La infancia no ha sido fácil para Pedrito Ochoa. Ha crecido en un hospicio, gobernado con mano dura por las monjas, sin contacto con el mundo exterior y ajeno a la gran transformación que vive el país, aunque con amigos que conservará toda su vida. El destino de Pedro cambia cuando se va a vivir a casa de sus abuelos y empieza el bachillerato en la escuela a la que asisten los hijos de las familias importantes del final del franquismo. Pedrito decide estudiar derecho y hacerse rico, y la suerte le sonreirá, en consonancia con el gran momento económico del país. El pasado será el que le empuje a una investigación policiaca que pondrá en riesgo su posición.
Rafael Reig nació en Cangas de Onís (Asturias) en 1963, vivió en Colombia durante su infancia, y estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid. Dio clases de literatura en Nueva York, donde se doctoró, y en varias universidades norteamericanas. Es profesor de la escuela de creación literaria Hotel Kafka y colabora en diversas publicaciones, tanto en papel como digitales. Con Todo está perdonado ganó el VI Premio Tusquets Editores de Novela en 2010. Es autor de las novelas Sangre a borbotones (2002, Premio de la Crítica de Asturias), Esa oscura gente (1990), Autobiografía de Marilyn Monroe (1992), La fórmula Omega (1998), Guapa de cara (2004) y Hazañas del capitán Carpeto (2005) –algunas de ellas traducidas a varios idiomas–, del exitoso ensayo literario Manual de literatura para caníbales (2006) y de la recopilación de artículos Visto para sentencia (2008). Brillantísima pieza de cámara, Lo que no está escrito es un thriller psicológico en torno a los rencores en la relaciones de pareja, enmarcado en una naturaleza desasosegante, y una trama de terror hábilmente construida a partir de diferentes perspectivas que confirma la versatilidad y la maestría de su autor.
Una revisión cruda y realista de la infancia y crecimiento de un chaval de la Generación X, la de los años 60, en el Madrid de la Transición democrática. La biografía va y viene en el tiempo, alternando esa infancia bastante particular en un orfanato de monjas en Madrid con el estado actual del protagonista, con misterios policiales por medio. Aunque sigue una línea cronológica ascendente, alterna infancia con adolescencia y madurez, y hay veces que cuesta un poco situarse debido a la falta de cortes claros en los saltos temporales. Pero es una lectura muy fluida, en la que vas descubriendo la sociedad española de la Transición a la vez que los anhelos y la trayectoria vital del protagonista. No hay más puntos de vista que los suyos, pero resulta creíble cuando relata los hechos de los demás, sin juzgar a las personas más que desde su filosofía desencantada (de la familia, el matrimonio, la religión, el poder político), y a veces cínica, de la vida. No echa balones fuera en cuanto a asumir sus malas acciones, y tampoco engaña en cuanto al resto: no hay buenos ni malos, solo gente atractiva, o no, que actúa según le ha marcado su infancia. Creo que se disfruta más su lectura si conoces la ciudad y la sociedad de las que habla, aunque ese cariño por la infancia, y por su amigo del alma, Escurín, son universales.
Una bonita historia con recuerdos que evocan una infancia que todos tenemos, cada uno a nuestra manera, aunque poco a poco pierde algo de fuerza al extenderse en exceso y dar demasiadas vueltas a determinadas situaciones.
Un recorrido de ida y vuelta del protagonista a su infancia en un orfanato, que inevitablemente le marca para el resto de su vida. Los amigos de la infancia conocen sus sueños, miedos, errores y méritos y es sólo con ellos con quién se siente vivo y verdadero, y no un impostor como en la vida acomodada que logra alcanzar.
Resulta bonito reconocer lugar de Madrid y resulta simpática la descripción del tardofranquismo y la transición desde el punto de vista de un joven al que todo le da lo mismo.