QUÉ PRECIOSURA DE LIBRO. Tengo un ejemplar en mi velador desde tiempos inmemoriales (bueno, desde mi adolescencia, tampoco exageremos, es que me puse poética, jaja). Puedo, incluso, citar algunos fragmentos de memoria, especialmente del canto 2, que sospecho que es el favorito de muchos. Ah, es que es tan romántico, "¿Irías a ser ciega, que Dios te dio esos ojos? Te pregunto otra vez". Yo creo que lloro si alguien me dice eso en la vida real y ahí si que me quedo ciega de a de veras.
ME ENCANTA cómo al final, en el poema, se va volviendo loco. Es terrible, pero lindísimo. ME ENCANTA el simbolismo, cómo en los últimos cantos va inventando palabras mezcladas (eso es GENIAL) y cómo al final, cuando ya pierde la chaveta, va diciendo cualquier cosa... es una metáfora tan clara de, cómo al abandonar esta existencia, quizá, o la conciencia... no se necesita el lenguaje. Es tan... tan inteligente.
Cuando chica, encontraba esa última parte ridícula. Ahora me gusta recitarla en voz alta. Tiene cierta resonancia. Espero que Vicente Huidobro no haya sido, secretamente, miembro de alguna secta satánica o algo así, y yo esté haciendo conjuros sin saberlo, jaja, porque yo lo recito de lo lindo, y a voz en cuello. Jajaja.
Creo que este poema en siete cantos, aunque un poquitín presuntuoso, es PERFECTO. Y ME ENCANTA, por último, que aquí en Chile haya un premio importante llamado "Altazor" en su honor, en vez de "Very important prize" o cualquier otra cosa en inglés a la moda que, vamos, podría ser.
Qué delicia de libro. Lo seguiré recitando, de cuando en cuando, hasta el final de mis días. Atormentaré a los que estén conmigo o los traeré al lado claroscuro de la locura, o de la felicidad. Es difícil saber.