Pequeñas prosas inspiradas en la poesía y la vida de Emily Dickinson. Archivo Dickinson es un relato biográfico sobre Emily Dickinson donde se exponen distintos momentos de la laureada poeta.
María Negroni, la amanuense y médium ideal de Emily Dickinson, se atreve a escribir este libro, de una precisión magnífica y una especie de impersonal rigor, para que la obra de la poeta de Amherst nos ilumine sin reservas con su singularidad y su autonomía inabarcables.
Una niña del siglo diecinueve, a quien su padre leía el Pentateuco, descifra el alfabeto de fábulas de su vida, en la que sucesiva o simultáneamente sería zorro y erizo, cierva y depredador, flor de sombra, flor de luz, ave, círculo afianzado, atisbo, garabato. Y, de ese modo, se presenta como es y logra inaugurar su lado oscuro, todo lo que no es. Entre otras cosas, la más poderosa clorofila poética en la que pueda pensarse si se habla de la botánica inherente a la realidad de la vida. Y a su clave de sueño.
María Negroni encuentra a Emily Dickinson con la lealtad y la agudeza que consienten la perseverancia y el amor de haber sido su traductora. Su Archivo Dickinson se afianza en cada una de sus edades con una puntualidad perfecta. No hay enamoramiento sin hechizo, pero el hechizo no es un excedente de la vanidad ni una campaña de proselitismo para que el ego gane sus triviales batallas. El ser que cambia es mucho más importante que ese yo que se muestra con la misma gracia y la misma versatilidad con la que la divinidad se oculta. El movimiento y la mutación son su esencia. Revela, sin engañarnos por la exhibición del método, sin decirnos exactamente cómo, el amoroso accidente, la amorosa deficiencia de existir, su poético desajuste.
María Negroni is an Argentine poet, essayist, novelist and translator. As a poet she has published De tanto desolar (1985), La jaula bajo el trapo (1991), El viaje de la noche (1994), Diario Extranjero (2001), La ineptitud (2002) and Islandia (1994; PEN American Center Prize for the Best Poetry Book of the Year in translation, 2001). She has also published the book of essays Ciudad gótica (1994) the novels El sueño de Ursula (1998)and La anunciación (2007) and a book-object in collaboration with the Argentine visual artist Jorge Macchi, Buenos Aires Tour (2004). Much of her work has been translated into English and French. A Guggenheim fellow, she has also received fellowships from the Rockefeller foundation, the Octavio Paz foundation, The New York Foundation for the Arts, and the Civitella Ranieri. She currently teaches Latin American Literature and creative writing at Sarah Lawrence College, New York.
Leí este libro para la sesión remix del taller de poesía de Cecilia Pavón. Me parece muy interesante la idea de tomar material de otra poeta y hacerle un homenaje con sus palabras en tu palabras. Osado, además. Denota un profundo entendimiento de la escritura de Dickinson, fue como una relectura.
"Pero ahora -todavía- hay luz. Inmóviles abejas danzan en el aire. ¿Se preguntan por Libertad? ¿Usted se lo pregunta?"
Es un libro muy curioso y al que creo que hay que sumergirse para apreciarlo como merece. No sé tanto de Emily como me gustaría, pero admiro su obra y ella me parece fascinante como ser humano, así que esta oda que ha creado la autora para ella, que es como yo la he sentido, me ha parecido muy bonita y conmovedora.
hermosa la reflexión sobre el procedimiento y los materiales de la escritura, así como el homenaje a dickinson. extrañé un poco más de diálogo entre ambos elementos, pero sigo amando el gesto de hacer este libro.
"Cuidar la noche con avaricia roja. Colmarse de lo insatisfecho. Enumerar los topos, las hormigas, la cofradía de pájaros y otras naciones extrañas. Pensar en usted - sólo en usted - con desapego".
Me encantó este libro. Respira Dickinson. Habla del buen entendimiento, a pesar de todas las distancias temporales y espaciales, entre ambas autoras. Se nota que Negroni tradujo a Dickinson. Una delicia.
“Que las otras que soy no me conocen, que estoy perdida en tal discernimiento, en tal sensación de casa huérfana que, a fuerza de más no poder, ya ni sé dónde buscarme:”
“Ninguna —póstuma— pesquisa conseguirá de nunca ver lo que escribí —lo que perdía cada vez— a fin de averiguar qué es un hogar: cuerpo tieso en lo abierto que creaba.”
Bellísimos poemas— titulados, por cierto. La famosa em dash, las mayúsculas inconsistentes, las palabras que son jardín, muerte, soledad y mundo. Completamente nuevo y familiar para mí, admiradora de Dickinson desde que tengo memoria— ¡y cuánta memoria hay aquí! Un ejercicio laberíntico, un inmenso riesgo, un resultado admirable.
“No sé qué diré de mí cuando me pregunten. Que las otras que soy no me conocen, que estoy perdida en tal discernimiento, en tal sensación de casa huérfana que, a fuerza de más no poder, ya ni sé dónde buscarme”. • “Como cuando, en plena confusión, no sé leer eso que adentro —de tanto forcejeo— se está muy mentiroso y una vez más repito lo peor, que es emigrar a la cabeza”.
Hermoso libro, creo que me llegó en el momento justo. María Negroni es lo más.
De Islandia, muy atrás, a Archivo Dikinson y Objeto Satie, lo primero es la variedad de registro que presenta la escritura de María Negroni. La pasión por el artefacto mínimo es lo que ha llevado a Negroni a fijar la mirada en Cornell, Dickinson y Satie. Toda pasión es siempre pasión por el abismo, pero sólo ante la posibilidad del abismo puede uno evolucionar, o sea, tomar conciencia de nuestra brevedad. Lo que disparó Archivo Dickinson fue el lexicón descubierto en los archivos de la “dama blanca de Armherst” que atesora alguna universidad americana. A un manojo de palabras tirado sobre la página en blanco corresponden setenta y ocho nuevos rectángulos de papel con una voz que quizás nos resulte, desde nuestros prejuicios o desde los zigzagueos que ejecutamos ante una trayectoria, más ajustada a aquella de Islandia, a la Negroni que creemos más “real”. Para Negroni, hacemos literatura a partir de dos cosas: la infancia y la literatura misma, y se ha referido a la poesía de Emily Dickinson como una cajita (otra vez Cornell) musical o una larga conversación con Dios, el Dios de Emiliy Dickinson. Una visita al herbario donde se cosen poemas. Así, los de María Negroni son poemas cosidos bajo la luz acuosa de unos rayos que traspasan techo y paredes del invernadero.
"Cada poema oculta un cuerpo y cada cuerpo, un dolor."
En comparación con Oratorio, me pareció que Archivo Dickinson proveé un acercamiento mucho más gentil a la obra de Negroni. Obviamente, no es algo intencional. Pero, mientras que con Oratorio sentí que apenas lograba rasgar una primera capa de un universo propio, las breves meditaciones presentes en Archivo Dickinson parecían abrirse como lo hace el foliaje al internarse en un bosque. Nunca deja de ser frondoso, a veces confuso, e incluso abrumador. Pero te permite seguir internándote (bajo riesgo propio y voluntario, claramente).
María Negroni, modesta, describe esta colección como una clase de tributo basado en un index de palabras utilizadas por Emily Dickinson. E inicia con la palabra dolor, y desde allí intenta seguir líneas (o entrelíneas) inspiradas por Dickinson, como guía, como camino, una celebración (dolosa, muchas veces) de las expresiones nacidas de palabras que venían una y otra vez en el trabajo de Dickinson. Me emociona, así, que uno se titule Sue. Es interesante poder leer el ejercicio de una poeta que se pone en el lugar de medio y medium, para dar nuevamente voz a otra poeta que toma el lugar de musa, pero al mismo tiempo intentando evitar la repetición, creando perspectivas nuevas. Un diálogo entre idiomas, continentes, siglos. Y, personalmente, conociendo en parte la obra de Dickinson, tanto sus poemas como sus cartas, creo que Negroni, a ratos, es bastante exitosa. No todo el rato, ni a un ritmo constante, no miento al decir que a veces volvía a perderme tal como me pasó en Oratorio, pero en menor medida.
Me fue posible entender de mejor manera la ausencia, la evanescencia, el "borrarse" que parece ser un concepto anclado en la obra de Negroni. La eliminación del poeta como ser, su destilación absoluta, para solo dejar al lenguaje en un sitio desde el que pueda hablar sin limites. Habitar los bordes y no el centro. ¿Qué se puede hallar en la bruma?
"Hagamos una cosa: yo me presento de pronto en el jardín con nada y, por una vez, soy más grande que yo, soy casi un no soy, un eco impracticable, a punto de alcanzar su manifiesto impersonal (...)"
Releí mucho porque me maravillé con casi todo. María Negroni es impresionante. Solo he leído una antología de Emily Dickinson y quizá no sea suficiente para juzgar, pero este libro se siente muy próximo a ella. Qué manera de escribir hermoso y crear una atmósfera oscura, mágica, compleja. Y aunque gran parte sea una prosa poética ‘difícil’ de comprender al tiro, me bastó la vibración, las visiones, el sentimiento ominoso que me dejó cada lectura. Pucha, quisiera tener el talento de Negroni para alabarla como se merece. Solo sé que a Emily Dickinson le hubiera encantado este hermoso homenaje.
“Duda
¿Tendré tiempo de morir? Cuando se escribe un poema por día, durante 2 956 días, no es fácil dejarse tocar. Una acaba, repleta de ignorar a qué atenerse, por defender la ineptitud, la vocación –atroz– de pasar la vida en celdas. Así, cada poema oculta un cuerpo y cada cuerpo, un dolor –sin alicientes o paliativos– y así sucesivamente, y en la boca y en la garganta. Poco más ocurre. Tan sólo un ave de proa, sonando hacia adentro, avanzando como un trompo hacia el final, no importa cuál”.
"No escribiré a bocanadas. Lo mío será siempre adentrarme, como si estuviera para amar. ¿A quién? No sé. Lentamente hacia aquí, a contrapelo, de par en par la casa de la sombra. Sin escandir ideas. Sin buscar otra cosa que gerundios. Con desorientación al menos grave, oscureciendo las maneras -casi categórica-. Alguna vez, tal vez, podré sobrevenirme. Quien sabe si doler no es la manera de nacer de una alegría".
Linda manera de comenzar a aproximarme a la poesía...
A través del lexicón dickinseano, María Negroni estructura un diálogo entre su propia voz de raigambre emocional y la tesitura compleja con la que la norteamericana asumía su ejercicio poético. Un bello libro de poemas en prosa que también se asume como guía para aprehender las herramientas y el genio de la Dickinson.
La idea me parecía brillante y hermosa, pero la ejecución se quedó un poco corta para mis expectativas. Hay algunos textos muy bellos, pero en muchos momentos me sentí completamente ajena a lo que leía, sin poder conectarme con el sentimiento que Negroni quería transmitir. Esto podría tener más que ver con mi estado de ánimo y el momento de lectura, pero resultó un poquito decepcionante.
Negroni nos propone una revisión/revisitación léxica a la obra poética de Dickinson: a partir de sus palabras, del uso e intención de sus palabras, nos propone una mirada y una voz actuales y estimulantes que cumplen con una doble función: invitarnos a leer a Dickinson, e invitarnos a leer a la propia Negroni. Bella lectura.
Hagamos una cosa: yo me presento de pronto en el jardín con nada y, por una vez, soy más grande que yo, soy casi un no soy, un eco imprac-ticable, a punto de alcanzar su manifiesto impersonal, sin despertar a las abejas, sin perder envión, sin dejar de sostenerme como sombra que llegó hasta aquí -aunque desmejorada, a bendecir la vida, no a escribirla.
La idea es genial, pero la ejecución (a mi pobre entender) es mala. Los textos son muy ¿impersonales? ¿vacíos? ¿sosos?. No conecté, me parecieron palabras al aire intentando crear una atmósfera pesada a través de cierto vocabulario.
Si traducir es escribir sobre, este es la gran traducción de dickinson al español de Negroni. Un dispositivo textual que falsea la idea de origen y lectura.
Cierta vez, la realidad quiso saber qué es lo que se tacha al escribir y recibió en su jardín a unos cuantos animales, todos despoblados, hambrientos de entrar a lo ya abierto.
«como cuando, en plena confusión, no sé leer eso que adentro –de tanto forcejeo– se está muy mentiroso y una vez más repito lo peor, que es emigrar a la cabeza.»
Una muchacha insiste en llenar un lugar que nunca va a estar lleno. Cada vez propensa al polvo de las frases, piensa: "La sombra que se esconde en la verdad está torcida".