Emilio Lledó, uno de los más relevantes pensadores españoles de nuestro tiempo, ha situado la educación en el centro de su filosofía, y el ideal pedagógico que defiende se alimenta, por supuesto, de unos sólidos cimientos filosóficos con especial atención en la filosofía griega clásica, al lenguaje y a la memoria, pero también de una larga experiencia en las aulas.
Lledó, a favor de una educación pública «que haga desaparecer las azarosas e injustas diferencias que necesariamente impone la sociedad», defiende también una organización moderna e interdisciplinaria -no asignaturesca- de los conocimientos, reflexiona sobre la identidad, la necesidad de cultivar el lenguaje, los peligros de la obsesión tecnológica, de la escuela y la universidad, y de la paulatina desaparición de las Humanidades.
«En la raíz de la palabra "educación" está un verbo latino que significa "guiar", "conducir"; pero también sacar algo de alguien: guiar, pues, y desarrollar lo que yace en el fondo originario de cada naturaleza que es dinamismo, posibilidad, evolución, progreso.»
Emilio Lledó (Sevilla, 1927) se educó en Heidelberg, donde fue discípulo de Hans-Georg Gadamer. Catedrático de instituto en Valladolid y de Historia de la Filosofía en las universidades de La Laguna, de Barcelona y de Madrid (UNED), es miembro de la Real Academia Española.
Preocupado por la decadencia del sistema educativo al arrinconar a la filosofía y a los valores, Emilio Lledó escribe un ensayo con el fin de ofrecer una brújula atemporal con la que guiar a los propósitos de la verdadera educación.
Varios son los temas de actualidad que predominan en esta lectura, pero uno de los principales es el ámbito universitario, al que Lledó culpa de haberse convertido en un estanque "asignaturesco" donde cada docente está desconectado de la realidad del conocimiento y del resto de la facultad. Reclama confiar más en los buenos docentes, los que poseen una elevada carga teórica pero a la vez emocionan y sirven de ejemplo a los alumnos. Se plantea también el papel de la educación permanente y de si es posible una educación a distancia.
Y el remolino central de este libro es la defensa de la filosofía y de los clásicos como ejes necesarios para una educación real. De la primera realiza una sincera y consolidada respuesta a su urgencia, mientras que de los segundos rescata la utilidad de la literatura para una vida que no es ficción.
Muy a destacar, pero realmente mucho, todos los textos de Kant poco frecuentes que pueden encontrarse girando en torno a la educación.
Este libro me fue recomendado por un amigo. El tema me interesa, pues me dedico a la educación superior en el ámbito de humanidades. Sin embargo, este libro ha sido una gran decepción para mí. Muchos de los problemas que discute son obviedades para cualquier persona del gremio y no plantea ninguna solución. La literatura didáctica que aparece mencionada es de los años setenta y no hay referencia alguna a nuevos métodos pedagógicos o a nuevos enfoques docentes de los últimos 40 años. El autor idealiza también el sistema de enseñanza alemán (no el actual, sino el de hace décadas y el de la Ilustración) sin reconocer abiertamente sus muchos problemas.
Emilio Lledó fue un maestro, no meramente un profesor, y leyendo este libro he descubierto gratamente que fue un maestro socialista. Ciertamente, su papel es reajustar una tradición, en verdad, lo dice otro maestro, el maestro Bértolo, elitista a un ideal socialista: el maestro Lledó tiene que releer, resituar y resignificar con su actitud magnánima a Ortega y por supuesto, esto no se puede completar sin volver al mejor, a Machado, claro, y a su Juan de Mairena.
El libro es, según nos cuenta Lledó en el prólogo, un trabajo de la editora Elena Martínez Baviére, de Taurus, que insistió en recopilar y reunir algunas de las intervenciones del maestro sobre la educación. Lledó fue profesor en universidades tan distintas como las de España o Alemania, o, por citar otro tipo de latitudes, la UB y la UNED. En cualquier caso, sus intervenciones me han sorprendido (acostumbrado como andaba a leer a otro maestro, el maestro del conservadurismo español, Luri) por su absoluta reticencia a los exámenes y su defensa del intelectual no tanto como un "magisterio técnico" o sobre los contenidos sino como una "actitud de una persona sobre su campo del saber". Inspirador y hermoso, os digo.
Me ha parecido un ensayo interesante aunque en algunos momentos tenía la sensación de que el contenido parecía más denso todavía por el hecho de dar vueltas sobre el mismo círculo. Como si se quisiera expresar el mismo concepto pero con distintas palabras. Creo que sería muy alentador e incluiría a más gente en la reflexión si se pudiese ver todo este contenido de una forma más ligera.
Una de mis partes favoritas ha sido la referida a la literatura y el pensamiento crítico. No puedo más que subrayar cada una de sus palabras. De hecho, creo que el capítulo “necesidad de literatura” es perfecto en cuanto a forma y contenido.