En Tierra y Tiempo, ibro póstumo de Juan José Morosoli, se reúnen veintinueve cuentos que ejemplifican la enorme capacidad literaria de este autor a quien el tiempo no le ha sustraído valor.
El tema de estos cuentos es la vivencia de los hombres del sur; donde el trabajo, la soledad, la pobreza y la lucha diaria cobran un protagonismo especial, que además nutre su trabajo literario. En este libro Morosoli logra la composición de un espacio intermedio, nuevo y único, donde aparece una mirada que logra penetrar la superficie de las situaciones y vincular el mundo externo con el panorama interno de los personajes.
Escrito en un estilo riquísimo en figuras literarias, que dejan la sensación de una oralidad extrema, es una escritura y un autor por descubrir, que está sin duda en el nivel más alto de la literatura latinoamericana.
Juan José Morosoli, narrador, poeta, ensayista, nació y murió en Minas, donde vivió toda su vida. Tuvo una formación autodidacta. Cursó sólo cuatro años de escuela primaria. Fue mandadero, vendió carbón, fue mozo y después propietario de un café, hasta instalarse con un almacén y barraca a cuyo frente estuvo hasta su muerte. Se destacó fundamentalmente como narrador y es un verdadero maestro del cuento breve. Obras: Hombres (1932), Los albañiles de "Los Tapes" (1936), Hombres y mujeres (1944), Perico (1947), Muchachos (1950), Vivientes (1953), Tierra y tiempo (1959) y El viaje hacia el mar (1962).
Al participar en clubes de lectura, iniciativas nuevas por estos lares, se hace por la sencilla razón de poder descubrir libros como este. Dado que uno solo es muy difícil que de con un libro así -tienes que ser alguien muy instruido o ser un gran comprador de libros-. En una prosa propia latinoamericana, con muchas “muletillas” y dichos de esta latitud; Morosoli construye 30 relatos maravillosos del campo uruguayo y su gente. ¿Cómo es que un país tan pequeño y donde al parecer todos se conocen, nazcan escritores tan maravillosos? Con frases tan cargadas de sabiduría ancestral y apegadas a la tierra misma, como: “Fue siempre un hombre sin domingos”, “A mí me gusta el amor sin hombres”, “Después el perro venía solo, porque todo perro, aunque ande huyendo de los hombres, busca encontrar uno para amo.” Y así... Es un libro maravilloso, que disfrute mucho en torno a la simpleza de la vida que muestra, del trabajo a mano y de amor por ser uno mismo que se extrañan de sobre manera en estos tiempos. Es extraordinario para quienes quieran leer algo nuevo y refrescante, a pesar que sea de la década de los ‘50s.
Es un libro compuesto por relatos breves o cuentos muy heterogéneos entre sí. Todos tienen un componente transversal al iniciar y terminar sin un punto de referencia excepcional o de mayor importancia. Parece que Morosoli trata de capturar la esencia de los personajes y sus emociones por un breve período de tiempo, dejando en medio de un enigma el gran relato detrás de cada historia.
En algunos casos -que resultan ser muchos menos de los que desearía como lector- esta técnica de escritura resulta brillante, pues lograr una inmersión con relatos tan breves es suficiente para considerar la maestría del escritor. Sin embargo, en la mayoría de casos se dificulta el proceso de comprensión de la escena con pasajes muy cortos y poco específicos que terminan por mostrar una falta de coherencia o ausencia de relato transversal en el escrito. En pocas palabras, a veces parece que la construcción de escenarios y personajes no llevan a algo, no se sigue esa norma omnipresente de la literatura occidental en la que se cuenta algo porque resulta destacable; aquí parece que Morosoli se enfoca demasiado en relatar escenarios 'normales', comunes, típicos, a tal nivel que resultan vacíos frente a la sociedad del espectáculo.
Fuera de asuntos de forma, es un libro que relata el campo y sus habitantes. Las historias se hilan entre perros, vacas, mate, terrenos y trabajadores con sus pensamientos fugaces, su contemplación de la vida, sus creencias y costumbres de un Uruguay profundo.
Estoy en demasiados veremos con este libro. Al principio no entendí nada de nada de nada y hasta la página ciento y tanto, le agarré real cariño. Estoy muy expectante de como será la discusión del club para poder entender más el libro y mis opiniones respecto a él. Subrrayé demasiadas partes por lo que puedo decir que la escritura es muy linda (aunque lo más confusa desde la página uno).
Es un gran libro con historias entrañables. Crecí en el campo y juro que cada cuento me recordó a una parte de mi infancia y adolescencia, o a amistades de mis papás, a animales que tuvimos, a los problemas de la tierra, a los perros que llegan para nunca irse, a las cosechas, a la gente con vida tranquila. Historias increíbles.
Todo un descubrimiento, cuentos breves y atemporales. Si bien todos se desarrollan en un contexto rural, me quedó la sensación que el verdadero elemento común son los sentimientos (su simplicidad, en algunos casos, y su complejidad, en otros). Morosoli debió ser un gran conocedor de la naturaleza humana.
A este libro llegué por referencia de Jorge Drexler quien mencionó que parte de su inspiración para su disco”Tinta y tiempo” fue este libro. Morosoli, un escritor uruguayo referente de la narrativa de corte criollista, nos obsequia 29 relatos centrados en la vida de campo, sus costumbres, sencillez y soledades. Historia primitivas, enigmáticas, con sabor a mate y olor a tierra. Juan José nos transporta fácilmente a paisajes y lugares que aunque no los hayamos conocido, se recrean fácilmente en nuestra memoria universal, quizás fue lo que la hacía falta al señor Drexler para componer, al fin música y narrativa van de la mano.
Tiene ese problema de las recopilaciones de cuentos: a veces encuentras uno desgarrador, que en una páginas te lleva con él pero está rodeado de otros cuentos sin sabor, que no aportan al resto.
A quien le guste Juan Rulfo amará a Morosoli. Son cuentos de la vida rural que asombran por la profundidad que puede tener algo escrito en un lenguaje tan simple. El primero de ellos, El Campo, te deja un huequito en el alma.
Historias de viejos; historias de campo. Mayoritariamente varones. Harto solos. Languidecen las historias. Y vienen contadas de trozitos cortos y a saltitos. Y de repente terminan. Se van.
Hace poco leí "Retratos de Cordillera", historias de la patagonia chilena y quedé con gusto y sabor a esa tierra. Me pasa lo mismo con este Tierra y tiempo... aunque como no conozco nada de la hermana República Oriental del Uruguay, no tengo como saber si ese gusto y sabor es el correcto.
No he decidido si me gustan o no me gustan estos relatos. Algunos son una obra maestra y otros no solo me aburren sino que tienen un desarrollo ingenuo y finales casi tocando el patetismo.
Lo que si es claro para mi es que en su escritura, el autor está advirtiéndonos de lo que va su teoría del cuento. Mi lectura estuvo llena de diálogos que me recordaron películas del cono Sur. El entorno es poco colorido (como un retrato en sepia) pero fue, a la vez, muy luminoso. La soledad, el tema principal de este libro, puede ser oscura pero dentro de los textos es casi un llamado de esperanza a lo común, a la costumbre, a lo primitivo.
Morosoli nos da un universo construido con palabras autóctonas, con ritmo gaucho, con la voz del campo, con la experiencia del camino y de sus caminantes, de los pobladores de Minas y todo ello con posibilidad de reflejarse en los demás latinoamericanos.
En cuanto a la edición tengo ciertos reparos al tipo de letra, al diseño textual y de la caja. La margen superior es muy pequeña y la letra también. Pero el papel, tanto en color como en gramaje estuvo bien seleccionado. La portada es linda y da el aspecto del color de la voz narrativa. Es todo un animal extinto para darle fuerza a ese sello editorial y el autor cuadra perfecto con el nombre de la colección el solitario
Leyendo este libro, por supuesto que tuve oleadas de Rulfo, hachazos de Briante, incluso algún perfume a Sarita Gallardo. Pero Morosoli tiene una voz propia, que parece venir natural de esos pueblos, de esa gente de campo. Cada cuento, abre una ventana, no, un resquicio, por el que se puede vislumbrar apenas la vida de esas personas. Entran y salen de escena cargados con sus costumbres, que no están explicadas porque vienen implícitas, impregnadas en su voz, en su prosa. Morosoli pone el foco en los detalles, en las ternuras de los gauchos recios, en las fortalezas de las mujeres solas, en los renacimientos de las viudas y los viudos, en la crueldad de los padres. Entonces, en un cuento un tipo que es feliz solo en el monte, porque pa qué más, encuentra que puede compartir su soledad con la de una reciente viuda, para que juntas las soledades no lo sean tanto. Y así, esos cuentos que parecen formar todos parte del mismo universo, con apellidos y nombres que reaparecen y hacen dudar ¿no será la misma gente solo que contada distinto, con esa distorsión que el tiempo deja en los relatos orales? pintan el panorama de un campo y sus criollos. Leer este libro fue un disfrute de pe a pa y su edición de la editorial Laurel es una delicia. Lo recomiendo y lo tengo en mi biblioteca para revisitar y consultar cada tanto.
Muy interesante esta propuesta que trae la editorial independiente colombiana, Animal extinto, con una edición hermosa y que deja la sensación de tener un muy valioso tesoro en la biblioteca. Morosoli es un escritor uruguayo del cual muy poco se sabe y creo que su obra no fue tan divulgada mientras vivía. Acá nos encontramos con una serie de cuentos muy buenos que leí ensimismado mientras las horas pasaban sin darme cuenta. Son cuentos muy breves, pero muy profundos algunos, con finales que evocan soledad o muerte o independencia. Son hombres y mujeres que viven libres por el campo uruguayo tomando mate; hombres que prefieren no casarse o mujeres que prefieren el amor sin hombres; humanos existenciales apegados a sus costumbres, animales y bienes. Leer sus cuentos es como detenerse en el tiempo y atenerse a que al terminarlos quede un vacío en el alma.
Tiene muchas cosas que pasan por el lado solamente, y uno sigue caminando no más, y de vez en cuando pasa una bestia majestuosa que te deja pensando mucho rato y es, qué, un tipo que se encariña con un perro que le dice Perro, un amigo que tiene un único amigo y son como hermanos y después algo cambia pero todo cambia, alguien que simplemente anda por ahí y se siente tranquilo hasta que deja de estarlo. Son sensaciones simples pero que de alguna forma se sienten fuerte, uno se reconoce ahí, se ha visto recibiendo un halago y diciendo nah, qué va a ser si pasa esto otro, o está en un lado donde los otros sienten mucho y uno no siente nada. Es raro, pero si no fuese por esas otras cosas que pasaron por el lado estaría fascinado, pero quizás así es la cosa, y si otro las mira las reconoce.
Creo que llegar con demasiadas expectativas al libro me cagó la lectura porque esperaba mucho más. No sé qué más, pero más (?). Hay relatos notables, perfectos. Hay relatos que me dejaron muy meh. Rescato caleta el estilo y la voz propia que desarrolla este autor, algo super difícil de lograr. Los personajes son entrañables y las tramas mínimas pero profundas. Pensé harto en Manuel Rojas mientras lo leía y compararlo con él es casi siempre salir perdiendo en mi ranking mental jajaja.