Es una belleza. Su universo es de lo cercano, y lo pequeño. El paso del tiempo, la naturaleza. Nada de una poesía encerrada en sí misma. Es dulce y bonita y creo que la amo.
No podría decir que llegué a este libro con las expectativas más altas de lectura. Sí podría decir que encontré en este libro una calidad y agudeza poéticas que no esperaba.
(No sé distinguir los factores que de la lectura de este libro me produjeron la satisfacción que sentí. Fue una felicidad mezcla de hallazgo, de hermandad, y (no culpa del libro) de disfrute de la lectura en un tiempo libre largamente ansiado).
A lo largo de toda esta Obra Poética, Circe Maia despliega en una esencial mezcla la belleza de poesía, mito y filosofía que podría tener un Borges, pero menos críptico: hay un acceso más honesto hacia las palabras, las imágenes y las expresiones.
Es una poesía sumamente rica, donde se intercalan entre las páginas mezclas fantásticas, como paisajes o escenarios mínimos que abren puertas filosóficas de la existencia, de la naturaleza de las cosas, de la condición de la palabra y de la consciencia humana. La de Circe es una voz poética profunda, capaz de expresar de forma íntegra la vivencia humana, abanico de razón y sensación, de reflexión y de propuesta incansable de preguntas y ensayo fructuoso o infructuoso de respuestas.
Yendo desde el juego de la luz entre los árboles o las nubes hasta el pasaje de los pájaros que es presagio délfico, desde las formas de la naturaleza hasta la destilación de la poesía que existe en los eventos de la historia, estas insuficientes cuatrocientas páginas de palabras tienen la capacidad de mostrar umbrales y encontrar los claros del bosque desde donde se vislumbran horizontes. Es una poesía comunicativa que propone no lecturas sino diálogos: una poesía, en fin, profundamente lingüística y poética.
Eterna Circe. Increíble su poesía (y prosa) tan tierna, tan bajada a tierra como en el aire. Sigo pensando que en las autoras rioplatenses hay un deje melancólico y nostálgico típico de nuestra idiosincrasia; pero Circe lo lleva a un lugar esperanzador.
Dentro de nuestras miles de dolencias, hay mucho que rescatar en lo simple que nos rodea: la naturaleza, los objetos, el paso inquietante del tiempo, los pensamientos, la filosofía, el arte mismo, la risa de un niño, la taza del café. La poesía de Circe es tan presente porque ella la hace así, vive sus versos. La vida son versos, los versos son la vida. La palabra existe porque hay vida y viceversa.
El saber encontrar dentro de tanto caos la simpleza es un talento por sí solo, es lo que nos mantiene vivos y expectantes, los que no mantiene sanos dentro de la locura ansiosa de la modernidad. Gracias Circe por mostrar como llevar de la mano la belleza tan escondida dentro del ruido.
“Creo que el gesto primario de la vida es un abrirse al exterior, comunicarse con algo que no es ella misma y asimilarlo. También ocurre en el gesto elemental de la mirada: hay un irse hacia afuera, hacia el mundo. La poesía es entonces también una mirada que nos lleva hacia la realidad externa, sin dejar de irradiar desde un centro íntimo”
poesía cotidiana, cercana de cerquita al corazón y a la tierra, que pasa en un segundo a lo trascendente pero siempre puesto a la medida humana. es una poesía en diálogo que poniendo la mirada en lo pequeño consigue una hondura fundamental para la observación del mundo.
Este libro no hace otra cosa que plasmar una vida entera de profesionalismo, pero sobre todo, una mirada atenta, delicada y sobre todo necesaria del mundo. Siempre partiendo de lo cotidiano para llegar a lo trascendente, siempre descubriendo y no tapando. Que bien le hace la voz de Circe a la Literatura