron que tenía un tigre acechándola en su cabeza. Era un tigre muy peligroso; una malformación en el cerebro. Debía tomar una decisión muy importante: operarse (con muchos riesgos) o convivir con el tigre. Madre de dos niños, esposa y trabajadora a tiempo parcial, Olivia decidió operarse. Cuando despertó, descubrió que el tigre no había desaparecido y que, en el poco tiempo que había durado la operación, le había causado un ictus y había arrasado con una parte muy importante de su cerebro: el lenguaje.
A Olivia le diagnosticaron afasia. La afasia es un trastorno comunicativo causado por un fallo cerebral. De repente, se vio inmersa en un mundo de rehabilitación y de adaptación insólito. Tuvo que aprender a hablar de nuevo, a escribir de nuevo. Tuvo que formarse como un nuevo ser humano. Tuvo que aprender a construir oraciones, a terminarlas, a saber cómo pedir un cortado caliente. Tuvo que ser fuerte. Seguir adelante.
El libro está repleto de vivencias, de conversaciones con médicos, con familiares y con amigos. Está lleno de ejercicios ortográficos, mentales, lingüísticos. Aparecen también páginas de su diario personal, copias de dibujos y una infinidad de palabras. Es como una pequeña grande obra de superación. De supervivencia. Todo en sí es precioso, aunque no apto para gente sensible.
"Descubrir a los cuarenta que tienes una anomalía en el cerebro que puede estallar en cualquier momento, tiene que ser un golpe duro. Despertar de una operación sin ser capaz de hablar ni escribir, tiene que serlo mucho más. Pero superar todas las dificultades y escribir un libro con tu historia, debe de ser, sin duda, uno de los finales más felices.
Olivia Rueda lo hizo, y nos ofrece unas memorias en las que narra cómo vivió y afrontó ella su caso, cuando tras sufrir repentinamente un ataque epiléptico, le diagnosticaron una malformación arteriovenosa que podía desencadenar en un derrame cerebral. Tras muchas consultas médicas y, finalmente, tres operaciones, el derrame se produjo y las consecuencias fueron la pérdida del habla y la escritura.
Una trágica historia, cargada de humor e ironía, en la que se pone de manifiesto la importancia que tiene el lenguaje, una de las herramientas que más utilizamos en nuestra vida, y cómo, a pesar de ello, perdemos la consciencia del valor que tiene. Esta obra nos obliga a detenernos de vez en cuando para recordar, en la facilidad de nuestra lectura, la dificultad y el esfuerzo de la autora para escribirla.
Olivia nos recuerda: «Solo admiramos lo que no tenemos. Solos valoramos aquello de lo que carecemos»." Ànnia Paredes
La recuperación lenta, con un esfuerzo sobrehumano, de Olivia tras un ictus bien merecía una novela como esta. A modo de diario pero sin fechas concretas, ella misma narra su proceso, desde el primer susto, las intervenciones, los momentos malos y el gran aprendizaje que le supone la afasia posterior. Sencillo de leer, es una novela amena en la que el lector se adentrará en el mundo de los hospitales, logopedas, neurólogos y psicólogos siempre complejo, descubriendo que no todo es tan lejano ni tan improbable.
“Me imagino echándole una reprimenda por su conducta. Me imagino mi sonrisa triunfadora. Es lo bueno de los guiones pero la vida es en directo”.
“No era raro que mi hermana me regalara libros, pero aquellos eran especiales. Cada semana los limpiábamos juntas, como si sacáramos brillo a una cubertería de plata de ley. Ahora ella vive en un duplex donde todo el piso de arriba es una biblioteca. Y yo sigo leyendo gracias a ella. Por cierto, esos libros que me regaló cuando era niña los lee ahora Madrona. La literatura es el único regalo que nunca pierde valor. Al contrario, siempre lo gana”.
También cuesta escribir una reseña. Se lee del tirón, pero resuena en la cabeza durante mucho tiempo. No es solo una historia de superación, es una historia que nos puede pasar a todos, escrita con una ternura increíble. Al principio Olivia pide perdón por no usar un lenguaje elaborado, pero tiene un estilo precioso que ya quisieran muchos, fácil y cargado de emoción.
Una novela basada en una historia real muy intensa y profunda. Una realidad que se vive en muchos casos pero se comparte pocas veces. Novela para leer e intentar empatizar en cada una de sus paginas con la protagonista.
Este libro nace sin más pretensión que la que tiene una persona que escribe un diario: registrar una experiencia, una época, unos pensamientos. Y lo interesante de este es que retrata un proceso tan complejo como el de la pérdida del lenguaje, la afasia, una enfermedad poco conocida para la cantidad de personas que la sufren. Me ha parecido fascinante descubrir este trastorno en primera persona a través de Olivia, que nos muestra sus frustraciones y sus victorias a lo largo de ese tiempo, a veces con humildad, a veces con autocomplacencia, siempre con sinceridad. Me interesaba tanto el tema que quizás he echado en falta más detalles sobre el proceso de recuperación del habla, aunque entiendo que tampoco es un libro científico, sino más bien un documento personal. Y me ha parecido un acierto incluir imágenes reales de su diario de aquellos días en el libro, una vez más Blackie Books haciendo bien las cosas.