Espino es el mas alto poeta bucolico de El Salvador.La posteridad ha recocido la gloria de esta Lira hecha Hombre... No es solo un poeta de El una legita gloria de la poesia Latinoamericana.No se hace necesario poner de manifiesto la divina Belleza de sus versos; no se necesita hablar del momento emotivo de su Ascencion,de El nido , ni de Las manos de mi Madre; pues casi todos sus poemas son suficientemente no hay escuelita en El Salvador donde no se declamen sus poemas con halagadora complacencia...( De iniciativa del poeta Jose Luis Silva para la glorificacion de Alfredo Espino,1947).
Antes de comenzar esta reseña debo confesar que tengo una debilidad por poetas latinoamericanos.
Sin duda Alfredo Espino es el poeta que más ha sabido cautivar el corazón del pueblo con perennidad, en íntima comunión con sus amarguras y alegrías.
De los 96 poemas de este libro, este uno de mis favoritos: ASCENSION ¡Dos alas!... ¡Quién tuviera dos alas para el vuelo!... Estas tarde, en la cumbre, casi las he tenido. ¡Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, que si no fuera un mar, bien seria otro cielo!...
Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores… ¡Qué pequeños los hombres! No llegan los rumores de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante de las malas pasiones... Lo rastrero no sube: esta cumbre es el reino del pájaro y la nube…
Aquí he visto una cosa muy dulce y extraña, como es la de haber visto llorando una montaña… el agua brota lenta, y en su remanso brilla la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla al borde del estanque, y al doblar la testuz, por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz…
Y luego se oye un ruido por lomas y floresta, como si una tormenta rodara por la cuesta: animales que vienen con una fiebre extraña a beberse las lagrimas que llora la montaña.
Va llegando la noche. Ya no se mira el mar. Y qué asco y qué tristeza comenzar a bajar…
(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo! Estas tarde, en la cumbre, casi las he tenido, con el loco deseo de haberlas extendido sobre aquel mar dormido que parecía un cielo!)
Un río entre verdores se pierde a mis espaldas, como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas…
«¡Dos alas!... ¡Quién tuviera dos alas para el vuelo!... Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido. ¡Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, que si no fuera un mar, bien sería otro cielo!...»
La nota editorial menciona que se trata de una obra juvenil, y se nota: en la superficialidad de las emociones, en la ingenuidad de su sensibilidad y en la simpleza descriptiva de muchos de sus versos.
Alfredo murió a los 28 años, convirtiendo a Jícaras tristes en su única obra. Su sensibilidad popular, así como su amor por los cotidianos paisajes rurales, son evidentes, pero infantiles. Sólo me queda creer que fue tan feliz durante su corta vida que no llegó a desarrollar ni las fuertes pasiones las contradicciones internas que convierten un verso en un buen poema.
Casucas y Auras del bohío contienen sus escritos más líricos. Postales comunes de la Latinoamérica campesina y una puerta accesible a un El Salvador rural y fértil.
«¡Olor, olor a monte, a valle, a loma! ¡Cuánta canción de amor me trae el viento! ¡Ya en mi oído no cabe tanto acento! ¡Ya no cabe en mi pecho tanto aroma!»
Me encanta la poesía latinoamericana, y Jícaras Tristes de Alfredo Espino fue una lectura hermosa.
No puedo decir suficientes cosas buenas sobre esta colección; su imaginería y su ritmo son cautivadores, así que simplemente te animo a que la experimentes por ti mismo.
Jícaras Tristes es la antología poética donde se plasman los mejores poemas de Alfredo Espino. La antología poética está compuesta por 96 poemas, y se divide en 6 poemarios: Casucas, Auras del Bohío, Dulcedumbre, Panoramas y Aromas, Pájaros de Leyenda y El Alma del Barrio. Me siento tan orgullosa de mi poeta niño! "Pajarito azúl que vuelas cuando cantas tu abc-diario, tus plumas líricas, tan suaves cuando acaricio tus versos" ... Vz.
A beautiful collection of must-read Salvadoran Poetry. I was enchanted by the words utilized to convey small stories, capturing the Salvadoran experience.
Jícaras tristes es un libro sencillo, de un poeta sencillo pero muy lírico, Alfredo Espino, que "nació en el Departamento de Ahuachapán, zona occidental de El Salvador, el 8 de enero de 1900. Hijo de Enriqueta Najarro de Espino y Alfonso Espino, ambos profesores y poetas, creció en un hogar que respiraba poesía y amor al arte. En 1920 ingresó a la Universidad de El Salvador, inscribiéndose en la Facultad de Jurisprudencia.2 Durante su instancia en la Ciudad Universitaria, fue parte de tantas actividades dentro de la misma, inclusive de manifestaciones hechas por estudiantes para evitar el alza de los precios de pasaje en tranvía. Los últimos años de su vida se volvieron muy adversos; la negativa de sus padres para consentir su casamiento con ciertas jóvenes lo condujo a constantes desequilibrios emocionales y amorosos.4 Para mitigarlos, se entregó a largos ratos de bohemia, en bares y burdeles de la capital del país. Fue durante una de estas crisis alcohólicas que él mismo puso fin a su vida, en la madrugada del 24 de mayo de 1928 en la ciudad de San Salvador." Wikipedia.
Sus poemas son muy entrañables, bucólicos, de una lírica incuestionable aunque intracendente, de él dijo Roque Dalto que era un poeta menor por su insulso contenido e incluso hizo mofa diciendo de él que "Jícaras tristes" venía a ser algo así como "Huacalitos de morro agüitados". El Morro es una especie de fruta fruta redonda de corteza dura, del que se hacen recipientes de agua al que se denominan jícaras.
Algunos de sus inocuos poemas fueron casi una obligación escolar aprendérsnoslos para generaciones de estudiantes, como "El nido" y muchos de nosotros, no solo lo sabemos de memoria sino que lo recitamos alguna vez:
El Nido
“Es porque un pajarito de la montaña ha hecho, en el hueco de un árbol, su nido matinal, que el árbol amanece con música en el pecho, como que si tuviera corazón musical. Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma para beber rocío, para beber aroma, el árbol de la sierra me da la sensación de que se le ha salido cantanto el corazón...”
El resto de poemas va por la misma línea y el libro es perfecto para mentes muy idealistas, soñadoras e ingénuas.