La especie humana ha conservado el hilo umbilical que la unía al árbol y al bosque hasta tiempos muy recientes. La relación íntima con la tierra nos proporcionaba unas raíces de naturaleza vital, racional y espiritual, y existía una clara conciencia de nuestra dependencia absoluta del mundo al que pertenecemos.
Este trabajo demuestra una labor minuciosa no solo como escritor y naturalista, sino también como antropólogo, por parte del autor. Le da mucho mérito haberse tomado la molestia de recoger la tradición oral in situ, aportando documentos fotográficos y referenciando abundante bibliografía sobre todo el Cantábrico. La verdad es que está genial. Es un trabajo ambicioso y completo: no tengo ninguna duda de que Abella ha dedicado gran parte de su tiempo a la redacción de muchos ensayos en esta línea temática que me encantaría curiosear. Por otra parte, echo en falta, en especial en la conclusión, una perspectiva más política del asunto...en especial cuando nos acercamos a los proyectos de cambio. Las soluciones parecen quedar un poco en el aire y no se vincula el problema (la separación del ser humano de la naturaleza, el uso del bosque como una mercancía, la valoración del medio según el beneficio que de él se pueda extraer) al sistema real que lo provoca. De todas formas, he llegado a entrever el sentimiento apolítico del autor. Esta es tan solo mi opinión. En general, excelente ensayo.