3,5⭐
No es el mejor libro de Minier que he leído. Entretenido y bien escrito sí, a su altura no.
En primer lugar, indicar que la versión que yo he leído no es esta sino la original en francés. Tenía ganas de apreciar la prosa de Minier en su propia lengua. Sus libros están bien traducidos, pero siempre hay matices que se aprecian únicamente en el idioma en que han sido escritos. Ha sido una buena experiencia. De todas formas, dejo la reseña aquí por lo de que a veces GR no unifica versiones.
Dice la sinopsis:
Mayo de 1993. Atadas a troncos de árboles y vestidas de primera comunión, Amber y Alice Oesterman son halladas muertas a orillas del Garona.
Así comienza la primera investigación de Martin Servaz, que centra su atención en Erik Lang, un autor de novelas negras de tintes crueles y perturbadores, entre las que se encuentra una titulada precisamente La primera comunión, y del que las dos hermanas eran fervientes seguidoras. El caso se cierra a raíz de un desenlace imprevisto, que deja a Servaz corroído por la duda.
Febrero de 2018. El escritor Erik Lang descubre a su mujer asesinada, vestida también de primera comunión. Veinticinco años después, Martin Servaz se ve inmerso de nuevo en aquel doble crimen y sus temores de ataño vuelven a despertar, hasta rayar la obsesión.
Mis impresiones.
La novela es la quinta entrega de la serie que protagoniza el comandante Martín Servaz. En esta ocasión, aunque cronológicamente es la quinta, nos retrotrae a su primer caso. No es preciso, por lo tanto, haber leído las anteriores para seguir esta sin problemas.
Contiene muchos de los aspectos que siempre resalto cuando leo a este autor. Un estilo muy personal, una prosa exquisita y rica en matices, una buena ambientación y un protagonista, Martín Servaz, humano, imperfecto y muy creíble. El ritmo es bueno, entretiene y se lee con fluidez. Me ha gustado mucho el recurso, empleado en la primera parte, de empezar cada capítulo con una frase introductoria.
La trama está dividida en dos partes diferenciadas. Por un lado, tenemos la correspondiente al crimen cometido en 1993. Vamos a conocer a un Servaz de veinticuatro años, casado y con una hija de dos. En lo profesional aunque bastante bisoño, ya apunta maneras, es inteligente, intuitivo, poco gregario y no terminan de gustarle determinadas prácticas policiales de la época.
El problema es que, desde antes de acabar esta parte, ya vi venir el quién y el cómo. Minier no suele ser predecible y empecé la segunda parte esperando, bien haberme equivocado, bien algo más, que justificase que el lector pudiera averiguarlo todo tan pronto. No lo hay, y esa predicibilidad, tan poco habitual en este autor, es el punto flojo de la novela.
La segunda parte transcurre en 2018. Retomamos al Servaz que mejor conocemos. Si en la anterior se intuyen el quién y el cómo, en esta, a medida que transcurre la investigación sobre el crimen actual, averiguamos los porqués. El del pasado me ha parecido bastante flojo y el del presente, plausible sí, excesivo también.
El final cierra ambos casos y deja algún interrogante respecto a Servaz, que imagino se resolverá en las siguientes entregas.
¿La recomiendo? Para los seguidores de la serie, aunque no sea la mejor, es obligado. Para los que se inician en el autor, esta es bastante atípica. No es mala lectura, pero si quieren degustar el mejor Minier, preferible empezar desde el principio.