Tuve la oportunidad de leer por primera vez el cuento 'Amigos por el viento' durante mi formación docente y, desde entonces, me pareció una obra brillante por su sensibilidad. En una segunda lectura, ya llevándola por primera vez al aula, confirmé esa impresión inicial.
A través de siete relatos breves, Bodoc logra articular voces narrativas que, de algún modo, se entrelazan. Como señala la propia autora: “Cuando escribo cuentos, me gusta encontrarles un hilo conductor; algo que le dé unidad a esos relatos”. Ese hilo radica en la experiencia compartida, en el anhelo de reconocerse en un otro.
Uno de los aspectos que destaco es la brevedad de cada relato, lo que no solo facilita el acceso a la lectura, sino que también propicia la reflexión, la relectura y el diálogo interpretativo. En este sentido, considero que la mayor virtud de Amigos por el viento reside, quizás, en su capacidad de sugerir más de lo que explicita, de abrir espacios de sentido que el lector o la lectora debe completar desde su propia experiencia. Otro acierto que facilita su incorporación en el aula radica en que cada texto ensaya una arquitectura propia. Así, por ejemplo, mientras 'Antiguas cacerías' fragmenta el tiempo para explorar la memoria, 'Amigos por el viento' se construye a partir de una prosa poética que evoca el duelo, el amor y la posibilidad de transformación.