Durante la niñez hay muchas cosas que son parte de un mundo ajeno al que sólo podemos observar desde afuera y del que nunca sabemos demasiado, hasta que lo vivimos en carne propia: el mundo de los adultos.
Estampas de niña de Camila Couve, es un retrato de la memoria infantil. Ese mundo que aún no le pertenece, pero que sin embargo habita, se ve relatado desde una inteligencia de niña, sin mayores juicios, con honestidad, mientras de fondo el velo de la dictadura ensombrece la vida familiar.
A lo largo de 67 fragmentos Couve va construyendo la historia de una familia desde la visión de una niña. Un relato íntimo lleno de verdades sugeridas, todo eso que los adultos no comparten con la niñez, pero que lejos de pasar desapercibido, va construyendo el carácter de esta niña que finalmente se convierte en adulta y entiende que su madre es humana, a tal punto que pareciera que dejamos la niñez atrás cuando entendemos que los adultos son personas, cuando bajan de ese lugar todopoderoso en el que los ponemos cuando son quienes nos sostienen mientras vamos viviendo