Acaso en el brillo de las latas vacías en la basura, en la luz de los apartamentos y los faros, en la luna diurna o en los pájaros, ha encontrado Morábito una música (una gracia en el sentido más secular) que trae el trazo espontáneo, el estilo sin esfuerzo, la posibilidad del canto.
Aquí leemos cómo cada cosa y aspecto se puede envolver en poesía. Me llamaba mucho la atención el título y me encanta la proyección que tienen las palabras: temblor y lava; sin duda son el corazón del poema.
Sólo hay canto porque hay montañas, porque lo que decimos las montañas lo deforman, y así se forma, con las palabras desvirtuadas por los montes, como el deseo de oírse por primera vez, el canto. Ellas nos enseñaron a no tener del todo la razón, a suspendernos y esperar. Cuando aprendimos a callarnos pudimos aprender a oírlo todo sin asustarnos más de lo que oíamos, y en las palabras desvirtuadas por los montes reconocimos un anhelo que las palabras no decían. Así, silencio y canto vienen juntos y para algunos son lo mismo, porque después de los silencios más profundos, para volver a pronunciar cualquier palabra, es imposible no cantar.
¿Qué versos que calaran hondo no venían, de esos que nadie escribe, que están escritos ya, que inventan al poeta que los dice? Porque los versos no se inventan, los versos vienen y se forman en el instante justo de quietud que se consigue, cuando se está a la escucha como nunca. Página 82
Este hombre tiene la habilidad de cazar poesia con las cosas más rutinarias de nuestra existencia. Es la segunda antología que disfruto de este maravilloso poeta.