Me gusta August Derleth. Está claro que Derleth no es H.P. Lovecraft. Partiendo de ahí, los relatos de Derleth son muy disfrutables; pueden ser vistos como una ampliación al universo lovecraftiano, o simplemente como pastiches que abundan en esta temática. Muchos le achacan la explotación de la obra del Maestro de Providence, pero también hay que tener en cuenta que hizo todo lo posible, junto a Donald Wandrei, para que se publicase.
Derleth también acuñó el término de Mitos de Cthulhu y siguió promoviendo, como hacía Lovecraft en vida, que otros escritores contribuyesen son sus relatos a la riqueza de este universo. En cierta medida, desvirtuó la visión cósmica que tenía Lovecraft de su obra. Este escribía sobre unos seres que dominaron la Tierra hace millones de años, para desaparecer posteriormente de la mano de los Dioses Arquetípicos. Pero siguen ahí, pueden volver en cualquier momento; los seres humanos no significan nada para ellos, menos que nada; y todo aquél que intente entrar en contacto con ellos, acaba mal parado. Sin embargo, Derleth diferencia a estos seres en Buenos y Malos, como si realmente les importasen los pobres humanos. Y es aquí donde se entra en controversia. A mí personalmente, no me disgusta, y me parece interesante conocer más referencias sobre los Mitos.
En cuanto a cómo escribe Derleth, sus relatos no están tan sobrecargados en descripciones como los de Lovecraft. Su lenguaje es más llano, no es barroco como el del Maestro; están bien escritos y documentados, pero no llegan a crear esa atmósfera inquietante tan característica de Lovecraft.
Estos son los seis relatos incluidos en ‘La máscara de Cthulhu’ (The Mask of Cthulhu, 1958):
El regreso de Hastur. Haddon, el narrador, nos habla de cómo Amos Tuttle le encomendó la destrucción de su casa y todos sus libros, incluido el Necronomicón, para que no llegue a Paul, su único heredero.
Los whippoorwills de las colinas. Harrop nos narra cómo tomó posesión de la casa de su primo, que ha desaparecido en extrañas circunstancias. Poco a poco, irá descubriendo la bibliografía blasfema que leía su primo, y que le valió la animadversión de sus vecinos. Igualmente, empezará el ensordecedor piar de los pájaros, que le provocarán recurrentes pesadillas.
Una talla de madera. El protagonista le regala una estatuilla de madera, que representa a un extraño dios del mar, a su amigo Jason Wecker, músico y crítico. A partir de este momento, el comportamiento de Wecker cambiará radicalmente.
El pacto de Sandwin. Durante generaciones, los Sandwin han hecho un pacto con un Primigenio, pacto que Asa Sandwin desea romper para que no llegue a su nieto.
La casa del valle. Jefferson Bates, pintor, en busca de soledad y tranquilidad, decide alquilar una apartada casa. Al poco de llegar, se enterará del odio de los vecinos por esta propiedad, antes perteneciente a los Bishop.
El sello de R’lyeh. El protagonista, perteneciente a los Phillips, siempre ha sido alejado del mar por su familia, hasta que hereda una casa en Innsmouth. Una vez instalado, conocerá a Ada Marsh, lo que le llevará a interesarse por los escritos de Sylvan Phillips, y a descubrir de dónde procede realmente.