Leer los cuentos de Askildsen es como encontrarse en un largo pasillo con puertas todo a lo largo, llevándote cada una de ellas a una escena diferente de la cruda realidad de sus personajes, cerrándose repentinamente cuando empezabas a estar más interesado en lo que estaba sucediendo. O puede que se parezca a mirar un televisor en el que se produce un zapping que tú no controlas, donde te quedas durante unos minutos para posteriormente saltar a otro canal, algo que no puedes evitar porque el mando a distancia no está en tus manos. Así son los cuentos de Askildsen, como pequeñas postales de una realidad amarga, cruel, de malestar y desasosiego.
Kjell Askildsen está considerado un maestro del relato corto, siendo algunas de sus influencias Raymond Carver, Albert Camus o Hermann Broch. Sus cuentos se leen bien, enganchan desde las primeras líneas:
"El mundo ya no es lo que era. Ahora, por ejemplo, se vive más tiempo. Yo tengo ochenta y muchos, y es poco. Estoy demasiado sano, aunque no tenga razones para estar tan sano. Pero la vida no quiere desprenderse de mí. El que no tiene nada por que vivir tampoco tiene nada por que morir. Tal vez sea ese el motivo."
"Estaba bajando por la escalera de un bloque de cinco plantas al este de la ciudad; acababa de hacer una visita a mi hermana y no había sido una visita agradable, pues ella tenía muchos problemas, la mayor parte de ellos imaginarios, lo que no mejoraba en modo alguno la situación. Nunca la he querido mucho, ella nunca me ha tenido en tanta estima como debería."
Pero lo más característico de su escritura es la sensación que producen, como cuando entras en una habitación en la que notas un ambiente tenso, y preguntas primero: "¿Todo va bien?", para pasar a preguntar a continuación, tras el forzado silencio y las caras de circunstancias: "¿Qué ha pasado?". Los cuentos de Askildsen ocultan una verdad intuida, que deja un cierto malestar.
'Todo como antes' incluye tres libros de relatos, los más significativos del autor:
Últimas notas de Thomas F. para la humanidad (****). Los cuentos pertenecientes a este libro tienen un tema dominante, la vejez. La visión que tiene Askildsen de la vejez no es muy halagüeña. Él intenta mostrarnos unos ancianos que piensan más en la muerte que en la vida, que ya no tiene nada que ofrecerles. Da la impresión de que critica a la sociedad occidental, no por el maltrato a los ancianos, sino por ignorarlos y hacer como que no existen, que son una molestia; aunque también es verdad que los pinta un tanto cascarrabias.
"Estaba muy cansado, pero nadie se levantó, los que estaban esperando eran demasiado jóvenes, no sabían lo que es la vejez. De manera que me volví hacia la ventana y me puse a mirar la calle, haciendo como si fuera eso lo que quería, porque nadie debía sentir lástima por mí. Acepto la cortesía, pero la compasión pueden quedársela para los animales."
De los relatos de esta parte mis favoritos son 'Ajedrez', 'En la peluquería' y 'Carl Lange', este último con ciertos tintes kafkianos.
Un vasto y desierto paisaje (***). Además de la vejez, otra de las obsesiones de Askildsen es la familia, muy presente en toda la novela, hijos, padres, hermanos, y la difícil relación entre ellos. En muy pocos relatos se muestra ternura, lo que prima es la tensión contenida, situaciones de aparente calma que puede desmoronarse en cualquier momento. Mis relatos favoritos de esta parte son 'No soy así, no soy así' y 'El estimulante entierro de Johannes'.
Los perros de Tesalónica (***). De nuevo nos encontramos con otro de los temas recurrentes en la obra de Askildsen, el matrimonio, en el que sus miembros no se comprenden, o están cansados el uno del otro. Al mismo tiempo, también es llamativa la relación entre hermanos, en la que alguna situación deja entrever algo de incestuoso. Los cuentos que más me han gustado son 'El grillo', 'Un lugar maravilloso' y 'Los invisibles'.