Para esta revisión, utilizaré la oportunidad que tuve al de estar en la presentación de este título en Barcelona el 29 de Mayo de 2108. Quien llevo la charla fué Sergi Pàmies.
Dentro de lo que se comentó, no faltó a la verdad.
El libro explora la memoria "como músculo de la prosa. El músculo que se alimenta de lo que pasó, lo que hubiera podido pasar y lo que hubiera gustado o no, que pasara".
"La imaginación es la espuma de la memoria" .
En este caso, el ingreso al mundo de los recuerdos para Soler se ubica en la Portuguesa, en la selva Veracruzana. "La velocidad del relato se da como se vive en la selva, sobreviviendo". Aprendiendo de ella. Respetandola.
El libro se divide en "12 cuadros" , un probable título que se descartó pero tenía un buen fundamento. Soler realiza un ejercicio literario como aquellos que ejercen la pintura. Seleccionando una imagen y a partir de ella, lanza trazos a diferentes técnicas, materiales y matices para plasmar la descripción del momento. La diferencia con la pintura, es el paso de los años mezclado con la ficción que fluye de un escritor desarrollado.
En general, como buenos mamíferos, todos vivimos en una Selva, algunos en geografías menos peligrosas que otros. Pero siempre habrán cocodilos acechando, historias que nos cargan de culpa por decisiones inocentes o intencionalmente recrudecidas, personas que nos llenan de rencor como lleamos a otros de ello. El paso por la vida es violento, pero esa fuerza intensa y extraordinaria nos impulsa cosntamente a estar vivos, a sonreir, llorar y meditar cuando pasamos a recordar.