Cultivadas en los fértiles campos de la literatura, el cine, el manga y el anime, las perversas semillas del eroguro han dado frutos excepcionales...
Pulpos violadores, intestinos enamorados, lamidas de córneas, genitales pixelados, cuerpos amputados, torturas imposibles… son algunos de los ingredientes más insólitos del eroguro, ese género de géneros netamente japonés que nace de la combinación desenfrenada de tres elementos fundamentales: el erotismo, lo grotesco y lo absurdo. Jesús Palacios ejerce de maestro de ceremonias y nos conduce por los rincones más retorcidos y oscuros del planeta eroguro, un mundo de erotismo extremo, corrupción física y moral, decadencia, deformidad y crueldad, que en su esencia última manifiesta un trasfondo absurdo y nihilista de la existencia, donde se confunden la risa y el horror, el placer y el dolor, lo monstruoso y lo sublime.
Obra colectiva de los escritores: Jesús Palacios, Daniel Aguilar, Rubén Lardín, Iria Barro Vale, Germán Menéndez Florez. Los ilustradores: Shintaro Kago, Miguel Ángel Martín, Sandra Uve, Félix Ruiz, Albert McTorre, Suki, Pablo Morales de los Ríos, Lolita Aldea. Y con relatos inéditos de Junichiro Tanizaki Edogawa Rampo, Unno Juzo.
Escritor y crítico de cine español, Jesús Palacios es conocido por sus ensayos sobre géneros como el terror, la serie negra y otras áreas menos conocidas del cine y la literatura. Colaborador de medios como "Fotogramas", "Qué Leer" o "El mundo", entre otros muchos, y de numerosos festivales y jornadas dedicadas al cine de género, Palacios también es responsable de varias antologías especializadas para la editorial Valdemar. Como ensayista, de entre su obra habría que destacar títulos como "Goremanía", "Alégrame el día", "Nosotros los vampiros" o "Desde el infierno", entre otros.
Un libro con muchas virtudes, aunque también con defectos terribles. El solo hecho de que se edite un tema como este, tan popular, incomprendido y poco explorado, hace a Eroguro un libro de valía. Pero, por ejemplo, deja bastante que desear la "edición", pues no se ha editado nada; se ha recopilado, se han puesto juntos varios ensayos sobre el tema, con lo cual, hacia el final, se hace repetitivo, aunque tampoco es eso lo que menos me ha gustado. Me parece asombrosa la omisión del género yaoi y hay quién dirá que el yaoi es solo ero, sin el guro (no lo es, pero yo no les voy a hacer el trabajo), pero bien que se incluye una amplia reseña de pinku, que no tiene nada de guro tampoco... Y esperar que el yaoi estuviese incluido, de verdad, fue pecar de ingenua. El estilo de algunos de los colaboradores es, a la postre, malísmo. Cuando se escribe un ensayo, uno necesita ser conciso: no se está escribiendo una novela, la cosa no va acerca de ti y de tus virtudes como escritor/a, va acerca del tema que se presenta. Y me quejo también de algunas laguísimas notas a pie de página con datos que van desde lo muy interesante (¿por qué no son parte del ensayo entonces?), hasta lo perfectamente suprimible (no aportan nada a la comprensión o al enriquecimiento del texto). A pesar de estas cosas que menciono, que a mi parecer delatan una cierta dejadez en cuanto al contenido, también es cierto que el formato es impecable: la impresión a todo color con portada flexible, ilustraciones y separapáginas a juego es de quitarse el sombrero. Y sí, lo recomendaría, aunque solo sea por el aplauso que merece este primer paso, esta apertura de puertas hacia un fenómeno tan sorprendente. Yo he aprendido mucho y lo he pasado bien leyendo y, ahora que escribo esta reseña, pienso que quizás mi decepción es proporcional a las ganas que tenía de poder leer por fin algo así.
Intentar trazar una genealogía de autores y obras que abarquen todas las manifestaciones del eroguro en diferentes ámbitos artísticos es tarea difícil. Me lo he pasado bastante bien leyendo los diferentes ensayos que contiene este libro, pero también me ha decepcionado en algunos aspectos. Que yo no pido una deconstrucción del deseo a lo Butler, pero un poco de visión crítica hacía falta.
El primer ensayo es el más extenso de todos, el más informativo y útil para mi investigación. Ahora bien, las licencias poéticas que toma el autor, por ejemplo, para calificar de «juego perverso» al travestismo, decir que «las políticas del cuerpo son las únicas de las que somos amos y señores» —señores desde luego—, por no hablar de cómo describe las relaciones sáficas... se las podría haber ahorrado. Un autor no debería escribir un ensayo asumiendo que el lector va a ser igual de rancio que él.
Los tres relatos inéditos de Tanizaki, Rampo y Juzo se leen como se bebe el chorro de agua cuando llevas horas sediento y por fin encuentras una fuente. Pero luego descubres que no era agua potable. Y te da diarrea. El primer relato, El caso criminal de los baños Yanagi de Tanizaki, es la cosa más repugnante y perturbadora que he leído de toda la literatura japonesa. 10/10. El relato de Rampo, Un sueño al pleno sol, queda bastante eclipsado por el que le precede y el que le sigue. Para ser el rey del eroguro, creo que el relato escogido no estaba a la altura de los otros dos. Y El intestino viviente de Juzo también me gustó mucho, aunque tengo la mente tan podrida que en un momento concreto del relato pensé que se iba a ir por otros jardines mucho peores que los que escribió el autor.
También me gustó especialmente el ensayo de Iria Barro Vale, Eroguro mon amour y sus reflexiones sobre la filosofía del urbanismo relacionada con lo erótico-grotesco. Y al del ensayo final sobre el porno japonés solo diré una cosa: tápate un poco.
¿No os ha pasado alguna vez que leéis un libro y sentís que os habría encantado ser vosotros quienes lo hubieseis escrito? Este es uno de ellos para mí. Dejo la ficción a otros, a mí me fascinaría tener la capacidad, y sobre todo el conocimiento, para escribir alguna de las secciones de una obra tan monumental como esta. El Eroguro es una parte fundamental de la cultura japonesa, y sin él no se comprende gran parte de su forma de mirar el mundo. Muchos siguen mirando a Japón como a un lugar llegado de otra galaxia, pero cuánto más conozco su cultura y su forma de ver las cosas, más me fascina. En esta obra se aborda el Eroguro desde la literatura, el cine, el anime, el manga... Ya era fan empedernida de Rampo, pero ahora que conozco aún más su repercusión solo puedo adorarle y mostrarle toda mi devoción.
Aunque es una obra valiosa por acercarse a un género tan fascinante y ajeno a Occidente como es el eroguro japonés, hay algunos ensayos que resultan muy repetitivos y el estilo de algunos autores es bastante abstruso y se hace difícil de penetrar (jeje). Aun así, algunos de los textos son muy interesantes, he aprendido muchas cosas y se incluyen tres relatos de autores pioneros del género, así que, aun con todo lo malo, sigue mereciendo la pena.
Un muy buen libro con la historia y los autores relevantes en el tema del Eroguro, aunque a veces se da muchas vueltas y tienden a repetir lo mismo. Pero creo que vale la pena si uno se quiere andentrar al terror y al erotismo en el país del sol naciente
Estoy entre las 3 y las 4 estrellas. 4 porque es un libro bastante único y se agradece su existencia. 3 porque he tenido la sensación de que la mirada era demasiado masculina, sobre todo en los capítulos finales, más centrados en el porno, por no hablar del estilo de algunos de los autores, que me ha resultado un pelín demasiado redicho, sobre todo cuando enlazan innumerables frases subordinadas o cuando utilizan palabras con sinónimos mucho más conocidos y no por eso menos válidos (sí, lo sé, está siendo una frase muy larga, todo lo malo se pega). Me gusta aprender vocabulario nuevo, pero me ha parecido excesivo en este libro. Algunos ejemplos: desopilante, sicalíptico, pacatería, periclitado, estrupo, catábasis, asintótica, rizomática, vesania, recidiva, priápico, pacato... Entre otros. Igual no hacía falta. Por lo demás tiene información interesante, aunque oculta en una prosa algo enrevesada, sobre los orígenes del género y su contexto histórico, y sus novelas, películas y manga. También encontramos tres relatos: "El caso criminal de los baños Yanagi", de Junichiro Tanizaki, magistralmente desagradable; "Un sueño a pleno sol", de Edogawa Rampo, demasiado flojo a mi parecer, y "El intestino viviente", de Unno Juzo, más absurdo y loco. Las páginas a color son un punto muy a favor, aunque se echan de menos referencias desde los propios textos. En definitiva, un libro que no deja indiferente, ni por su temática ni por cómo la trata (para bien o para mal).
Fun fact: existe una versión de esta reseña sin censura, pero no está publicada.
Perfecto y completo análisis de una corriente artística tan particular y tan japonesa como el eroguro. Para cualquiera que esté interesado, me parece una lectura obligatoria, además teniendo en cuenta que es el único libro en nuestro idioma que trata el tema con esta profundidad. Sin duda los mejores textos, los más bien documentados y escritos (a pesar de esas INFINITAS frases subordinadas, sobre frases subordinadas sobre frases subordinadas...) son los del propio Jesús Palacios. El resto, aunque por contenido sean interesantes, son más flojos aunque están bien.
No puedo dejar pasar por alto un aspecto que me parece importante y que le quita algo de valor al libro. Obviamente no se puede negar que tratar el eroguro es darse cuenta de que tiene temáticas muy problemáticas que se deben analizan de forma consciente y crítica. No es que haya defensa de lo contrario, pero sí que hay una falta de hacer explícito que ciertas cosas no son correctas, por mucho movimiento artístico que sea.
Todos esos tebeos y material japonés raro que tienen escondidos en las tiendas de cómic, por fin explicados y contextualizados históricamente. Súper agradecido como fan de SHintaro Kago de que exista un ensayo para comprenderlo un poco más.
Un buen libro introductorio, además menciona multitud de autores de todo tipo, por lo que si quieres seguir leyendo sobre el tema, siempre puedes buscar alguno de los títulos mencionados.
La parte gráfica es increíble, aunque me hubiera gustado que tuviese más ilustraciones.