Una revisión cruda y realista de la infancia y crecimiento de un chaval de la Generación X, la de los años 60, en el Madrid de la Transición democrática.
La biografía va y viene en el tiempo, alternando esa infancia bastante particular en un orfanato de monjas en Madrid con el estado actual del protagonista, con misterios policiales por medio. Aunque sigue una línea cronológica ascendente, alterna infancia con adolescencia y madurez, y hay veces que cuesta un poco situarse debido a la falta de cortes claros en los saltos temporales. Pero es una lectura muy fluida, en la que vas descubriendo la sociedad española de la Transición a la vez que los anhelos y la trayectoria vital del protagonista.
No hay más puntos de vista que los suyos, pero resulta creíble cuando relata los hechos de los demás, sin juzgar a las personas más que desde su filosofía desencantada (de la familia, el matrimonio, la religión, el poder político), y a veces cínica, de la vida. No echa balones fuera en cuanto a asumir sus malas acciones, y tampoco engaña en cuanto al resto: no hay buenos ni malos, solo gente atractiva, o no, que actúa según le ha marcado su infancia.
Creo que se disfruta más su lectura si conoces la ciudad y la sociedad de las que habla, aunque ese cariño por la infancia, y por su amigo del alma, Escurín, son universales.